Especial HOMBRES. Sexo adictos
Salud
La ajetreada vida íntima de figuras como Tiger Woods, Lindsay Lohan o Charlie Sheen pareciera no ser tan placentera como uno pudiera suponer: todos sufren de sexodependencia. Una adicción que la OMS pronto catalogará como enfermedad. ¿Existe rehabilitación para ellos?

Tiger Woods respira hondo en un intento por dejar su mente en blanco. Un mantra profundo y sanador sale de su boca y se pierde en medio del silencio de esa sala de madera lustrosa y paredes blancas. Al igual que la docena de pacientes que lo acompaña, Woods ha llegado hasta ahí y ha realizado la posición del loto y la del arado como parte del programa para adictos sexuales Gentle Path (Ruta Suave), de la clínica Pine Grove, en Hattiesburg, Mississippi. Es una suerte de remanso en medio de la pesadilla que vive. El yoga lo relaja, lo vuelve a su centro, lo hace olvidar la docena de amantes que tuvo, a las que volvía una y otra vez convertido en una bestia sexual. Ha pagado 60 mil dólares por una serie de terapias que prometen recuperarlo para la familia, el matrimonio y el golf, en un centro que se especializa en estos temas, además de traumas sexuales y relaciones adictivas. Todo dirigido por el experto Patrick Carnes, el primero en EE.UU. que escribió sobre este tipo de problemas. El creó el famoso método de las ‘30 tareas’ que, una vez cumplidas, le dan al paciente categoría de recuperado. Entre ellas, hacer una línea de tiempo de sus encuentros sexuales, escribir su lista de secretos y trabajar en sus traumas.
Al cabo de dos meses de tratamiento, Tiger está de vuelta en los links. Su matrimonio con la modelo sueca Elin Nordegren ya no se puede componer, pero a simple vista parece haberse curado. Ya no es más Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Gracias a la fama de figuras como la actriz Lindsay Lohan y actores como David Duchovny, Michael Douglas, Charlie Sheen o el propio Woods, la adicción al sexo alcanzó categoría pública como un trastorno que necesita tratamiento. Rotulada como una variante del trastorno obsesivo-compulsivo, el próximo año la Sociedad Americana de Psiquiatría la incorporará a su catálogo de enfermedades y lo propio hará la OMS a partir del 2014.
No hay estadísticas oficiales. Pero se estima que en internet hay 60 millones de personas que visitan con frecuencia páginas de contenido erótico. De ellas, dos millones serían adictos sexuales. Cada diez individuos que la sufren, nueve son hombres. Pero no opera como otras adicciones.
“Existen las biológicas como el alcoholismo. Es usual que el adicto tenga un pariente alcohólico. En la adicción a la pasta base hay un fuerte componente social. Pero en la adicción sexual hay un factor sicológico que es determinante. Son personas que, en el lenguaje común, han sufrido carencias afectivas. Y se hacen adictos a la seducción, a la conquista, necesitan llevarse el trofeo. Y por otro lado, son personas que buscan una autoafirmación”, dice el siquiatra Gonzalo Acuña.
La situación se hace compleja cuando no hay nada más importante que la actividad sexual. Y se vuelve incontrolable. El National Council of Sexual Addiction (NCSA) de Estados Unidos realizó un estudio que determinó las consecuencias de esta enfermedad en la vida de quienes la sufren: 40 por ciento pierde a su pareja, otro 40 sufre embarazos no deseados, un 72 tiene ideas obsesivas sobre el suicidio, un 17 ha intentado quitarse la vida, un 36 aborta, un 27 tiene problemas laborales y un 68 por ciento tiene riesgo de contraer el Sida u otras enfermedades de transmisión sexual.
En septiembre de 2008, el actor David Duchovny, célebre por su papel en Los Archivos Secretos X, ingresó a una clínica especializada: se había convertido en un compulsivo consumidor de pornografía por internet. A Michael Douglas le pasó algo parecido. Luego de rodar Atracción Fatal y Bajos Instintos cayó en la compulsión sexual. Su mujer, Diandra, sencillamente lo abandonó.
“En Chile no ocurre como en EE.UU., en donde hay tipos que se gastan sueldos enteros con tal de establecer contactos sexuales, o llegan a situaciones lindantes con la ilegalidad. Acá se da en otro tono. Tengo pacientes que se han hecho adictos a los cafés con piernas, en donde pueden tocar a las mujeres por dos mil pesos, y otros que una vez por semana tienen que ir al Platinum”, cuenta el sexólogo Roberto Rosenzvaig.
¿Por qué deciden consultar a un especialista? Según el siquiatra Gonzalo Acuña, lo hacen “porque han sido descubiertos en múltiples infidelidades. El paciente está sumido en un descontrol que lo lleva a picotear en un lado y otro. Algunas veces, el adicto acompaña sus prácticas sexuales con consumo de sustancias. Entonces incurre en una doble adicción: alcohol, cocaína… Y ahí su situación termina de irse a las pailas”.
En Argentina, al igual que en Estados Unidos y Europa, ya se han constituido organizaciones denominadas Adictos Sexuales Anónimos que no son otra cosa que grupos de autogestión en los que se comparten las experiencias de lucha cotidiana contra la adicción. El único requisito para ser miembro es reconocer que se tiene una conducta sexual incontrolable.
Antonia, que pertenece a uno de estos grupos que sesiona en Buenos Aires, explica que la dinámica de las reuniones es similar a la de Alcohólicos Anónimos, que tienen reuniones semanales y que la contención que ofrecen sus pares es sumamente importante. Ella misma cuenta que tenía relaciones enfermizas, al punto que cada hombre al que conocía pasaba rápidamente a considerarlo el amor de su vida. Construía una ilusión en torno a él y una vez consumado el acto sexual, se angustiaba hasta fantasear con el suicidio. El tratamiento le ayudó a salir de ese círculo vicioso. “Como personas estamos muy solos. No es fácil, primero, asumir que estás enfermo, luego pedir ayuda y, en tercer término, compartir con otros lo que te pasa. Grupos como éste son muy útiles, sobre todo si consideras que la mayoría de los tratamientos no son muy económicos”, dice Antonia.
Si bien en Estados Unidos hay clínicas que aplican tratamientos express, de sólo un mes, lo usual es que éstos deban prolongarse en el tiempo. “En rigor, las adicciones no son curables, son tratables, que no es lo mismo. Se trata de enfermedades crónicas que puedes aprender a controlar, pero que no desaparecen”, concluye Acuña.
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