Estilo

Con sello australiano

Collette Dinnigan, diseñadora top

Por: Margarita Aguayo Mendiboure

Osada y extravagante revolucionó a las mujeres con su glamorosa lencería de seda en la andrógena década de los 90’. Rescató encajes, bordados y pedrerías cuando el poliéster era el rey. Hoy su marca está avaluada en 20 millones de dólares y es considerada en Australia como una de sus embajadoras más importantes. Desde su taller en Sidney confesó que pronto dará un giro total a su vida.

Foto Christian MushenkoCollette Dinnigan es ícono en Australia. Sus modelos ultrafemeninos seducen sin respetar fronteras: Angelina Jolie, Naomi Watts, Madonna y Sarah O’Hare han lucido sus delicados diseños. Puntadas finas y cortes precisos fueron el sello que construyeron su marca, la que hoy está valorada en más de ¡20 millones de dólares! Nació en Durban, Sudáfrica. Sus dos primeros años transcurrieron a bordo de un yate, junto a sus padres y hermano, de ahí su espíritu gitano. El talento artístico y el gusto por la moda lo heredó de la madre inglesa, que se la pasaba diseñando y pintando telas. La pequeña Collette creció viéndola siempre vestida de caftans y pedrerías. Los chicos Dinnigan se criaron en Zululand, encaramados en árboles, sacando semillas y en el caso de la pequeña hilando pulseras. Se trasladaron a Nueva Zelanda para que fuera al colegio y ya adolescente estudió diseño en el Fashion School for Textile and Fabrics, en Wellington.

Audaz y creativa a los 23, en pleno 1990, viajó a Nueva York. Fruto de su tenacidad y la fuerza propia de la juventud vendió en un par de días en Barney’s de N.Y. lo que en Australia habían desestimado: su línea de calzones de seda. Una colección de lencería hecha a mano que bautizó “Dry clean only” ¡lavar en seco!. En una época en que las mujeres vivían embelesadas por el poliéster, la apuesta de Dinniggan, amén de una factura impecable, parecía descabellada. Sin embargo, con esa pequeña conquista de su lado y segura de su talento, saltó del lingerie a los trajes ultra-coquetos. ¡Bravo! Fue la respuesta general en Australia. Se trasladó a París y se ganó un lugar en el círculo de la moda parisina a mediados de los ‘90. Diez años después alcanzó metas que parecían inalcanzables: es parte de la exclusiva Cámara Sindical de Costureros y Creadores de Moda de París, su rostro está en sellos postales australianos, figura en la memoria del museo Victoria & Albert de Londres y se han escrito cientos de artículos en la prensa internacional sobre ella.

En su taller en Surry Hills, Sydney, confiesa que está cansada, pero feliz con los resultados de sus últimos lanzamientos en el Carrousel du Louvre y el Hotel St. James & Albani, en París. De una belleza sobresaliente a los 43, Collette Dinnigan anticipa un giro drástico: por primera vez ha delegado la administración de su compañía y se dedicará en plenitud al diseño y a su hija. Añora simpleza. Quiere cocinar pasta y risotto para los amigos, trabajar en su pequeña huerta, pintar y viajar sin exigencias, sólo “por gusto”, siempre con su hija Estella de 5 años. Sus chispeantes ojos azules, enmarcados en la larga chasquilla rubia, sonríen cuando habla de sus sueños en voz alta.

–¿Busca cambio o descanso?
-–Ambos. Soy mamá “a solas”, cien por ciento responsable de mi hija, por lo que el escaso tiempo libre lo destino a ella. Es mi alegría, pero los niños demandan mucho y sus rutinas absorben.

–¿Cuando viaja, con quién la deja?
–Siempre viaja conmigo. Está acostumbrada a la rutina loca… tiene alma de gitana como yo (ríe). Pero ahora, mi esperanza es revertir la situación. En Sydney me gustaría que nos escapáramos más a la playa y llevarla al parque a columpiarse. Eso le encanta.

A cara lavada y vistiendo un sencillo vestido mañanero estampado, no cuesta nada imaginarse a la dueña de este imperio con su nueva vida, aún cuando su taller habla de un engranaje demandante. Ubicado en un elegante barrio, las espaciosas salas para costura y diseño descansan en una construcción de tres pisos. Su luminoso estudio, con un amplio ventanal circular, refleja su personalidad y una gran mesa de trabajo sobre la que se ven desparramadas muestras de géneros coloridos, delatan su oficio.

