Belleza

10 errores de los chilenos en la cama

Especial Belleza, salud y sexo

Por: Lenka Carvallo

Un comentario en el momento equivocado, suponer que el otro sabe lo que nos gusta o pensar que el sexo es un deporte de alto rendimiento… Tres especialistas y los pecados que nos alejan de una relación full placer.

cama
Las críticas in situ
Nada peor. Estar en pleno y de pronto oír ¡no, tú sabes que eso no me gusta! O, peor, un desmotivante ya poh, apúrate… Grave problema, según la sexóloga Raffaella Di Girolamo: “Ocurre porque a veces la comunicación entre la pareja es tan mala, que uno de los dos no está pasándolo bien y lo único que quiere es terminar pronto”. Lo mejor en esos casos es sacar el libro de reclamos del dormitorio y trasladarlo a otro espacio. “El sexo está asociado a la cama, por lo tanto, si los problemas se tratan ahí, uno empieza a relacionarla con algo molesto, desagradable. Lo ideal es que los dos se sienten en un sillón y con un buen pisco sour conversen de lo que les pasa”.

‘Mi pareja sabe lo que quiero’
Se trata de un error bastante común y muy peligroso “que implica una carga altísima para el otro”, apunta Di Girolamo. Francisco Pérez, sicólogo y especialista del centro de sexualidad Ikastola, coincide: “Conocer su forma de vestir no es lo mismo que saber si le gusta el sexo oral. Además, las preferencias pueden cambiar y hay que estar atentos”. Ninguno de los dos es adivino ni capaz de leer la mente; por eso “es mejor dirigir la mano, la boca, los movimientos”, recomienda Pérez. Sin embargo, para no caer en el error número 1 ¡hay que hacerlo sutilmente! “Pedirle al oído que siga haciendo aquello que me gusta o tomar la iniciativa de un encuentro erótico es mejor que asumir que el otro sabe de antemano qué hacer”.

Tomarlo como una obligación

Se “debe”, “hay que”, “es necesario” tener sexo. Los chilenos tienden a asociar lo íntimo a un mandato social o del rol de género. “Hay muchos mitos: hay que cumplir, debo hacer las tareas; si no, estoy en deuda… Una práctica sexual saludable debe responder al deseo, al placer de buscar un espacio para el goce, de forma libre. Procure acostarse porque tiene ganas, porque es agradable y se siente bien”, sostiene el sicólogo Francisco Pérez.

Perseguir el orgasmo
Creer que el éxtasis todo lo justifica es un error muy extendido, cuenta Di Girolamo. “No siempre tiene que ser ‘ésa’ la finalidad. Lo importante es gozar, pasarlo bien. Pero suele ocurrir que los hombres se frustran cuando su mujer no llega. Y ella, para evitarle el mal rato, miente… Ahí está el otro pecado: en la cama jamás se debe ocultar la verdad. Es preferible decir no tuve un orgasmo, pero lo pasé bien, estuvo increíble, lo que sin duda motivará al otro a encontrar nuevas formas de intentarlo”.

Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus
“Catalogar a cada sexo como un grupo uniforme nos hace olvidar lo singular y particular de cada individuo, cuáles son sus gustos, aprendizajes y comportamientos”, dice Francisco Pérez. “Las personas vivimos de maneras muy variadas. Así como para algunos el sexo es con amor, para otros no, independiente de cuál sea su género. A muchos les gusta el sexo oral; a otros, hablar a ratos, gritar, quedarse en silencio. No hay que buscar comportarse de una forma determinada, sino lo que más nos acomoda”.

camaEl sexo como una meta

Algunos buscan durar más, transformarse en multiorgásmicos, innovar permanentemente. “Si bien se recomienda hacer la vida sexual lo menos rutinaria posible, imponérselo como un objetivo convierte esto en un deporte de competencia, donde el placer es reemplazado por la performance —opina Francisco Pérez—. No existe una relación siempre exitosa, sino encuentros algunas veces más placenteros que otros”. Sobre este tema, Gabriel Dukes, siquiatra, sicoanalista y director del Centro Chileno de Sexualidad Humana, advierte que hay una sobrevaloración del rendimiento: “Se cree que es mejor tener muchas relaciones que una buena. Eso está pasando sobre todo entre los jóvenes”.

‘No tengo tiempo’
Dejar el sexo de lado justificándose en que no tengo tiempo o estoy muy cansado. “Evidentemente no siempre hay ganas, pero así como uno se motiva a sí mismo para ir a jugar un partido de fútbol, a nadar, a hacer yoga, al gimnasio, también puede buscar la oportunidad de seducir, de activar el deseo. Si no me lo propongo no sólo no sucederá, sino que, si llega a ocurrir, no será de la forma que quiero”, señala Francisco Pérez.

Para Gabriel Dukes se trata de la gran paradoja porque la sociedad actual está hipersexualizada: “Te venden un helado y lo erotizan. Enciendes la TV y en la teleserie nocturna están en la cama. Pero, por otro lado, la gente llega a su casa tarde, agotada, sin ganas. Ese es el gran problema: falta de deseo. Se requiere tiempo, una vida sana, no tomar sicofármacos por cualquier cosa y crear espacios para la intimidad donde no entren hijos, tareas ni obligaciones”.

La desinformación
Un asunto grave, según el siquiatra y sicoanalista Gonzalo Dukes: “Muy pocas mujeres conocen su anatomía, ciclo sexual, sus zonas más erógenas, las fantasías que son posibles para ellas. Existe una falta de conocimiento abismante”. Tampoco tienen con quién consultar si sufren por algo y menos se atreven a contarle a su partner porque les da vergüenza. “Así, es muy difícil encontrar la solución”. Para los hombres resulta todavía peor: “Suelen ver los problemas de erección como un tema mecánico, hidráulico. Y buscan salidas fáciles como los medicamentos, pese a que la mayoría de las veces la razón de fondo son conflictos muy serios entre ellos y sus parejas”.

Full conectados
Es el mal de nuestros tiempos: estar al tanto de todo lo que hace nuestra pareja gracias a internet, el celular y la comunicación al instante. Ambos saben al detalle en qué está el otro, con qué amigos se juntó, qué almorzó, si tuvo un buen o mal día, qué escribió en su Facebook. No existe misterio, casi no se echan de menos. “Cuando llegan a la casa no hay espacio de intimidad ni tema de que hablar. Se pierde la incertidumbre. El otro deja de emocionarme, falta la sorpresa… Así se va terminando el deseo”, advierte la sexóloga Raffaella Di Girolamo.

¿Quién debe satisfacer a quién?
En el pasado se le asignó al hombre un rol más activo y a la mujer uno más pasivo. Nada más obsoleto, pero muchos siguen sintiéndose cohibidos o cohibiendo a su pareja con esos prejuicios, en lugar de dejarse llevar, averiguar qué les gusta y qué quiere su compañero. “No existe una misión asociada al sexo, no hay que lograr que el otro tenga muchos orgasmos o que me los provoque —según Francisco Pérez—. Más bien responde a una búsqueda constante de dar y recibir, de encontrar una forma de coordinarnos para pasar un buen momento que puede ser con o sin orgasmos, con o sin amor, con mayor o menor acción. Si quiero obtener placer debo ocuparme activamente de conseguirlo, saber lo que me gusta, explorar. No es deber de los demás dármelo”.

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