Hacer que el teléfono móvil se transforme en la nueva tarjeta de crédito es uno de los desafíos que desde hace tiempo lleva adelante la industria de la tecnología. La última compañía en sumarse es Apple que en su último keynote junto con anunciar los nuevos iPhone y la introducción del Apple Watch, presentó Apple Pay, su nuevo sistema de pagos móviles. Apple logró alianzas con un gran número de empresas de consumo masivo como Panera, Macy’s y Whole Foods, y con los gigantes de las tarjetas de débito y crédito Wells Fargo, Bank of America, JPMorgan Chase y Capital One y las tres principales redes de tarjetas: Visa, MasterCard y American Express. Todo con el objetivo de masificar el sistema rápidamente.




Si bien la compañía de Cupertino no es la primera en crear este sistema de pago —existe NFC y Google Wallet— ahora, según expertos podría comenzar a expandirse a gran escala.




La idea de hacer del celular la billetera del futuro, también es uno de los focos de los creadores de aplicaciones móviles. Por ejemplo, Über,  el servicio de taxis que a través de una aplicación permite pedir un auto ha tenido éxito porque logró simplificar la vida de los usuarios en dos pasos: no hay que esperar un taxi en la calle y además no se necesita tener dinero en efectivo, pues se puede pagar en línea. Y una aplicación lanzada recientemente en España permite cancelar el estacionamiento a través del teléfono.




Millones de aplicaciones de este tipo van surgiendo día a día. Todas buscan aprovechar el hecho de que el teléfono móvil ya es un objeto indispensable para gran parte de la población. Así, en un futuro cercano, para salir de compras, sólo bastaría llevar el smartphone.



Con todo, el desafío a vencer es la seguridad. Mucha gente aún desconfía de estos sistemas de pagos, temen que sus claves sean intervenidas, hackeadas. Un miedo que no es gratuito, en todo caso, teniendo en cuenta los recientes casos de hackeos masivos a mails.

En la mayoría de países, por el momento, los pagos a través del teléfono son más bien anecdóticos y no alcanzan a representar el uno por ciento del total de las transacciones realizadas en el mundo. Sin embargo, la promesa para seguir desarrollando este tipo de aplicaciones es que ocurrirá exactamente lo mismo que con las compras a través de internet: al principio nadie lo hacía, había un cierto temor de comprar y entregar el número de la tarjeta de crédito sin tener a una persona al frente, pero ya las proyecciones indican que en 2015 las ventas online sumarán 300 mil millones de dólares a nivel global.