Las edades del pelo
Belleza
Cambios hormonales, el paso de los años y las exigencias de la moda lo vuelven vulnerable y modifican su estructura. Hay fórmulas y maneras de luchar contra el tiempo y los agentes externos. Hablan los expertos.

Los productos ‘reparadores’ son tema del pasado. Hoy la tendencia dice que un pelo radiante y sano sólo es posible con prevención y protección. Los laboratorios internacionales lo saben bien, por eso trabajan con muestras capilares de mujeres de diferentes rangos de edad. La misión es determinar con rigor cuáles son los problemas más frecuentes, según las etapas de la vida.
“Se está poniendo el acento en prevenir las agresiones externas y el paso del tiempo en vez de ‘arreglar’ el daño. Lo nuevo es generar respuestas para cada mujer, porque todas necesitan cuidados diferentes”, dice Pilar Fernández, de Procter & Gamble Chile.
A partir de la pubertad la mayoría de las cabelleras viven su mejor época. Pero también es la época cuando se producen mayores y más drásticos cambios, especialmente en coloración. “Casi todas las adolescentes experimentan. Se hacen mechas, alisados, tinturas, abusan de secadores y planchas. Es el momento de crear hábitos y aprender a usar tratamientos específicos: hidratar, proteger y desenredar”, señala William Elisondo, de la división de productos profesionales de L’Oréal Chile. El uso de un champú suave es fundamental, también sirven algunos métodos caseros como emulsiones con huevo, palta y aceite de oliva. El dermatólogo Francis Palisson explica que es fundamental una dieta rica en antioxidantes, “presentes en pescados, verduras y frutas. Lo mejor es el consumo habitual de un comprimido de cítricos, o bien suplementos que contengan vitaminas E y A. Ojo con el déficit de zinc y los problemas a la tiroides que pueden producir resequedad en el pelo”, añade. El exceso de grasitud puede afectar a las más jóvenes. “Se recomienda aplicar productos que limpien con más eficacia como los que tienen bases de ortiga blanca, miel y aloe vera. El uso constante del calor para alisar y secar, inevitablemente provoca deshidratación. Lo mejor son los protectores térmicos que otorgan suavidad y brillo”, propone Helena Sliachticas, directora técnica de Plus Hair Chile.
El frizz es un obstáculo que puede aparecer a toda edad, pero abunda entre las treinteañeras. Los tratamientos basados en los principios de la keratina orgánica, que se obtiene de la lana de oveja de Nueva Zelanda, son excelentes porque cubren la cutícula y sus nutrientes penetran en el centro de la fibra. A diferencia de la hidrolizada y sobreprocesada, que se asocia a efectos perjudiciales para la salud, la keratina bioactiva está compuesta de largas cadenas de proteínas muy parecidas a las que se presentan naturalmente en el pelo. Y que, con el paso del tiempo, va perdiendo su calidad y cantidad.
Avanzados los cuarenta, los nutrientes son relevantes. “A esa edad comienzan notoriamente los cambios físicos y capilares. Se pierde melamina (la que entrega el color) y aparecen las canas. Se suma la deshidratación y los pelos se tornan más secos y delgados. En definitiva, la vitalidad decae y hay que elegir elementos que aseguren vigor y nutrición”, observa William Elisondo. Se recomienda un champú neutro con aceites orgánicos o uno hidratante con proteína de seda y trigo, también la aplicación de mascarillas caseras con palta y aceite de oliva.
La fibroporosidad es lo más alarmante en las décadas siguientes. “La estructura interna aparece como si estuviera llena de microtúneles. El déficit de melamina deteriora además la superficie y, por ende, se pierde densidad. Es un efecto que se acelera a partir de los cuarenta y cinco años”, dice Natalia Montecinos, product manager de Kérastase. A medida que avanzan los años el cuero cabelludo se tensa y se asoman los primeros síntomas de sequedad. “Ocurre por la pérdida de ácido hialurónico y una reducción continua de la cantidad de sebo, el mismo que nos molestaba a los quince y que de jóvenes se combina con el sudor, produciendo una suerte de barrera o film hidrolipídico de gran protección”, agrega Montecinos. Comer grasa animal es fatal durante este período. Hay que evitar helados, chocolates y café, porque irritan el sistema nervioso con riesgos de alopecia precoz. Bienvenidas son las verduras de hojas verdes y está comprobado que lechuga, espinaca, acelga, rúcula y coles de bruselas aportan hierro, ideal para la fortificación de las hebras capilares. Las carnes rojas deben ser asadas, nunca estofadas ni fritas. Así entregan proteínas esenciales. Dos litros de agua diarios y el consumo de vegetales ricos en magnesio, como plátanos y cereales de avena y trigo, completan una dieta para un pelo resistente.
Los minerales son el gran salvavidas. “El calcio, presente en legumbres, almendras e higos secos, funciona como oligoelemento que brinda rigidez y solidez. Tampoco hay que olvidar la vitamina F y sus ácidos grasos; las ceramidas que reparan la cutícula; antioxidantes como el aceite de granada que frena el envejecimiento. O el revolucionario ácido hialurónico, el mismo de las cremas faciales, pero que en el pelo permite que cada hebra capte mayor cantidad de agua. El Intra-Cylane, introducido en el mercado por Kérastase e inspirado en las partículas de silano que tienen la capacidad de crear una red tridimensional expansiva en el corazón de la fibra, logrando mayor densidad”, explica Natalia Montecinos.
El pelo también necesita bloqueador contra los rayos UV. “Estos provocan daños visuales que se traducen en una fibra opaca, rígida y sin movimiento. Algo que se siente al tacto: mayor aspereza, además de puntas partidas y porosas. Se aconseja ocupar cremas, champú y acondicionadores con filtro, vitaminas y antioxidantes, sobre todo si hay coloración y exposición al agua de mar o al cloro de la piscina, ya que la hebra tiende a dilatarse”, propone Elisondo.
Aunque la caída no genética no se relaciona con la edad, la menopausia puede producir cuadros de alopecia en las mujeres. “Sus causas derivan de situaciones puntuales de estrés, neurológicas o alteraciones químicas relacionadas con falta de proteínas, minerales y déficit hormonales. Aparecen las canas y finalmente la estructura es otra en un ciento por ciento”, explica Sebastián Ferrer, embajador de Pantene en Chile. En esta etapa, los productos con minerales específicos y que aplacan la pérdida, deben ser usados religiosamente. Por ningún motivo, olvidar los masajes vigorizantes y las vitaminas para mantener el tono.
Las microsiliconas son hoy el tratamiento revolucionario. Mejoran la estructura interna de la fibra y son más livianas que la keratina. Aliadas insuperables en esta tendencia que dice que para un pelo sano, más vale prevenir que lamentar.
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