Puro Placer
Mujeres... habanos

Fumar grandes cigarros dejó hace rato de ser un gusto masculino. Hoy, las chilenas se unen a una corriente en alza en el mundo. Clubes, catas y cursos abren sus puertas para ellas. Tres fanáticas y un experto anuncian que este romance recién empieza.
Marlene Dietrich debe gran parte de su enigmática personalidad a su gusto por el tabaco. La imagen de la actriz, de personalidad fascinante, todavía se asocia a grandes volutas de humo y puros humeantes en cabarets berlineses. Los cigarros le entregaron una especie de halo de misterio que ayudó a construir el mito de femme fatale.
Tras ella, figuras como Sofia Loren, Heidi Klum, Claudia Schiffer y Madonna se han dejado seducir por el enigmático humo azul.
Pero la moda no es nueva. Desde antiguas civilizaciones las mujeres usaban el tabaco como signo de estatus y poder. De hecho, Silvius Gits, el famoso tabaquero inglés, afirmaba: “Una mujer que fuma puros se ve atractiva, exitosa y sofisticada”.
En Chile la tendencia entró fuerte el último año. Los clubes abrieron espacios para socias, organizaron catas y cursos para que ellas aprendieran a fumarlos.
El club del Ritz-Carlton cuenta con su primera socia mujer, la fotógrafa Macarena Achurra, que heredó la pasión de su abuelo, el escritor Luis Sánchez Latorre. “Me encanta la solemnidad y calma que involucra. Hay que sentarse y paladearlo lentamente; es un momento de relax, que exige tranquilidad y buscar siempre el espacio adecuado”, dice. Reforzó su interés durante un viaje a Cuba. “En La Habana, fui a las tabacaleras, vi cómo los fabricaban. Entonces el gustito me entró fuerte”.
Se transformó en un rito de fin de semana. “Cuando no hay nana y no tengo nada más que hacer, me doy un tiempo para mí. Son cuarenta minutos en los que siento el sabor intenso, el humo azul que me relaja, junto a un buen café o una copa de champagne. Es un placer, no un vicio”, declara.
De sus reuniones en el Ritz, Macarena cuenta que al principio era ‘la nueva’ y que sus compañeros eran muy coquetos. “Ahora conversamos de todo, aunque a veces les tengo que parar el carro porque hablan sólo de mujeres o con harto garabato”.
Marcia Bordero es otra fumadora top. Casada con el empresario Miguel Nazur, para ella nada mejor que un puro. “No es tan adictivo como el cigarrillo. Es ideal para la sobremesa con un rico café. Adquirí el gusto en mi familia, donde hay varios fumadores. Me encanta fumar mientras pinto, me ayuda a inspirarme”, agrega.
La actriz María José Rodríguez recién explora estos territorios pero, apasionada, confiesa: “¿Quién puede negar que los puros son exquisitos? Más allá de que te guste fumarlos, es imposible no sentirse atraída por su aroma, su color, su textura… Tener uno en las manos es como descubrir a una persona… Son únicos e irrepetibles, tienen carácter y una historia interesante que contar. Para mí un habano es sinónimo de un buen momento, complemento de una situación positiva: excelente compañero de reuniones sociales, la nota perfecta para el cierre de una buena comida, ‘muso’ inspirador e incluso sicoanalista”.
Independientes, de mente abierta y gran personalidad. Las fumadoras la llevan. Dejaron atrás convenciones sociales, discriminación y machismo. “Para los hombres resultan tremendamente atractivas, son el centro de atención donde sea que estén”, asegura José Miguel Salvador, fundador del Club del Ritz y especialista en el tema. De hecho, durante la inauguración de La Casa del Habano, que abrió sus puertas hace algunas semanas en el Hotel W, ellas fueron las estrellas al pasearse muy campantes con su imponente cigarro.
FUMAR NO SE IMPROVISA. Primero, hay que escoger muy bien el tamaño. “Debe existir una combinación estética con la cara, el cuerpo y personalidad. Una mujer pequeña, fina, con un puro enorme, no se ve muy bonita. Charles De Gaulle, por ejemplo, usaba un cilindro muy grande porque le achicaba la nariz. Recomiendo partir con los más delgados e ir graduando hasta encontrar el más cómodo”, señala Salvador.
Este experto, quien por años ha investigado y escrito sobre el tema, recomienda comenzar con habanos suaves, de alta calidad, certificados y siempre con un acompañante iniciado. Además, buscar el momento preciso, tranquilo, ojalá con un buen café, un té, champagne o un destilado.
María José Rodríguez, resume poéticamente lo que significa para ella fumar puros: “Estimula todos los sentidos. La sedosidad de su capa se contrapone a la firmeza de sus venas, este juego dicotómico, de ser fuerte y frágil a la vez, lo hace interesante, misterioso… Su atractivo tono tostado, a veces pálido y otras casi negro, le otorga un carácter racial que nos cuenta de su origen. Al apretarlo suavemente, para comprobar su nivel de humedad, se siente al tabaco murmurar. Al encenderlo, el leve chirrido de la brasa en cada bocanada, se va llenando de imágenes evocadas por su sabor y sobre todo su aroma: bibliotecas, ventisqueros, bosques, frutas… Hasta el recuerdo del sabor de un beso, van construyendo cada capítulo hasta que lo dejamos morir dignamente frente a nosotros para llegar al final. Es el cierre de un momento sublime”.






