Es difícil que salga a correr, lo admito. Pero eso ha ido cambiando gracias a la experiencia de hacer ejercicio con un wearable: una pulsera que detalla las pulsaciones por minuto, el ritmo por kilómetro, la distancia recorrida y la que definitivamente es mi favorita: las calorías quemadas. Ser capaz de ir monitoreando estos datos es una motivación extra para hacer deporte, ya que soy más consciente del beneficio inmediato que esto genera.

Otra cosa de este accesorio que llamó inmediatamente mi atención es que puedo publicar la información de mis rutinas de ejercicio en las redes sociales. Me fascinó esta posibilidad. ¿Realmente es necesario divulgar todo en Facebook? Sí, porque me cuesta, y sí, porque estoy haciendo un gran esfuerzo del que me siento orgullosa, así que quiero gritarlo a los cuatro vientos y compartirlo con todo el mundo.

Encantada con esta tecnología, e investigando un poco más, me encontré con un nuevo término: Salud 2.0.
Los wearables —concepto que en realidad se refiere a un dispositivo electrónico que se utiliza en alguna parte del cuerpo, como gafas, camisetas, relojes, brazaletes, etcétera— pueden aportar en nuestra calidad de vida mucho más allá del ámbito deportivo.

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Hace unas semanas se realizó la séptima edición del Health 2.0 Europe 2016, el mayor encuentro europeo de salud digital. Uno de los principales temas tratados fue el de los wearables y su uso en la medicina. Hoy, es posible que los doctores monitoreen mediante estos aparatos a personas con enfermedades crónicas, respiratorias o diabetes. El dispositivo mide la tensión arterial, o el nivel de glucosa, y luego comparte esa información en un historial clínico digital: más eficiencia en el sistema y más autonomía para el paciente.

La calidad de vida también mejorará para quienes padezcan epilepsia y para sus familias. Esa es la misión de Embrace, una novedosa pulsera que tiene la capacidad de medir la actividad electrodérmica del individuo, con un sensor para la piel, un giroscopio, un acelerómetro y un termómetro. Con esta tecnología, el wearable medirá el pulso del usuario, monitoreando sus movimientos y síntomas. Así, se puede detectar las crisis epilépticas y avisar mediante una alarma a las personas previamente asignadas.

Pero eso no es todo, porque el futuro trae más avances. Google X trabaja en un innovador proyecto que podría detectar el cáncer. La nueva apuesta es una pulsera que trabajaría con nanopartículas de óxido de hierro. El usuario tendría que tomarlas, para que luego viajen a través de la sangre, detectando células cancerígenas, que serían identificadas, marcadas, y reportadas mediante el brazalete. Algo parecido se desarrolla también en la Universidad de California en Berkeley, con un artefacto que en vez de analizar la sangre, chequeará los componentes del sudor para detectar problemas de salud. La información se transmitirá de forma inalámbrica al celular.
La salud digital sin duda cambiará las cosas. Un pequeño dispositivo para el hombre, un gran paso para la humanidad.