“Compartir momentos”, de eso se trata, y el lema es literal: son máximo 10 segundos de imagen o vídeo (llamados snaps) que pueden ser enviados a una especie de “muro” público o compartidos en forma privada con amigos.

Cada snap privado puede ser visto sólo una vez antes de desaparecer, y los que están en la historia pública duran 24 horas antes de perderse indefinidamente en el vórtice de la red. Para toda una generación que ha crecido con el miedo de “lo que subes a la red se queda ahí para siempre”, Snapchat es un alivio social y moral: selfies feas y fotos inescrupulosas pueden compartirse para pasar el rato sin el miedo de ser ridiculizados por el resto de sus vidas.

Además, no existe un buscador abierto para encontrar a la gente en la app, sino que es necesario tener el nombre de usuario específico para agregarse y comenzar a compartir archivos. Esto asegura a los jóvenes que sus snaps llegan sólo a amigos y conocidos. La aplicación se ha hecho tremendamente popular (los datos hablan de dos billones de snaps… ¡diarios!) debido a lo mismo: a diferencia de otras redes —en las que se puede buscar por nombre— es posible limitar los seguidores a un grupo cerrado.

Debido a lo breve de los archivos y al grueso adolescente de sus usuarios, Snapchat se ha ganado una fama como red para sexting (el envío de fotos sexualmente sugerentes). Pese a que no existen cifras determinantes, sí representa una preocupación para algunos. Es verdad, las fotos duran 10 segundos, pero ¿cómo saber si el que está al otro lado de la pantalla está grabando todo? ¿Y si está con un grupo de amigos mirando snaps que debían ser privados?

La mejor forma de asegurarse: Hablar. Apps como estas son fieles representantes de un quiebre generacional marcado. Mientras para los padres, enviar una foto que desaparece al rato no tiene sentido, para los quinceañeros es una forma esencial de socialización. No es posible vivir metidos en los smartphones de toda la familia las 24 horas, pero sí se puede tener una conversación abierta y sincera sobre qué es lo que conviene o no compartir, tanto en Snapchat como en el resto de la red