Smartphone, tablet, email, Whatsapp, Twitter, Facebook, Candy Crush… y podría continuar con una lista interminable de elementos y aplicaciones tech que, sin duda, a muchos nos han facilitado la vida. Sin embargo, ¿cuándo cruzamos la delgada línea? Aquella que separa a los “conectados” de los “hiperconectados”, esa que distancia a los que están con su teléfono y no “para” su teléfono.

“Quien no haya contestado emails cuando está conversando con alguien… Que lance el primer smartphone”, debería decir el refrán geek. Más allá de la pérdida de las normas cívicas y el respeto –tema que da para otra discusión–, la necesidad de estar conectados en todo momento con la red, más que comunicarnos con otros, nos ha incomunicado con lo que realmente está pasando en el mundo real.

Mientras las conexiones a Internet en nuestro país continúan aumentando –y la velocidad promedio es una de las más altas de América Latina (sólo superados por México)–, la sociedad aún no entiende cómo utilizarla. Sólo basta con mirar en la calle. ¿Cuántos vamos con la cabeza gacha mirando la pantalla de nuestro smartphone o tablet, sin observar nada ni a nadie? Incluso he visto a varios que se han tropezado o chocado con alguien (menos mal que eso todavía no me sucede).

Wp-Hiperconectados-450

Sin ir más lejos, hace unas semanas hasta la Iglesia cruzó al lado oscuro. El Vaticano tuvo que salir a desmentir y aclarar una información errónea que se expandió por los sitios de noticias en todo el mundo. “El Papa Francisco perdonará tus pecados vía Twitter”, decían los titulares de varios medios de comunicación.

El director de la Agencia Católica de Informaciones (ACI prensa) decidió dar explicaciones por la confusión: “La indulgencia plenaria no es el perdón de los pecados” mencionó, agregando que es necesario confesarse para recibir la absolución en forma virtual. Otros fueron más tajantes, como el sacerdote jesuita James Martin quien declaró en una columna para CNN: “Lo siento, pero retwittear al Papa no te sacará del infierno”. Mi pregunta es –para creyentes y no creyentes–, ¿De verdad creen que sus pecados serán perdonados por Twitter?

Tal vez sea hora de implantar un actualizado Manual de Carreño digital, aquel que nos obligue a dejar nuestros smartphone en off a la hora de reuniones de trabajo y familiares para poder enfocarnos en el mundo real del “aquí y ahora”.

Porque si bien –siguiendo con el ejemplo papal– la misma tecnología nos permite ver vía streaming las diversas ceremonias del Papa en la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, al estar pendiente constantemente de lo que sucede en otras latitudes, te pierdes acciones tan cotidianas como que tu madre prepara tu plato de comida favorito con dedicación o bien la realidad que se vive en tu propia ciudad.

La híper-conexión nos ha jugado una mala pasada. Miremos hacia afuera… están pasando muchas cosas.

 

Comentarios

comentarios