Están de moda las fotografías y notas en redes sociales alegando por la intromisión de la tecnología en nuestras vidas. Entrometimiento que supera lo cotidiano -o acostumbrado- del interactuar entre los humanos. Cuestiones que van desde quienes no son capaces de dejar mirar un móvil mientras comen, a parejas que terminan su relación porque uno de los dos, no sabía comportarse en público más que interactuando con un gadget (dispositivo tecnológico).

Más allá de encontrar justificativos médicos a este comportamiento, ¿Para qué estamos con cosas? Hay más de sentido común y modales frente a cómo socializamos.

Hoy, en Inglaterra, existe la polémica de una cajera en un supermercado que simplemente se negó a atender a una cliente, debido a que ella hablaba por teléfono mientras pretendía pagar por sus productos. Ha sido tanto el escándalo, que el tema llegó hasta el mismo Gobierno. Incluso, el Viceprimer Ministro del Reino Unido, Nick Clegg, simpatizó con la actitud de la cajera.

¿Por qué? Básicamente porque es molesto llegar a un encuentro o reunión, donde la interacción pareciera venir de un solo lado al sentir la poca o nula atención que te están dando, ya que ni siquiera te miran los ojos. Es realmente frustrante, y así podríamos entender lo que vivió la cajera.

Ahora, lo entretenido de la historia es escuchar a la cliente, la cual se quejó con el establecimiento y reclamó sobre por qué tenían que darle una “conferencia sobre urbanidad en una caja de supermercado”. Además de la poca tolerancia, la cliente cae en un horroroso clasismo de quien es idóneo –por su status social– de saber qué son buenos modales.

Pero, ¿qué dice la opinión pública? En general, y por mucho que pareciese ser lo contrario, la gente está en contra de esta actitud. Entienden la frustración de alguien cuando el otro pierde el gusto de seguir compartiendo, al ver que no está siendo escuchado como corresponde, y demuestra una falta de educación debido a que cuando se comunica algo, se espera un feedback. Mínimo que exista una disposición recíproca.
Volviendo al caso de la chica inglesa, un 84% de los encuestados en una consulta popular por el diario Daily Mail, está a favor de la actitud de empleada del supermercado.
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En mi opinión, todos los modales provienen desde casa. Los padres deben entender que las actuales generaciones son parte de un sistema hiperconectado y que por consecuencia, más que ser un “anti-tecnología”, deben aceptarla y entenderla como parte de nuestra cotidianidad. Así, como pretenden enseñarle a un chico a utilizar un tenedor o comer con la boca cerrada, hay que enseñarle también que parte de las interacciones con otras personas radican en el entendimiento y la atención que merecen.

En todo caso, y en honor a la verdad, esto no es un asunto de usar o no un teléfono frente a otra persona. Muchos casos también van con la evidencia de ser respetuoso y pedir permiso –o consultar– si efectivamente molesta que tenga que atender una llamada u otra acción en un dispositivo móvil. Como dicen por ahí: “Modales en si, es el conocimiento que tiene uno de amabilidad, cortesía e interés por el cuidado de las personas ajenas.”

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