No es fácil estar en la sala de máquinas de un barco y, de un día para otro, pasar a empuñar el timón. Más aún, si se trata de un trasatlántico llamado Apple y su antiguo capitán fue un líder carismático e icónico como Steve Jobs. Alguien que, literalmente, cambió el mundo. Su sustituto, Tim Cook, acaba de cumplir un año en el puesto de mando y, hasta ahora, la nave no ha encallado; al contrario, navega firme y segura, con el viento a favor: las utilidades han aumentado  bajo su mandato un 20 por ciento, la empresa se convirtió en la más valiosa de Wall Street (con una capitalización bursátil de 625 mil millones de dólares) y sigue lanzando productos.
Al margen de eso, otro gran logro: la victoria de Apple sobre Samsung por el uso de patentes. La corte de California determinó que la firma coreana infringió varias patentes de Apple de sus dispositivos móviles como el iPhone y el iPad, como las pantallas touch, el diseño de la superficie frontal oscura y los íconos, entre otros, en equipos como Galaxy Ace, Infuse 4G,Galaxy S II, Galaxy Tab, Nexus S y Epic 4G. Y por eso lo sentenció a pagar 1.051 millones de dólares en compensación.
Otro punto para el nuevo capitán aunque ya muchos se preguntan: ¿Qué parte de esta brillante trayectoria se puede atribuir a su desempeño y cuál a la inercia de la gestión Jobs?

TIM COOK NO ES JOBS. NO TIENE SU MAGIA. Lo dijo él mismo en una ocasión: “Steve es insustituible”.
A ojos de cercanos, el nuevo CEO parece un tipo calmado, tímido, reservado y afable (mucho más que el irascible Jobs). No levanta nunca la voz y mantiene habitual contacto con sus empleados vía mail. No le gusta tanto el escenario como a su antecesor: cuando se lanzó el iPhone 4S, la presentación corrió a cargo de uno de sus directivos.
Pero también lo describen como muy exigente, metódico, perfeccionista y, como Jobs, un adicto al trabajo. Ha llegado a enviar correos a las cuatro y media de la madrugada y a menudo cita a conferencias telefónicas el domingo por la noche. En la oficina, tiene la costumbre de comer barritas energéticas, posiblemente para no perder tiempo alimentándose.
Sobre su vida personal, se conocen menos detalles: nació en Alabama (EEUU) hace 52 años. Su padre era constructor de barcos; su mamá, dueña de casa.
No es un secreto su homosexualidad —que le ha valido el título de “el gay más poderoso del mundo”—, aunque no se le conoce pareja. Las asociaciones de homosexuales aplaudieron su ascenso porque lo consideran un avance en el cerrado y poco liberal ambiente de los altos cargos y grandes corporaciones.
Como Jobs, Cook es poco amigo de alardear riqueza, a pesar de que su sueldo anual supera los 350 millones de dólares. Un diario español calculó que le alcanza para comprarse, si quisiera, un Airbus A380, el avión más grande del mundo, o un súper Jumbo.

CUMPLE 14 AÑOS EN LA COMPAÑÍA. En su currículo figuran otros 30 años de experiencia en la industria tecnológica, en firmas como IBM o Compaq. Antes de tomar el timón de Apple, Cook fue director de operaciones globales de la empresa. Se le considera artífice de su éxito financiero, responsable de los buenos resultados. Los papeles estaban bien repartidos: él se encargaba de los números y Jobs, del producto. Antes de su ascenso definitivo, Cook ya había tomado las riendas de Apple durante las tres bajas por enfermedad de Jobs, así que sabía bien qué debía hacer.
A un año de la muerte de Jobs, algunos afirman que Apple se está convirtiendo en una firma más profesional. El reto es lograrlo sin perder la genialidad. Y que la innovación, tan ligada hasta su muerte al  visionario Steve, siga en los genes de la compañía. Eso se verá si lanza más productos innovadores, impactantes y revolucionarios, como en la era Jobs. Se dice que el último IPhone, el 5, no es tan revolucionario como cabría esperar.

CUANDO COOK ASUMIÓ COMO NUEVO CEO, el primer mensaje a sus empleados fue que Apple no iba a cambiar. No fue tan así. Hoy existe mayor sensibilidad por las condiciones laborales. El propio Tim se desplazó hace poco a China para conocer de primera mano la situación de los trabajadores de una empresa proveedora. Jobs, dicen, no se hubiera molestado en ir tan lejos.
Otra diferencia: su antecesor era contrario a las donaciones filantrópicas o al pago de dividendos, y nunca se sentaba con los inversionistas. Cook lo hace… Puede que él no tenga tanto carisma, pero parece mostrar más sensibilidad —no se sabe si es real o sólo algo publicitario— por estos temas.
¿Impone un nuevo modelo de liderazgo?
Un año es poco para extraer conclusiones. Habrá que esperar para ver el rumbo definitivo que toma el trasatlántico y comprobar si a Cook le viene bien o le queda grande el timón.
“No penséis en cómo haría yo las cosas, pensad en cómo hacerlas bien”, dijo Jobs al dejar Apple.
De eso nomás se trata.

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