Leeds el refugio de las viudas
Inglaterra
En el corazón de Kent (zona central de Inglaterra), sobre dos islotes que se bañan con las aguas del río Len, se encuentra este gigantesco castillo amurallado, famoso en nuestros días por los conciertos que Elton John y Cliff Richard han dado en sus jardines.

Una hora y media de viaje en tren y quince minutos en bus bastan para acceder a este lugar poblado de muebles de cedro y roble, y paredes cubiertas con tapices de seda. Un fuerte toque femenino se observa en lo fino y detallado de la decoración, porque durante 150 años el castillo fue habitado principalmente por mujeres solas. Viudas. Seis reinas de Inglaterra se trasladaron hasta ahí para vivir el duelo al lado de sus cortesanas. La tradición de luto se rompió con la llegada de la reina Catalina de Aragón, primera mujer del rey Enrique VIII, quien hizo de éste un segundo hogar o refugio para no observar los múltiples deslices de su marido…
Tal y como se conoce ahora está lejos de los caprichos reales. La estadounidense Olive Baillie —más conocida como Lady Baillie— lo adquirió en 1926 para convertirlo en lugar de veraneo digno de compartir con sus amigos, los actores Charles Chaplin, Errol Flynn, Robert Taylor y el escritor Ian Fleming, quienes la visitaban con frecuencia.
Queriendo hacer de ésta la casa soñada, contrató a los mejores arquitectos y diseñadores franceses de la época, como el famoso Armand-Albert Rateau. Para decorar los interiores, se dedicó a viajar por Europa en busca de antigüedades únicas. Las alfombras son una obra de arte.
Para agradar a sus huéspedes adaptó una sala de cine e instaló una piscina. En un pequeño trozo de sus doscientas hectáreas de jardín construyó canchas de tenis y squash, además de un aviario que todavía puede visitarse.
Después de nueve siglos de transformaciones, el Castillo de Leeds es hoy una mezcla de épocas y gustos: tiene bases normandas, puerta medieval y muebles del siglo XX. También es un catálogo de anécdotas donde figuran grandes personajes del cine mundial y la música.
Thornbury, lujo artesano
Una escalera de caracol conduce hasta la cima de la torre del castillo Thornbury, en el condado de Gloucestershire, cerca de Bristol. En lo más alto de la fortaleza de piedra se encuentra una de las piezas de hotel más lujosas del país. La cama es gigantesca —mide tres metros de ancho— y las cubiertas son de seda pura. Tiene su propia chimenea y desde las ventanas se observan los viñedos que hace casi cinco siglos producen el vino que se consume al interior de este sitio construido en 1511. Thornbury es el único castillo Tudor que ha sido adaptado como hotel, y sus huéspedes deben pagar entre 400 y mil dólares la noche (hasta 550 mil pesos). Precio que se justifica si se trata de seguir los pasos del propio Enrique VIII y de Ana Bolena, que cuando lo visitaron en 1535 no pudieron sino alargar la estada y quedarse dos semanas en lugar de un día.
El castillo fue seriamente dañado durante la Guerra Civil (1642-1649). Sin embargo, todas las habitaciones han recuperado la atmósfera de los siglos XVII y XVIII con sus paredes de piedra, tapices de seda, chimeneas, techos de madera tallada y camas de cuatro postes, dosel y corona. Esto, gracias al trabajo realizado desde principios de los ’80 por el artesano Stephen Edgar, historiador de muebles y textiles que elaboró todo el mobiliario de roble usando las técnicas más tradicionales y antiguas. Desde uno de sus talleres en Kidwelly, Gales, Edgar habla de la cama Enrique VIII, su comisión más reciente para Thornbury. La hizo de cuatro postes y con cortinas de terciopelo verde que llevan detalles de oro, a mano y con total cuidado por los detalles. Stephen también es responsable de gran parte del revestimiento de los muros de roble que se observa en los salones, sobre todo en el vestíbulo y en la suite Portlethen.
Arundel castilloFamiliar
La mesa está en el Salón del Barón. Ahí, bajo un techo de roble tallado, decenas de hombres y mujeres vestidos de gala se disponen a comer a la luz de los reflectores. Es la filmación de la cinta The Young Victoria, en el Castillo de Arundel.
Ubicado en el oeste de Sussex, a hora y media de Londres, esta construcción medieval tiene los interiores más fabulosos y mejor conservados del país. Desde el siglo XI está en manos de la familia del Duque de Norfolk, que continúa habitándolo.
Recorrerlo es toda una aventura. Los paneles de madera tallada y los muebles Mahogany de estilo gótico se observan por todos lados. Incluso en la planta baja, donde la mayoría de los muros son de piedra finamente pulida y hay un salón de armaduras, espadas y armas de fuego. Una gran escalera conduce a las habitaciones de huéspedes. Dos tapetes gobelinos sirven de preámbulo a la suntuosidad de los cuartos del nivel superior.
La Sala York es la principal y reúne tres grandes piezas de mobiliario: un ropero de marquetería de 1744, una cómoda estilo francés Luis XVI y una repisa rococó. Las habitaciones Lancaster y Windsor destacan por el despliegue de muebles originales del siglo XVIII, y la Pieza Victoria recibió la visita de esa reina en 1846.
Si bien la mayoría de los salones han sido redecorados, todavía se conservan tesoros de antaño. La pequeña Sala de Recreo, por ejemplo, fue refaccionada en 1997 por el famoso David Mlinaric, pero sigue presentando los tres paisajes comisionados por la familia a Canaletto, en 1750. Lo mismo sucede con el salón antesala de la biblioteca, redecorado en 2006, manteniendo en su lugar los tres retratos de Van Dyck para la familia Norfolk.
En términos de la propia Sarah, nuestra guía por el castillo, Arundel es muestra de que los diseñadores contemporáneos no están peleados con el pasado. Eso se observa claramente en los seis cuartos de visitas, remodelados por la actual duquesa con el apoyo de diseñadores como Edmund Bulmer, quien, reutilizando colores y textiles de los años victorianos, ha logrado que el castillo siga siendo centro de atracción.
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