Cuando Narciso se enamoró de su reflejo, luego de despreciar el amor de la ninfa Eco, el único consuelo que encontró fue observar su imagen día y noche en un arroyo. Aún no existían los espejos, por lo que tuvo que conformarse con ese primitivo método. Fue el químico alemán Justus von Liebig quien en 1836 desarrolló un proceso mediante el cual juntó una delgada capa de plata con un panel de vidrio, generando así el primero de la historia. Desde allí, la técnica se ha pulido y hoy este utensilio que sigue las leyes de la reflexión es un accesorio infaltable en tocadores y carteras. Pero así como la Reina Malvada en Blancanieves solía preguntarle a su espejo

¿Qué mujer de este reino es la más hermosa?, las nuevas generaciones exigen cada vez mejores cualidades en sus reflejos. Para todos ellos, HiMirror nace como la opción más tecnológica que permite mantener un cutis perfecto. Se trata de un dispositivo que, gracias a sus sensores, evalúa la calidad de la piel de la persona que tiene enfrente. Registra sus arrugas, ojeras, acné o manchas y a partir de ello elabora un informe que incluye una evaluación de la firmeza, el brillo, la textura y la claridad.

A continuación, sugiere una rutina personalizada, teniendo en cuenta los productos de belleza con los que cuenta el usuario e incluso recomienda la compra de otros artículos. Como si fuera poco, el espejo que cuesta casi 200 dólares, también comparte gráficos con los cambios y avances observados durante un determinado lapso, para que así su dueño pueda comprobar de qué manera repercutió la rutina. Todo esto sobre la base de un mecanismo que fusiona la última tecnología en cámaras fotográficas digitales y un potente procesador de datos. Resistente a la humedad y con capacidad para adaptarse a distintos niveles de luminosidad, este nuevo grito tecnológico es el compañero ideal para quienes quieran mejorar la apariencia y también la salud de la piel sin siquiera salir de casa.