–¿Cómo aborda hoy la moda?
–En el mundo global de las comunicaciones instantáneas, la moda tiene que ver con movimiento, hoy no existen las tendencias únicas. Observemos: con facilidad podemos identificar en el pasado el minimalismo de los diseñadores belgas con sus tonos grises y negros o la línea “Isabelina” inspirada en el cine. En la actualidad coexiste la diversidad. Para una colección de invierno, por ejemplo, tenemos un Prada “sin mangas”, Louis Vuitton usando pieles, un Dolce&Gabana con su serie de lentejuelas, junto a un Roberto Cavalli inclinado a los estampados de animales. Por mi lado, diseño trajes con blondas. Todo tiene que ver con la “individualidad”, con una libertad para combinar el vestuario. Más aún, se relaciona con la imagen de una Casa, con su marca. En oposición, están los estilos de temporada que exhiben las revistas, que hoy son las que marcan tendencia, en vez de los diseñadores. Las modas ya no tienen que ver con largo o corto, verde o anaranjado, sino que con el sello de un diseñador.

collette-2–¿A qué mujer están dirigidos sus diseños?
–A las que quieren verse y sentirse bien, con personalidad. Mujeres de toda edad entre 18 y 60. Hay piezas elegantes y lujosas; también otras, que combinadas, resultan bastante excéntricas e interesantes. Mi moda es ecléctica. Por un lado es femenina, pero también nace de un espíritu bohemio con algo de satín, brillos. También es lo opuesto: un vestido negro largo, inteligentemente cortado, estilizado, sobrio y chic. Es un universo con énfasis en los detalles. Soy muy detallista.

–¿La confección es hecha a mano?

– En parte sí. Sobre todo las tenidas de tarde y de noche que llevan pedrería, mostacillas, encajes y bordados sobre telas delicadas. Todas las ‘cuentas’ son cosidas a mano. Realizo un prêt-à-porter con mucho aire de alta costura, creaciones que están principalmente en mis boutiques de Sydney y Londres.

–¿Cómo nacen tus colecciones?
- Cada una con un espíritu diferente. “Reinado Oscuro” (otoño-invierno 2009-10) está inspirada en la era Eduardiana. Es una mezcla chic de dama elegante y un toque de los ‘80…hombros acentuados, tacos altos, faldas de tul, suavidad endurecida con remaches. La colección veraniega conjura un paraíso enigmático y etéreo yuxtapuesto a un régimen duro, utilitario. Siempre varía. El año pasado, en “Amor Moderno”, aluciné con las telas griegas y las líneas antiguas del ballet. Imaginé bailarines en Praga o en Rusia, usando trajes gastados y zapatillas amarradas con cintas.

– ¿Por qué abriste en Londres y no en París?collette-3
–Por mi idioma. Antes evalué Nueva York, pero Londres me gusta por su estilo. Las inglesas que visten de una forma bastante más excéntrica, están dispuestas a probar cosas distintas. NY es más clásico y conservador y… París, más complejo. Aún cuando nuestros modelos se venden muy bien ahí, aquel es un mercado especial. Los franceses son leales a sus marcas, así que Londres fue la opción obvia.

La marca Dinnigan hoy tiene gran presencia en el mercado internacional. Tiendas como Harrods (Londres), Henri Bendel (Nueva York), A Toutes Les Filles, (París), Harvey Nichols (Hong Kong), exhiben esta refinada línea de vestuario. Además cuenta con tres boutiques en Sydney, Melbourne y Londres, las que sólo venden sus modelos exclusivos. La compañía exporta alrededor de ¡7 millones de dólares anuales!, equivalente al 50 por ciento de las ventas.

–¿De qué manera la marca el éxito?

–Me ha vuelto muy tímida porque mi evaluador interno sabe que ya no soy más una desconocida. Eso me afecta. Es la cara de la moneda que me fastidia. Sé que hay un montón de personas que se acercan –o quieren acercarse a mí– no por lo que soy, sino por lo que hago. Me resulta difícil. Me dificulta los vínculos sinceros.

–¿Emprendería el mismo camino?
– Jamás lo haría de nuevo si tuviera que trabajar tan duro como lo he hecho hasta ahora; sería una ingenua. Mi hija me ha cambiado completamente.

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