Los violines y el contrabajo suenan mientras acróbatas-actores flotan por el escenario tejiendo como una abuelita con su ovillo de lana una historia que tiene una pregunta filosófica conmovedora detrás: ¿Se puede tejer la paz? Tilde Björfors, fundadora y directora de la compañía sueca Cirkus Cirkör —juego de palabras entre circo y corazón en ese idioma— decidió venir a plantear ese asunto a Latinoamérica por primera vez y su debut será en el Teatro Municipal de Las Condes.

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Como laboriosas arañitas circenses se verán los seis artistas en escena que, junto a músicos en vivo, harán un mix de acrobacias con técnicas de teatro y danza que sorprenden por su estética, llena de poleras blancas recicladas, mucho blanco y negro —en honor a Yoko Ono y John Lennon y su campaña pacífica por terminar con la guerra de Vietnam—. “Literalmente, es imposible tejer la paz… Pero si como Lennon y Ono, lo imaginamos realmente, puede ser… Necesitamos tener por lo menos esa posibilidad”, plantea como decálogo Björfors, quien dentro de su proyecto que busca entender al circo como transfrontera entre arte y sociedad, ha entrevistado a cientos de artistas de circo. “He quedado impactada por la frecuencia con que arriesgan sus vidas por este oficio. Las posibilidades de volverse ricos o famosos son mínimas; el riesgo de causarse heridas o de morir es considerablemente grande. ¿Qué es lo que te lleva a entrenar día tras día con el objetivo de intentar caminar en una línea tan delgada?”.

Así, entre ovillos, cuerdas y un aplicado (y arriesgado) set circense, Cirkus Cirkör escenifica esta onírica presentación que camina por la cornisa, con ejecuciones de bastante peligro (invertidas, equilibrio, cuerda floja y acrobacias varias) mientras las madejas de telas —recicladas por todo Estocolmo— se tensan y hacen crochet cuando la posibilidad de una blanca paz florece en el escenario.

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“Comencé a encuestar a la gente a mi alrededor acerca de lo que ellos buscan. Me di cuenta de que se considera bueno esforzarse por un nuevo auto o la felicidad personal, pero que la lucha por algo más grande, como querer cambiar el mundo o buscar la paz, es visto como tonto y vergonzoso. ¿Cómo sucedió esto? ¿El acto de luchar por el cambio en sí mismo nada transforma? ¿Nuestro espectáculo puede hacer la diferencia? Dar dinero a una organización de ayuda es un acto concreto. Les dan un comprobante de su aporte. Pero, ¿qué hacemos desde el interior?”, se pregunta Björfors. Y las mismas interrogantes seguramente quedarán flotando en la sala del Teatro Municipal de Las Condes.