No deja de ser una perfecta casualidad que el lugar donde hoy funciona Ideas Factory (IF) sea precisamente en la ex sombrerería Girardi, en la taquillera esquina de Avenida Italia y Bilbao. Un edificio de ladrillos que hoy está siendo absolutamente intervenido para dar lugar a un moderno centro de emprendimiento e innovación que, se espera, podría cambiar la forma de hacer negocios en Chile.

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“Somos una empresa generadora de ideas, que también se relaciona con pensar, con aquello que sale de nuestra cabeza; la coincidencia con los sombreros no es menor”, señala Alejandra Mustakis, diseñadora industrial de la UDP, directora de la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech) y dueña de la firma de muebles Medular y de la desarrolladora tecnológica Kauel

Alta, flaca, la piel morena, lleva impreso en sus genes la sangre palestina que heredó de su madre, y la griega que le dejó su padre, el fallecido empresario Constantino Mustakis. “Soy tremendamente chilena, como rellenitos y bailo griego, una mezcla bien entretenida”, dice ella, quien también sacó de su padre la fascinación por emprender y crear nuevos negocios. “El mejor maestro que he tenido ha sido mi padre. Un tipo que se llevaba muy bien con la vida; encantador, gozador, vividor, un gran hombre”, dice con nostalgia.

Casada con el empresario Pablo Yarur —hijo de Amador— y madre de dos hijos, Alejandra es la única heredera de Constantino, con quien tuvo una estrecha relación, pese a que sus estilos eran muy distintos. “El era más de planificar y estudiar más los proyectos y yo más de acción, pero éramos íntimos amigos, los mejores partners. Era un emprendedor loco, lo que tiene que ver con un gusto por la vida, aunque él en su estilo y yo en el mío. Al final vibraba con cada una de las cosas que yo hacía”.

A su padre le costó entender uno de sus primeros emprendimientos: Medular, una firma de muebles online que ella armó hace nueve años y donde participaban distintos diseñadores. “No podía entender que no tuviera una fábrica, porque aquí cada diseñador se encargaba de su diseño del principio hasta el final”.

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Luego vino Kauel —potro en mapudungún—, una firma de desarrollos tecnológicos. En 2012 le siguió un proyecto vanguardista, que marcaría sus pasos futuros: Stgo. Maker Space, “un espacio donde se juntan los inventores del siglo XXI, ayudándose entre ellos, nutriéndose, lo que hace más fácil partir un proyecto. En el fondo es un gimnasio de ideas donde todos comparten espacio y pagan por estar ahí. Trabajan en comunidad. Eso lo partí con Tiburcio de la Cárcova —también socio de IF— hace dos años”, cuenta Mustakis. 

Cuando su padre ya estaba enfermo e internado en la clínica, en sus días finales, alcanzó a conocer el que tal vez sea el emprendimiento más importante de Alejandra: IF, un modelo único de innovación en Chile que reúne en un mismo lugar a emprendedores, inversionistas, start-ups, laboratorios de prueba, universidades, incubadoras y promotores de la innovación en Chile, en un ambiente integrado y de colaboración. 

“A él le fascinó este proyecto. Yo le había mostrado con hechos que era capaz de hacer cosas, que podía desarrollar algo distinto. Además que IF es también el nombre de un poema de Rudyard Kipling y uno de sus favoritos, tanto que solía imprimir muchas copias y lo regalaba. De alguna manera, para mí esta empresa es en honor a él”. Y sobre la empresa, declara: “Lo hicimos inspirados en que juntos somos mucho más poderosos, más creativos, podemos llegar mucho más lejos. Es un proyecto revolucionario donde tomas la diferencia como una oportunidad, entendiendo que hacer innovación es muy difícil y que por lo tanto nos necesitamos todos, en este puente para trabajar unidos”.

