Rápidamente, sin la necesidad de contar con internet y burlando los controles del gobierno chino. Así se han comunicado los estudiantes de Hong Kong que iniciaron el movimiento “Occupy Central with love and peace” para pedir elecciones libres en la isla.

En la ciudad más conectada del mundo, donde cada habitante cuenta con 2,5 celulares en promedio y los siete millones de personas que viven allí cuentan con internet, los manifestantes lograron organizarse, saltar los controles que las autoridades ejercen en las redes sociales y cortes de red selectivos, gracias a Firechat,  una aplicación de mensajería instantánea desarrollada por la Fundación Open Garden, que promueve la neutralidad de la red, la democratización del conocimiento y el acceso a banda ancha de calidad. 

La gracia es que Firechat es capaz de enviar y recibir mensajes a través de conexiones Bluetooth P2P y WiFi directo para enlazar con otros teléfonos móviles. De esta manera se crea una red en la que los mensajes viajan de celular a celular sin tener que pasar la información por ningún router ni servidor central.

Originalmente fue creado para permitir la comunicación en medio de una gran aglomeración de gente -como en conciertos y grandes eventos deportivos- cuando las conexiones móviles suelen colapsar.

Esta no es la primera vez que una aplicación o una red social juega un papel importante en la creación y expansión de un movimiento ciudadano. Ya ocurrió con “Occupy Wall Street” en Estados Unidos, el movimiento de los Indignados en España e incluso la “Primavera Arabe”, cuando Facebook, Twitter y YouTube sirvieron para articular a los manifestantes, dar a conocer su postura y buscar apoyo a nivel global.

En el caso de Firechat, el crecimiento fue explosivo una vez que se iniciaron las manifestaciones en Hong Kong: en sólo dos días más de 210 mil personas habían descargado la aplicación, se abrieron más de 2 millones de sesiones de chat con una duración de 3 minutos en promedio y se alcanzaron peaks de 35 mil usuarios simultáneos en la misma zona.

Así, jóvenes universitarios que no se conocían y que probablemente tienen gustos distintos en un millón de cosas, pero que están de acuerdo con una causa, lograron conectarse, fijar un día y una hora, y poner en marcha el movimiento de protesta más grande en territorio chino desde las manifestaciones ocurridas en la Plaza de Tiananmen en 1989.