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Especial Deco

Castillos de Japón

Por: CARAS

Vivir en grande: inspiración de estas páginas. Para eso viajamos a los más imponentes castillos
del mundo. Magnificencia y estilo en cinco países.

castillo
Nijo
Hogar del shogún

Es un conjunto de dos fortificaciones: el Palacio Ninomaru y el Honmaru. Representa el poder de los shogunes (militares) pues fue uno de ellos, Tokugawa Ieyasu, quien lo mandó construir en 1601. Como sucede con la mayoría de los castillos japoneses, éste no es el original. La parte central fue golpeada por un rayo y se quemó por completo en 1750; en 1788 el palacio interior fue destruido por un incendio. Prácticamente quedó abandonado hasta 1893. Actualmente, Ninomaru (el más impresionante) está construido principalmente de ciprés Hinoki.

Himeji
La garza blanca

castillo2Construido en madera y revestido en cal, su imagen resulta familiar porque hasta James Bond lo incluyó en su quinta película. Y si ya la construcción de castillos estaba limitada en el Japón antiguo (uno por reino), fue un milagro que éste además se librara de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Localizado en la ciudad costera de Himeji, a unos 47 kilómetros al oeste de Kobe, es una de las estructuras más antiguas del Japón medieval. Designado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993 y ‘tesoro nacional’, junto con los de Matsumoto y Kumamoto conforma los Tres Famosos Castillos de Japón.

Fue concebido y construido en el período Muromachi (1336-1573). En 1346, el shugo (guardián) Akamatsu Sadanori planeó la construcción de un palacio en la base del monte Himeji. Luego de que su clan fue derrotado en la Guerra Kakitsu, éste les fue arrebatado por un tiempo. En 1580, el daimyó (gran nombre) Toyotomi Hideyoshi tomó control del edificio y encargó construir una torre de tres plantas. En 1601 se realizó un proyecto de expansión que duró ocho años y transformó al castillo a su actual forma.

Uno de los elementos defensivos más importantes de Himeji es el confuso laberinto con tres fosos y diversos caminos que conducían a la torre principal. A diferencia de los europeos, este castillo posee un complejo de puertas, muros y murallas que tenían por objetivo confundir a las fuerzas invasoras y atacarlas de manera rápida y eficiente.

Diversas leyendas lo rodean: una de ellas cuenta que fue hogar de diversos yokai, espíritus de nipones como el malévolo oni, el travieso kitsune o la terrorífica mujer pálida Yuki-onna.

En sus afueras destaca el precioso Jardín Kokoen. Aunque de construcción reciente (1992), sigue las pautas típicamente feudales. Consta de nueve jardines separados, diseñados cada uno en un estilo concreto. Está la residencia principal, con un estanque y una cascada; hay bosque de pinos, jardín de bambú, otro de té y uno de flores.

Kumamoto
El último samurái

castillo3Este castillo tiene una historia notable: en 1877 se celebró ahí la última revuelta samurái. Gran parte de la estructura fue destruida por el fuego tras un asedio de 53 días. Pasó más de cien años en ruinas, pero recientemente se restauró.

Aunque su donjon (parte central) es una reconstrucción de cemento que data de 1960, muchos edificios auxiliares de madera siguen siendo los originales. El interior de las torres es ahora un museo que ofrece bellísimos ejemplos arquitectónicos de la época. También refleja su avanzado diseño con muros inclinados hacia adentro y enormes techos, pensados para la defensa. Su estilo de construcción se denomina Renkaku, con una nave central rodeada por las demás dependencias.

Cerca de él, en el Parque San-no-Maru, se encuentra el Hosokawa Gyobu-tei, mansión tradicional de madera con un espectacular jardín japonés de estilo Momoyama.

Ubicado en la ciudad del mismo nombre, el castillo fue construido en 1607 por orden del guerrero Kato Kiyomasa y cincuenta años después pasó al clan Hosokawa, que controlaría la zona por 200 años hasta el fin de la época feudal.

Terminando el siglo XIX, los cambios abruptos y masivos en la cultura japonesa —como el uso de vestimenta occidental o la prohibición de portar katana en la vía pública— tenían muy molestos a los samuráis. Saigó Takamori, uno de los líderes más viejos, se retiró a sus dominios, donde estableció academias de guerra. El 12 de febrero de 1877 anunció su intención de marchar a Tokio para entrevistarse con el emperador. Doce días después, la armada principal atacó el castillo en un movimiento con pinzas. Un choque frontal dejó a Saigó herido de muerte. Sus seguidores aseguran que uno de ellos, Beppu Shinsuke, lo ayudó a hacer el harakiri (suicidio con daga) antes que fuera capturado. Saigó Takamori fue etiquetado como “héroe trágico” y el emperador Meiji lo perdonó post-mortem en 1891.

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