Básicamente, el objetivo de IF es acoger a emprendedores y jóvenes talentos que tengan en mente una buena idea e invitarlos a desarrollarla, entregándoles en el mismo lugar todas las herramientas y facilidades, desde buscar financiamiento hasta realizar pruebas y experimentos, compartir conocimientos “y finalmente desarrollar una cultura del emprendimiento e innovación que genere valor, conexión e inclusión para nuestro país”, describe Alejandra Mustakis, quien cofundó este negocio junto a Lionel Kaufmann —director de Vogt, Kaufmann y de la Asociación de Empresas Familiares (AEF)—, Julián Ugarte —fundador de TECHO y cofundador de Socialab—, Manuel Urzúa —creador de restoranes, centros de eventos, quien trajo a Chile los populares after offices—, además del ya conocido Tiburcio de la Cárcova, cofundador de Wanako Games (empresa de videojuegos que luego fue vendida) y de Atakama Labs (desarrollo de juegos online también vendida) con quien ya era socio en Stgo. Maker Space. 

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Es cuestión de pasearse por lo que antes fue el comando de Michelle Bachelet para encontrarse con que todo está muy cambiado. Donde antes circulaban los encargados territoriales y los realizadores del programa presidencial hoy existe una masa de gente joven, creativa y ondera, una verdadera cuna hipster. En vez de tradicionales escritorios y ambientes cerrados, ahora hay un laboratorio de experimentación de tecnología, como los creadores de la primera impresora 3D ciento por ciento made in Chile; una zona de creación para futuros medios de comunicación; un grupo de empresas sociales; un espacio abierto para compartir herramientas, tecnología y experiencias entre quienes están desarrollando proyectos y prototipos, además de una plataforma de innovación cultural, que se hará cargo de gestionar eventos y proyectos relacionados con el Teatro IF, ex Teatro Italia, por años abandonado y olvidado a su suerte.

Eso mientras que obreros y constructores trabajan imparables en lo que serán las futuras instalaciones de la empresa, con 5.500 metros cuadrados proyectados para el 2017, a cargo del arquitecto catalán Luis Alonso.

“El espacio físico es muy importante para generar la colaboración —señala Mustakis—. Es abierto, sin paredes ni cubículos como las empresas tradicionales sino que todo es compartido, donde se convive y se comparte, en un marco arquitectónico único y patrimonial”.

Ya son más de 35 firmas que han comenzado a operar en este movido epicentro. Entre ellos Lab Cultural, definida como una plataforma de innovación cultural y participación ciudadana; Santiago Makerspace, MasisaLab, además de las universidades Duoc, Inacap, San Sebastián y UDD.

—Se ha hablado del Silicon Valley chileno, ¿tiene que ver?

—Con la diferencia de que esto no es una ciudad, sino un edificio, una fábrica, con un concepto que no existe en el mundo. Es una fábrica de ideas, de sombreros, para la cabeza, lo que curiosamente se relaciona con las ideas. En todo caso se agradece la comparación.

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Hoy la lucha de Alejandra Mustakis comienza, cada vez más, a tomar forma: la diversidad, según ella, una de las grandes debilidades de Chile: “Es muy difícil hacer innovación si no sientas a gente distinta a la mesa. Hay que ser capaz de entender a los que no son similares. En Chile todos los que dirigen empresas o son gerentes se conocen; vienen de los mismos círculos sociales o universidades, han estudiado las mismas carreras. Y la base de la era digital tiene que ver con pensar de una manera distinta, ingeniosa. Las personas que son más creativas, que se salen de las reglas, son tipos que no son muy estructurados, que seguramente no estudiaron ni en la Católica, en la Chile, ni les fue muy bien en el colegio, gente que no se adapta a una sociedad muy conservadora. Y las empresas que vienen tienen que ampliar su visión. Por lo tanto la creatividad, pensar distinto, salirse de las reglas va a ser vital para generar valor. Antes, si no habías estudiado en Harvard, no sabías nada. Hoy, en cambio, un tipo joven puede hacer su empresa y cambiar el mundo”.