Mancha maldita
Toneladas de basura plástica en el mar
A medio camino entre California y la costa nipona, cerca del turístico Hawai, flota una masa colorida y multiforme… Anclada en esa latitud por obra de las corrientes marinas, devasta la fauna e intoxica peces y aves. El hombre, que la creó, sufrirá sus consecuencias.

Apenas perceptible desde el aire o el mar, ya que está en la mitad del Pacífico, sus dimensiones todavía son objeto de estudio. Algunos sostienen que dobla el tamaño de Texas; otros, que equivale al territorio de Estados Unidos… Pero hay coincidencia sobre su contenido: toneladas de basura (que podrían llegar a 100 millones), desechos humanos lanzados al agua a lo largo de la historia que las mareas juntaron hasta formar una ‘isla’ flotante. Una mancha maldita. A ella se suman los despojos encontrados en los últimos años en playas antes paradisíacas del Pacífico. Y, en este último mes, el derrame de crudo por la explosión de una plataforma en el Golfo de México que, según los cálculos optimistas del gobierno norteamericano, alcanzaría a 76 millones de litros (extraoficialmente, se habla de 400 millones).
Si la mancha estuviera compuesta de restos orgánicos, otro gallo cantaría, pero el Parche de basura del Pacífico —como se le conoce internacionalmente— contiene básicamente plásticos y derivados que no se descomponen. Hechos a partir del petróleo, estos productos demoran cientos de años en degradarse (se estima que cada artículo que se ha fabricado alguna vez, aún permanece en el planeta). Un pañal desechable tardaría 500 años; una tira de seis pastillas, 400 años, y una botella plástica, 450. “Los plásticos existen hace menos de cien años —señala el blog verde Smartplanet—, sin embargo cubren enormes playas y superficies marinas alrededor del mundo. Lejos de ser un simple asunto de estética, esta contaminación implica una amenaza a la fauna oceánica. Y ahora lo estamos encontrando también en los pescados que el hombre come”.
Bajo esta isla siniestra, la vida marina corre serio peligro: hay menos espacio y oxígeno; por lo tanto, menos comida. Abundan fotografías de peces y tortugas alimentándose con tóxicos y de otras especies que crecieron estrangulados por la basura o murieron por falta de nutrientes.
En la masa flotante hay desde botellas hasta jeringas, bolsas, maletas y cepillos de dientes, todos fácilmente masticados por los animales, detalla la ONG Algalita, organización que denunció y continúa divulgando las consecuencias del parche.
La fotodegradación agrava sus efectos: la luz del sol hace que los desechos se dividan en muchos pedazos y que éstos se separen cada vez en trozos más pequeños. Por eso, en muchos mares no se pueden ver, pero siguen presentes y permanecen como plástico, enredándose en redes de pescadores y tentáculos de medusas.
¿Quiénes son los responsables del desastre?
Según Greenpeace, el 80 por ciento de los desechos provienen de las costas; esto significa que el hombre los arrojó en playas, desde yates o fueron a dar a ríos y, con las lluvias llegaron a mar abierto. El otro 20 por ciento lo ‘aportaron’ barcos y plataformas petroleras.
Lo peor es que nadie asume la responsabilidad de este asesinato ecológico, que tiene serias consecuencias para la salud humana. Como la mancha navega en aguas internacionales, ningún Estado considera el problema como propio.
UN MILLONARIO DE EE.UU. LA DESCUBRIÓ POR CASUALIDAD EN 1997. Charles Moore tropezó con un mar de basura cuando tomó un atajo para llegar desde Los Angeles a Hawai en su yate, durante una regata. Sin darse cuenta cómo, terminó en el North Pacific Gyre, un punto en el Pacífico norte donde las aguas circulan lentamente por el escaso viento y las altas presiones. “Cada vez que subía a la cubierta veía mugre flotando alrededor del barco, ¿cómo podíamos seguir rodeados de basura durante toda una semana de navegación?”, preguntó al volver.
Su impacto fue total. Moore, que hizo su fortuna gracias a negocios relacionados con la industria del petróleo, optó por vender todas sus empresas y concentrarse en el activismo medioambiental. Cuatro años antes había creado la ONG Algalita Marine Research Foundation, pero después de esa experiencia decidió dedicarse completamente a la conservación.
Moore advierte que si las personas continúan su enorme consumo de plástico, la isla doblará su tamaño en una década.
El problema está lejos de solucionarse. Se estima que la cantidad de polietileno que se fabricará en el mundo este 2010 equivale a 50 kilos por cada habitante del planeta (¡y somos seis mil millones!).
En su aniversario de este año, Algalita realizó viajes por corrientes del Atlántico y el Indico, ampliando sus horizontes de investigación. De hecho, ya estudian el impacto que la digestión de plástico tiene en los animales.
EN EL ATLÁNTICO ACABAN DE DETECTAR UN NUEVO PARCHE,
según el influyente diario electrónico Huffington Post de EE.UU. Navegando entre Bermudas y las Azores, la científica Anna Cummins y su marido Marcus Eriksen descubrieron una enorme mancha de desechos multicolores. Ella y su equipo, en realidad, chocaron con el Atlantic garbage patch, hermano del parche del Pacífico. Sus hallazgos fueron presentados en febrero pasado en el encuentro de oceanógrafos de Portland, Oregon.
Los estudios describen una ‘sopa’ de micropartículas, mayormente plásticas. Y aunque existe registro científico de restos detectados ya en los años ’70, esto es… una nueva isla siniestra.
“Nuestro trabajo ahora es conseguir que la gente entienda que la contaminación oceánica por plástico es un problema global; lamentablemente, no se reduce a un solo sector”, dijo Cummins.
Y como hasta ahora no existe forma realista de limpiar totalmente los océanos, a los conservacionistas no les queda otra que insistir en educar sobre la dimensión del daño medioambiental que genera el plástico como material de desecho.
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