El 99,9 por ciento de las personas no pueden darse los gustos que está por leer. ¿Qué cosas puede hacer el 0,1 por ciento restante? Por ejemplo, arrendar un jet para que sea su taxi, o manejar autos que cuestan 350 millones de pesos. El mercado viene en alza y las marcas de lujo ya ven al país como tierra fértil para este segmento. Ferraris, Aston Martins y Rolls Royce son cada vez más frecuentes en las calles de la ciudad. Los cielos también se han ido ocupando cada vez más con servicios de transporte. Tal es el caso de los taxis aéreos, vuelos en jets o helicópteros privados donde el cliente pone las reglas.

Aerocardal es una empresa de aviación ejecutiva que ofrece servicios exclusivos. El sistema funciona así: el cliente llama para pedir un presupuesto, plantea la ruta que él estima conveniente, fija el horario de salida según su agenda y hace sus pedidos de atención a bordo. “Desde un sándwich de queso hasta langostas, caviar o champaña. Lo que quiera”, dice Ricardo Real, gerente general de la empresa. La modalidad es tan flexible como la de un radiotaxi, sólo que por los aires y un poco más caro: la hora de vuelo cuesta, en promedio, 5.500 dólares (18.000 dólares por ir a Arica desde Santiago, por ejemplo).

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Eso sí, se paga por lo que se recibe. “Uno tiene la ventaja que puede llegar 15 minutos antes del vuelo, se ahorra todos los trámites del aeropuerto, nunca pierde el avión porque se mueve según sus horarios, y además puede pedir la comida que quiera. Es un servicio muy personalizado”. Los tiempos son otro punto a favor. Los aviones viajan a 950 kilómetros por hora, por lo que se puede, por ejemplo, aterrizar en Zapallar en apenas 22 minutos. La empresa realiza un vuelo cada dos días con una demanda que, según Real, ha crecido entre un 10 y 12 por ciento durante los últimos cuatro años. Y como si fuera poco, la compañía coordina el traslado del pasajero una vez en su destino. Limusinas o autos de lujo para moverse mientras dura su estadía.

Los helicópteros también han aumentado su presencia durante los últimos años. Sergio Nuño, representante de la fábrica Robinson en Chile, asegura que cada vez hay más particulares interesados en darse uno de estos gustos. Por lo menos en su empresa, ha visto cómo sus ventas, respecto sólo de 2012, han aumentado en un 300 por ciento. “Es un alza sostenida durante el último tiempo, pero el 2013 ha sido el mejor de los últimos quince años”, dice. Un helicóptero puede costar 225 mil y llegar a los 7,5 millones de dólares. Sumado a eso, para poder viajar tiene que gastarse, por lo menos, mil pesos por minuto de bencina. “Es caro, pero la sensación de volar es impresionante. Dejas todos tus problemas en tierra y te sientes muy parecido a un ángel”, asegura Nuño. La ciudad también ha sabido adaptarse a la llegada de estos aparatos: la construcción de helipuertos se duplicó en la última década, pasando de 27 en 2003 a 58 en 2013.

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En las calles el panorama no es muy distinto. Es cuestión de observar cualquier autopista para darse cuenta de la invasión de autos que antes sólo se veían en películas o en formato de juguetes. Los números reflejan esta tendencia. Según la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC), los autos de lujo han sufrido una potente alza en los últimos años. Por ejemplo, en 2000 se vendió un solo auto de valor superior a los cien millones de pesos. Siete en 2007 y, tras eliminarse el impuesto al lujo ese mismo año, hubo un salto explosivo a 72 unidades en 2010. Hasta septiembre de este año, se vendieron 39 máquinas.

“Esto se explica por el notable crecimiento que ha tenido el país en el último tiempo, y porque la gente se está atreviendo al lujo, está disfrutando del producto. Existe un cambio en las conductas del consumidor”, dice Nicholas Parkes, gerente general de Ferrari Chile. La marca del ‘Cavallino Rampante’ vendió 17 vehículos el año pasado y pretende llegar a los 25 en 2013. Los precios parten en los 250 mil dólares, 125 millones de pesos. “El perfil de la persona que compra un Ferrari es el de un apasionado que busca exclusividad, diseño, tecnología y deportividad, además de la excelencia que caracteriza a la marca”, agrega. Además, los autos son fabricados “como en un atelier” ajustándose a la preferencia del cliente, por lo que ningún modelo es igual a otro.

Ahora, si se quiere tener la elegancia de la realeza sobre ruedas, la opción es Rolls Royce, la mítica marca inglesa que llegó a Chile en enero de este año. Aterrizó con dos modelos, el Ghost y el Phantom II, verdaderos palacios con motor. Equipados con la última tecnología y preocupados hasta de los más mínimos detalles. Un paraguas en la puerta, un mini bar en el asiento trasero, un set de picnics en la maleta, o un medidor de puros en la guantera. Todo está pensado. El interior puede ser completamente personalizado, con cueros, maderas y bordados en los asientos con el diseño y colores que el cliente quiera. Los precios… hasta 700 mil dólares, 350 millones de pesos. Son los autos más caros que hay en el país. “Puede sonar mucho, pero uno paga por la elegancia y la excelencia. Estos autos nunca van a fallar. De hecho, hay un Rolls Royce del ’27 que todavía anda impecable. De todos los autos que se han fabricado desde 1904, el 65 por ciento sigue en las calles. Ninguna otra marca tiene ese registro”, dice Alejandro Richard, gerente general de la marca en nuestro país. En lo que va de 2013 se han vendido cinco autos, una cifra más que positiva considerando el poco tiempo que llevan.

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Otro auto que ha ido apareciendo cada vez más en las calles es el ultra deportivo y aún escaso Lamborghini. No cuenta con una sucursal en el país y las ventas sólo eran por encargos a través de la importadora Momo. Actualmente, Porsche Holding adquirió su representación en Chile. En 2007 llegó su primer modelo, el Gallardo, a 150 millones de pesos. Desde entonces, son 27 los ejemplares que literalmente rugen por el país, según el Registro de Vehículos Motorizados. Sus precios pueden alcanzar los 450 mil dólares, o sea, 225 millones de pesos.

Maserati es otra marca que encontró en Chile un lugar cómodo para sus ventas. La firma italiana tiene autos que van desde los 170 a 220 mil dólares. Exclusividad, acabado y un toque artesanal son el distintivo de la firma. Este año esperan cerrar las ventas con 13 unidades, dos más que el año pasado y cinco más que en 2011. “El mercado crece porque Chile es una excelente plataforma. Sólo hay tres sucursales en el continente. Argentina tiene muchos problemas económicos y Brasil cobra unos impuestos increíbles. Acá este segmento está en buen estado”, dice Claudio Robles, jefe de venta de la marca. Su nueva apuesta es la tercera versión del Ghibli, un V6 de 360 caballos de fuerza que llegará a fines de este año. Potencia y elegancia conjugadas en una máquina que, a pesar de que no ha sido estrenada en el país, ya tiene unos cuantos pedidos de reserva.

Por último está Aston Martin, la compañía inglesa de súper lujo que combina elegancia con potencia y cilindrada. En Chile desde agosto de 2010, fue la primera tienda de la marca en toda Sudamérica. Con precios que van desde los 230 mil dólares, el año pasado vendieron 15 unidades. Su última novedad es el Rapid S, catalogado en el Salón de Ginebra como el deportivo de cuatro puertas más elegante del mundo.

Es un hecho: si en los malls están las tiendas más lujosas, es lógico que las calles y los cielos también vivan su propio upgrade.