Podría haberse quedado en su casa disfrutando de sus hijos y las regalías de un pasar más que bueno, pero contra todos los pronósticos se convirtió en el rostro más importante del emprendimiento en Chile. Recién a los 30 años, Alejandra Mustakis se atrevió a formar su primera compañía de muebles y objetos de diseño junto a Pablo Llanquin. Bautizada como Medular, la empresa le enseñó a trabajar sin límites y a saber escuchar a los clientes.

Hija de un griego exitoso que supo reinventarse más de una vez y de una buscadora espiritual que le inculcó el valor de la libertad, nunca imaginó que tras esa primera iniciativa, su vida daría un giro radical. Al tiempo, fundó Kauel, una empresa de tecnología que trabaja en el área de método de imágenes, enfocados en la interacción y las tres dimensiones. Luego, vino Santiago MakerSpace, el primer espacio en reunir programadores, diseñadores y emprendedores en distintos proyectos. Esa fue la antesala de IF Ideas Factory, en Barrio Italia.

Desde 2016 es la primera mujer en dirigir la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech) y aunque su presencia es demandada con insistencia en eventos y talleres, admite que no es de las que sacrifica calidad de vida por trabajo. “Nunca un día es igual al otro, pero como no he sido buena para la rutina, ya estoy acostumbrada”, dice, con una sonrisa que evidencia su buen humor.

Quienes la conocen, coinciden que la alegría y su capacidad para liderar equipos ha sido clave en su exitosa carrera, aunque ella asegura que una de sus fortalezas es saber delegar. “Trabajo desde mi casa y no tengo un puesto en ninguna de las organizaciones en que participo, pero además tengo un gran equipo. ¡En Chile hay gente haciendo cosas increíbles. Existe demasiado talento, sólo tenemos que verlo y creer en el!”, exclama.

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Esta diseñadora industrial de la Universidad Diego Portales casada con el empresario Pablo Yarur y madre de dos hijos, se emociona a diario al ver las historias de superación que hay detrás de los emprendedores.

Recuerda la última edición del Premio Banco Estado para Microemprendedores y reflexiona: “Cuando uno es capaz de creer en la gente, la diferencia que marca es sustancial. Si, además lo acompañas, los resultados son sorprendentes. La gente desconoce varias herramientas de ayuda como las que ofrece Corfo. Nuestro objetivo es que todos tengan la posibilidad de empezar su proyecto y a los que están a mitad de camino, ayudarlos para que se les haga lo más fácil posible. Nuestro gremio es el más diverso de Chile, aglutina desde el inventor de 80 años que anda con su producto bajo el brazo, el diseñador y hasta el tipo que vende servicios. Eso es uno de nuestros grandes atributos, entre todos nos enseñamos y acompañamos. Se da una mística muy especial porque todos buscan un lugar en donde no lo encuentren locos y los estimulen a seguir adelante”.

Con un perfil menos político que el de su antecesor Juan Pablo Swett, el buen manejo de Mustakis ha sido celebrado por sus interlocutores, aunque ella es la primera en cuestionar el ánimo imperante. “Siento que en Chile nos aplaudimos poco. Necesitamos empezar a ver las cosas en positivo, esa al menos es la tónica en nuestro gremio”, dice, mientras destaca el acercamiento que se ha producido entre el mundo público y el privado.

“Cada vez veo más voluntades políticas y ahora que nos hemos reunido con los candidatos siento que vamos por una buena senda. Esperamos que el emprendimiento se instaure como un tema país , ya que el cambio de paradigma económico así lo exige”. A su juicio, por opción o necesidad, el emprendimiento será un camino que la mayoría va a tener que tomar en el futuro.

“El mundo de la tecnología implica necesariamente que las empresas cada vez van a ser más pequeñas y ágiles. Piensa que un software puede hacer lo que hacen 10 personas, entonces es indispensable prepararse para cuando eso ocurra porque es inevitable que el trabajo tradicional siga disminuyendo. La gente va a vivir cada vez más años por lo tanto el emprendimiento, si o si, en una etapa de la vida va a ser una opción para la mayoría de las personas, nos guste o no”, sostiene.

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—¿Piensa que existe consciencia frente a esta nueva realidad?

—Hay varios que lo entienden, pero es importante poner el tema en discusión porque esto no es algo que vaya a pasar en veinte años más. Es mucho más cercano. De hecho, ya está pasando en muchos países y la verdad me parece mucho más justo que seamos miles de chicos y no solamente unos pocos grandes. Hay que fomentar la creatividad, salirse de lo tradicionalmente establecido será clave para generar valor. Antes, si no habías estudiado en la universidad prácticamente no existías para el mercado. En cambio hoy, basta con tener un objetivo y ganas de trabajar. Cualquier puede hacer su empresa y cambiar el mundo.

La Asech partió con 40 emprendedores tomándose una piscola y reflexionando sobre cómo no se sentían representados por los gremios tradicionales. Al principio su misión era representar la voz de los emprendedores, luego su objetivo fue crear una red. En cinco años ha conseguido sumar más de 25 mil socios de todas las regiones del país.

“Eso, sin contar a los que están inscritos pero no tienen RUT empresa”, acota Mustakis. Admite que a los grandes empresarios les ha costado ver el valor del emprendimiento aunque eso está cambiando. “Las compañías tradicionales cada vez se están dando cuenta de la importancia de trabajar con emprendedores, de creer en ellos. Eso antes no pasaba, no eran bien mirados. Hoy sí generan confianza”.