Sí, el título es raro (y quizás feo). Pero no, no me refiero a que usted vea la parte de atrás de la impresora y note los conectores de electricidad y conexión USB al computador.
Más bien, quiero dirigirme al trabajo científico y de laboratorio que existe a la hora de hacer un producto de impresión, que para sorpresa mía, es bastante notable.

¿Cómo llegué a esto? Bueno, tuve la oportunidad de viajar a Boise, Estados Unidos. En dicha ciudad, se alberga una de las fábricas y centro de impresión más importantes de la empresa HP. Un gran edificio de ingenieros y creativos que originan, desarrollan y prueban impresoras de las formas más notables posibles.

Es extraño pensar en todo el trabajo que existe detrás de un aparato como este. Uno simplemente va a la tienda y compra la más barata.
La impresora, hoy en día y aunque suene difícil de creer, no apunta a imprimir más y más hojas. Busca en ser un centro de digitalización de documentos. Estas máquinas fuera de ejecutar la impresión en sí, pueden resguardar digitalmente papeles y almacenarlos en memorias internas o en la nube. Además de sincronizarse con aplicaciones móviles en smartphones o tabletas para poder hacer respaldos digitales de la información donde y cuando quieras.

En el caso específico de HP, ellos nos contaban la importancia de eliminar los gabinetes con infinidades de papel en las oficinas. Que las empresas fuesen capaces de digitalizar todo lo que tengan y almacenarlos en línea. La venta de una impresora debe ser más que el aparato en sí, debe ser un compendio de servicios digitales asociados al registro de información. Esto llevaba a imaginar una convergencia entre máquinas, Internet, aplicaciones móviles, aplicaciones Web, entre otros sistemas.
Bueno eso por el lado de cómo evoluciona el mercado; ahora volviendo a mi visita en la fábrica de Boise, comencé a dilucidar esto de no mirar en menos el hecho de sacar a la venta un producto de calidad. Históricamente he dicho que valoro a todas las compañías que re-invierten ganancias en estudios y laboratorios de investigación para mejorar constantemente sus productos, y aquí no fue la excepción.
¿Se imaginan pruebas de electricidad contra una impresora? ¿O hacerla funcionar bajo temperaturas extremas de frío y calor? Bueno eso lo pude ver ahí. Absolutamente todo el día con miles de productos. ¿Sabían que el papel en cada parte del mundo es distinto debido a la celulosa con la cual se hizo? HP se da el lujo de comprar hojas de todo el planeta y tiene imprimiendo máquinas 24/7 para saber cómo se comportan sus productos frente esas hojas, siguiendo en detalle el funcionamiento de las máquinas, el papel y sobre todo, de los toners y cartuchos de tinta.

Lo más llamativo fue la prueba de sonido. No imaginé que iban a tener ingenieros acústicos llenando de micrófonos una impresora para descubrir qué ruidos hace y detectar así, lo que puede ser molesto para el usuario. Con modificaciones al producto, terminan corrigiendo las frecuencias del ruido para hacerlas menos odiosas o simplemente eliminarlas de raíz.
¿La conclusión de todo esto? Fuera del entretenido viaje “Geek” que tuve, y de conocer el frío de Boise (-16 grados Celsius), es que una vez más logré darme cuenta que las empresas desarrolladoras de productos físicos, sea hardware o periféricos que entendieron que la riqueza comercial estaba en ofrecer servicios complementarios (entre ellos software), tienen pasos adelantadísimos al éxito en innovación tecnológica.

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