Estilo

S.E. ¿a la medida?

Arturo Olave, el sastre de Piñera

Por: Roberto Schiattino

Le rebajó dos tallas, pero hasta ahí nomás llegó… No hay caso, al Presidente le gusta la ropa grande y cómoda. Su sastre, en cambio, usa jeans y paletó. Encuentra que Obama es el más elegante del mundo. Da puntadas con y sin hilo.

sastre
Arturo Olave corre casi tanto como sus clientes más famosos. Pasa tres semanas al mes en Sao Paulo, donde trabaja en la importante boutique del ‘estilista’ Ricardo Almeyda —como llaman allá a los modistos—, y una en su natal Chile. En siete días tiene que atender abogados, políticos, empresarios y gente común. Pero su cliente más famoso es el Presidente.

—¿Cómo define a Piñera?
—Un hombre extraordinario, activo, inteligente, dinámico. Estamos bien representados por él.

Hasta ahora le ha hecho cuatro trajes que combina con corbatas y camisas en distintos tonos. Son los únicos que no arrastran tela de sobra en las mangas ni los pantalones, llenos de arrugas…

“Temo no dejarle la ropa como corresponde. Uno trabaja para el cliente, es él quien tiene que quedar conforme; después pueden venir su mujer, hijos o amigos a dar su opinión, pero lo más importante es que él se sienta bien al mirarse al espejo. El principal problema es que no hay tiempo, el Presidente está siempre apurado, hay que hacer todo corriendo… molestarlo lo menos posible; eso me ponía nervioso porque la rapidez no es amiga de la perfección. Pero poco a poco, eso lo vamos afinando”.

Ni siquiera los más cercanos a Piñera lo encuentran bien vestido. “Nunca me he podido meter en su ropa —se quejó Cecilia Morel en CARAS, diciembre 2009—. Se compra una talla más, no resiste andar apretado ni las poleras polo. Y él cree que se viste estupendo…”.

Don Francisco le hizo ver lo grande que le quedan sus trajes, a lo que Piñera respondió que luego de probárselos, le pide al sastre que se los haga dos tallas más grandes “porque me gusta la libertad de sentir que no estoy restringido por la ropa”.

Pero la verdad es que no es una ¡sino cuatro tallas de más! Su sastre ha logrado bajar dos, consiguiendo que Piñera se luciera en su primera visita a Argentina, con un traje negro menos holgado, creación de Olave.

—Mucha gente opina que las chaquetas y pantalones de Piñera son inmensos…
—Es un tema que hay que enfrentar. A él le gustan las prendas muy grandes y no se ve bien, tengo que disminuir el tamaño sin que se sienta mal. La ropa que le estoy haciendo todavía es un poco amplia pero, si le pongo algo más chico, se incomoda. El es muy ágil, habla fuerte, mueve las manos, y necesita prendas funcionales. Creo que no voy a conseguir disminuir más tallas…

—Al mandatario lo precede su fama: dicen que le cuesta escuchar. ¿Oye a su sastre?
—¡No mucho! (se muere de la risa) En realidad, parece que no escuchara, pero las cosas le quedan dando vueltas y yo creo que el contacto sí se produce, aunque sea muy rápido y dinámico.

sastre200—¿Por qué sólo usa colores oscuros?
—Porque son más elegantes, estilizan la figura y son las ropas indicadas para cócteles o ceremonias; nadie se pone un paletó blanco de noche…

Recuerda que en la época de Lagos trabajó para Ravinet (DC) y Patricio Hales (PPD).

—¿No tiene problemas en vestir a personajes de derecha o izquierda?
—No me corresponde hacer política, mi negocio es la ropa y no otra cosa. Atiendo a cualquier cliente con gusto, sea negro, blanco o rojo…

Arturo Olave no había cumplido 30 años cuando llegó a Sao Paulo con una mano adelante y otra atrás… “La plata apenas me alcanzaba para ir a Brasil, jamás a un país que quedara más lejos”. Corría 1979 y la crisis económica había afectado su negocio, un pequeño taller que le subarrendaba a un sastre del centro. Se fue de Chile a trabajar como garzón, dejó a su mujer e hijo y empezó de cero, solo. Tres décadas después, confecciona trajes para Lula Da Silva y Sebastián Piñera, dos de los hombres más poderosos del continente.

CON PACHORRA CHILENA CONSIGUIÓ SU PRIMER PUESTO como modisto en Brasil. Cansado de servir pizzas, partió a recorrer la ciudad y tropezó con la mejor sastrería, la de Rafael Mineli. “Necesito trabajar”, le dijo. El dueño lo miró con desconfianza y aburrimiento; no tenía ganas de lidiar con un tipo que apenas tenía visa de turista. Pero le dio la oportunidad de hacer una prueba y, 17 días después, estaba contratado. Consiguió residencia permanente. Se llevó a su mujer y a una prole que terminó sumando tres hijos. De alguna manera, se hicieron mitad brasileños, mitad chilenos.

Experiencia en el rubro no le faltaba: hijo de un técnico textil, Arturo estudió en la Escuela Industrial Superior de Sastrería, en Avenida Matta. Apenas egresado se instaló con un pequeño taller en San Diego. Llegó a relacionarse con importantes abogados que en esa época poblaban el centro con sus oficinas de lujo antes del furor por El Golf. Olave se hizo un nombre, pero, cuando la cosa empezó a andar mal, no dudó en buscar nuevos horizontes. En el mar humano de Sao Paulo permaneció más de 20 años trabajando para Mineli; llegó a tener 300 personas a cargo, hasta que en 1995 decidió volver a Chile y, esta vez con más recursos, puso una sastrería en el barrio financiero de Santiago. La aventura le duró un rato nomás…

Finalmente regresó a Brasil a mediados de la década pasada. Tentado por Ricardo Almeyda, quien le permitió seguir viajando, amén de un sueldo inigualable. Olave comenzó de cero una vez más, aunque con un nombre y bagaje. Ahí conoció a Lula y a Roberto Carlos, a quien le diseñó un traje de vaquero para un concierto; también a Carlos Datena, un cotizado animador, y al jugador del equipo local, Dagoberto, entre otros deportistas y actores de teleseries de O Globo.

En Chile el empresario Herman Chadwick, primo hermano del actual Presidente, fue el gran promotor de sus virtudes. Hasta que una asesora de Sebastián Piñera lo llamó a Brasil después de la segunda vuelta.

—¿En qué se parecen Lula y Piñera?
—El gran problema es que ellos no pueden darse el lujo de hacer una cosa a la vez porque la semana tendría que tener un par de días más. Hacen tres o cuatro al mismo tiempo para cumplir con su agenda. En ese sentido, todos los poderosos son iguales.

—¿En Brasil lo celebran por hacer la ropa del Presidente de Chile?
—La gente que me rodea sí, pero nadie más. Allá también hago un trabajo muy discreto porque al frente mío hay una empresa y no quiero abrirme camino por encima. Yo me comprometí y tendría que pasar algo muy terrible para que dejara de trabajar con ellos; no se me pasa por la mente ser rival o poner una vitrina al lado.

—¿Y quién es el más elegante de los poderosos?
—Barack Obama —responde sin detenerse mucho—. Usa ropa muy fina y es el tipo de cliente que te hace famoso. En general, los norteamericanos la llevan. Clinton también tenía mucha percha.

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