Carolina Herrera
Carolina Herrera adiós Bryant Park
Por Soledad Marambio, desde Nueva York
La próxima Semana de la Moda de NY será en Lincoln Center. No más Bryant Park. Es el fin de una era en el mundo fashion y la diseñadora venezolana se despidió como corresponde.

Una mujer enfundada en un enterito de cuero café hace equilibrio sobre unos tacos altísimos. La nieve y los adoquines del costado de Bryant Park hacen difícil la tarea de llegar hasta una de las puertas de la carpa que desde 1993 ha sido el hogar y santuario de la Fashion Week neoyorquina. Pero la mujer lo logra. Sube las escaleras, entra a la sala atiborrada de fotógrafos y se pierde entre todos los personajes que deambulan sobre la pasarela que pronto exhibirá la colección otoñal de Carolina Herrera.
Será la última vez que las creaciones de ella y de cualquier otro diseñador debuten en este parque. La próxima Semana de la Moda —en el otoño del hemisferio norte— tendrá como nuevo hogar el Lincoln Center. Tal vez por eso hay algo de nostalgia en el ambiente.
Anna Wintour, la editora de la revista Vogue, escribió hace unos días que “Bryant Park se convirtió en el faro que representa lo que es el mundo fashion de NY: una industria llena de coraje, incansable y que siempre avanza”. En primera fila de la pasarela, Wintour se sienta, como ha hecho por años, para conocer lo último del ícono venezolano de la elegancia. Unos asientos más allá está Lee Radziwill, ex modelo, socialité mítica y hermana pequeña de Jackie O. Otro par de sillas más y la cara que aparece es la de Carolina Herrera Jr., hija y mano derecha de la diseñadora. Carolina abraza fuerte a su hijo Miguel. “Es la primera vez que viene a ver un desfile de la abuela”, cuenta. El niño, de tres años, está un poco abrumado con tanta gente y tanta cámara dando vuelta. Un poco más allá su hermana Olimpia, de cinco años, se sienta junto a una amiguita. Las dos están iguales, con el mismo vestidito floreado. Carolina se ríe y dice que fue pura coincidencia.
Podría ser un club ultraexclusivo si no fuera lunes, 10 am y si no faltaran tragos en las manos de los invitados. Mientras un grupo fotografía a la actriz mexicana Ana de la Reguera (Nacho Libre) un tipo pasa raudo y anuncia que el desfile está por comenzar. Todo el mundo vuela a sus asientos. Empieza la música —a cargo de Javier Peral— y se abre la colección Otoño Invierno 2010. La primera modelo lleva una chaqueta cuyos hombros y mangas están hechas de piel de marta, el resto es de una tela que parece un lienzo pintado con elegantes brochazos. Completan la tenida un par de pantalones anchos de lana gris cruzada por finas líneas y un sombrero negro de ala ancha.
Esta primera pieza da la pista para mucho de lo que sigue: telas como cuadros, muchos pantalones anchos que, con blusas livianas o chaquetas de corte impecable, dan la idea de un gaucho súper estilizado y sofisticado. Y, claro, una cantidad de piel —de zorro, de marta, de mink— para hacer temblar a cualquier amante de los animales.
El segundo vestido anuncia otros patrones de la nueva colección: justo encima de los hombros, siguiendo la línea de la clavícula, una franja de tela roja da el toque de color. Trazos chocolate dejan ver un poco de blanco en la seda que marca la silueta y que cae sobre las caderas en una ligera campana, pero lo más impresionante son las mangas, que se engloban desde el hombro para luego darle un pequeño apretón al brazo antes de seguir en caída libre.
El sombrero negro de Hillary Alexander, la editora de modas del Daily Telegraph y una de las voces más influyentes del fashion europeo, parece un pájaro a punto de echarse a volar. Luego escribirá sobre cómo el ‘gaucho de lujo’ traído por la venezolana hasta la pasarela dejó también espacio para la hiperfeminidad. Telas tan livianas que parecen plumas, strapless, un hombro sí, el otro no, pedrería antigua y hasta reminiscencias de los vestidos flamencos.
Alexander sigue moviendo su sombrero cuando aparece el vestido más personal de toda la colección. Es uno de los trajes de noche y está cargado de nostalgia. Si se mira desde lejos se ve una tela impresa en negro y plata, pero muy de cerca se puede ver que el género es casi un collage, que en él aparecen fotos de lo que ha sido la carrera de esta venezolana que en 2011 celebra treinta años desde su primer desfile.
EN ALGUNOS DE LOS RINCONES DE LA TELA ESTÁ TAMBIÉN SU HIJA CAROLINA, quien se prepara luego del fin del show para ir a saludar a su madre. “No había visto nada de la nueva colección, ha sido una total sorpresa. Me encantó, pero tengo que decantarlo”, dice mientras su hija Olimpia se esconde detrás de su pollera y Miguel la tira del brazo pidiéndole que se vayan a la casa. Los dos niños se interrumpen un segundo para decir que también les ha gustado mucho la ropa creada por su abuela, luego siguen en lo suyo, ella escondiéndose y él rogando irse. Pero Carolina Jr. les pide un segundo, les dice que tienen que correr para alcanzar a saludar a la abuela en el backstage. Seguramente ella los está esperando para darles un abrazo, el último bajo la carpa del Bryant Park.

