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Belleza

Revolución de la luz

Piel joven y Natural

Por: Alfredo López

Ya no más. El maquillaje deja de ser una barrera contra la luz y, al revés, empieza a potenciar la luminosidad propia de la cara. Un diálogo amable con la melanina, el colágeno y el color natural, en manos de un grande de la cosmética: Lancôme.

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Aunque la ciencia se ha dedicado por décadas a establecer los códigos de una piel hermosa y saludable, el maquillaje y su carga de colores lustrosos, de acabado mate y con texturas aterciopeladas, han dejado en segundo plano lo que debiera ser un imperativo en cosmetología: permitir que el tono de cada cara pueda expresarse con toda su fuerza original. No es una tarea fácil: los rayos ultravioleta obligan a protegerse con impenetrables productos de factor solar, y las mujeres se imponen el uso de bases para emparejar y sellar el tono, bloqueando el natural viaje de ida y regreso de la luz a través de las distintas capas de la dermis.

Al rescate de la luminosidad propia de cada mujer, Lancôme armó una dupla femenina imbatible: Julia Roberts, símbolo universal de la naturalidad y rostro de la nueva línea de bases y sérums Teint Miracle, y Verónique Delvigne, doctora en farmacéutica y bióloga de la piel, quien lleva más de veinte años estudiando los mecanismos de hidratación y la incidencia de los radicales ambientales en el resplandor de la piel.

EN SU ÁREA ES UNA EMINENCIA. Llegó al grupo L’Oréal en 1987 para integrar los equipos a cargo de los laboratorios de biofísica. En 1999 fundó el Departamento Científico Internacional de Lancôme, y actualmente encabeza investigaciones de impacto mundial junto a especialistas como Louis Ignarro, premio Nobel de fisiología; Peter Elias, conocido por sus estudios sobre los beneficios del calcio; Matthew Nugent, experto en matrices extracelulares; además del doctor japonés Kowichi Jimbow, el gran cerebro de los temas asociados a la pigmentación.

Autora de distintos libros sobre cuidados, innovación dérmica e hidratación, es invitada frecuente a conferencias en Europa, Estados Unidos y Asia. Conoce la piel de las mujeres de distintas latitudes y cree que ya es hora de que ellas aprendan a usar productos que respeten su propia luminosidad.

—¿Cómo nacieron estas investigaciones?

—Nos concentramos en descubrir si efectivamente existía una correspondencia entre luminosidad y calidad de piel. La salud es algo que se irradia y que logra mantener un aura de frescura y lozanía.

—Los laboratorios pocas veces hablan de la incidencia de la luz sobre la dermis, ¿estamos frente a un descubrimiento revolucionario?
—Nuestro trabajo se ha focalizado en conocer ese diálogo desde el punto de vista de la cosmética. Generalmente se le ha ligado al maquillaje y, de alguna forma, se asumía que la piel estaba casi en un estado inerte. Error: el cutis tiene su propia capacidad de reflectar luz…

“La tendencia en el tiempo ha sido imponer un acabado opaco y mate, como si la piel no tuviera nada que decir. Todos esos productos con pigmentaciones bloqueadoras y nacaradas no lograban mostrar el semblante de luz que todo rostro tiende a manifestar de forma original”.

—Se habla de que existen varios caminos de la luz…
—Claro. Sólo un cinco por ciento de ella rebota sobre la piel, lo que se denomina ‘el resplandor de la superficie’. Pero el 95 por ciento restante interactúa con la epidermis y la dermis. Un 55 por ciento es absorbido y otro 40 por ciento es refractado hacia el exterior. Hay que tener en cuenta que la luz que ingresa contiene todos los colores del arco iris, los mismos que luego se transforman en una irradiación rosada debido a la acción de la melanina y la hemoglobina, que sintetiza sobre todo los tonos azules. Después esa luz rosada, al entrar en contacto con el colágeno, se difunde en la dermis y es redirigida hacia el exterior.

“El único modo de conservar e irradiar juventud y tersura es intervenir muy cuidadosamente el proceso de iluminación de la piel, y estimularlo. La idea es no obstruir el camino lumínico que proviene de las capas interiores”.

—Uno tiende a asociar a la luz como un factor de envejecimiento…
—Asumir eso es un error, aunque obviamente hay que protegerse. La luz que penetra la dermis consigue efectos siempre saludables, no solamente porque estimula las capas más profundas, sino también porque actúa de manera directa en la formación de colágeno y en la correcta microcirculación sanguínea.

—¿Cómo le explicaría a una mujer esta nueva generación de bases?
—Como una esencia de luz líquida constituida por finas láminas geométricas de aspecto espejado, cinco veces más pequeños que un nácar…

—¿Por qué Julia Roberts encarna el espíritu de estas investigaciones?
—Ella tiene ese componente de ser natural todo el tiempo, de mostrar el tono de su piel sin complicaciones. En definitiva, es una mujer con un brillo especial, fresca y luminosa. Ella parece haber entendido muy bien el mensaje.

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