“¿Patricio Contreras es chileno? No, no. Quizá nació allá pero a estas alturas es más nuestro que de ustedes”, lanza Pedro con una sonrisa socarrona y la mirada puesta en el espejo retrovisor del taxi que maneja desde el siglo pasado. Con toda calma, avanzamos por las calles del barrio Recoleta en busca del actor que en 1975 llegó a Buenos Aires a presentar la obra Tres noches de un sábado con Ictus, y no se fue más.

Cuando por fin llegamos a la isla, la zona donde se levanta el edificio del actor, el taxista ya nos ha recitado el currículum de Contreras. “Mis respetos para él, un grande, un argentino más”, bromea.

Aunque está cerca del bullicio, ésta es una esquina silenciosa. Un pedazo de París que conecta con plazas, caminos y recovecos que se mantienen ajenos al deterioro que amenaza a varios puntos emblemáticos de la capital bonaerense. Nunca pensó en volver. “Es que en este país aman a sus artistas”, dirá, con orgullo, casi al final de nuestra primera conversación, cuando no se imagina que volveremos a encontrarnos, meses después, pero respirando el clásico esmog santiaguino.

Menos aún que Mega lo fichará como protagonista de Modern Family, la versión chilena de la galardonada serie norteamericana, que espera fecha de estreno en las próximas semanas. Y que volvería a encontrarse con el director de cine y televisión Diego Rougier, con quien ya había trabajado en la película Sal.

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Abre la puerta de su departamento y si no supiera quién es, jamás adivinaría que nació en 1947. Viste jeans, polera y zapatillas. “Me mantengo bien gracias a los genes indígenas que a los chilenos les cuesta tanto reconocer. Además, camino mucho y me cuido. Engordo cuando filmo porque me alimento como los niños: desayuno, almuerzo, merienda y cena… ¡demasiado!”.

Su modo suave y reposado contrasta con la exuberancia que caracteriza a sus personajes. Como el profesor de Mendoza que interpretó en la película de Luis Puenzo, La historia oficial. Un filme emblemático que mostró al mundo el drama de los recién nacidos robados a sus madres en cautiverio por los militares durante la última dictadura argentina. O el rol que tuvo en la cinta chilena La pasión de Michelangelo, donde encarnó al padre jesuita que investiga los supuestos milagros de un joven que dice ver y hablar con la Virgen María, en pleno régimen militar y en el marco de una ola de fanatismo religioso.

A pesar de las protestas contra la administración de la señora K, Contreras se mantiene entre sus seguidores. “La gente en el barrio me respeta, saben bien lo que pienso. Me gustó el gobierno de Néstor Kirchner y me gusta el de Cristina. Más allá de que hay cosas que faltan por hacer y de los focos de corrupción, estos doce años han sido un gran avance para los sectores más desprotegidos. Eso nadie lo puede negar. Esta es una de las democracias más equitativas del mundo”.

Me gustó el gobierno de Néstor Kirchner y me gusta el de Cristina. Más allá de que hay cosas que faltan por hacer y de los focos de corrupción, estos doce años han sido un gran avance para los sectores más desprotegidos.

En las últimas elecciones presidenciales en Chile le dio su voto al candidato del PRO Marco Enríquez Ominami. “Antes no pude votar como todos los que vivimos afuera. Son las mariconadas que dejó Pinochet y que la derecha no quiere cambiar porque sabe que todos los votos del extranjero no son para ellos”, reclama.

No ha decidido por quién votará en las próximas elecciones de noviembre, pero admite que le sorprende el cariño que despierta Michelle Bachelet más allá de las fronteras. “En Argentina la miran con una mezcla de envidia y admiración. No entendían cómo se podía retirar alguien de la Presidencia con más del 80 por ciento de adhesión cuando en Argentina suelen irse en helicóptero como De la Rúa”.

A su juicio, el denominador común entre la oposición a Bachelet y Fernández es “claramente el machismo que subsiste a este lado del mundo y que no se banca a ‘minas’ fuertes, decididas, con ideas en la cabeza. Es algo cultural que salta en evidencia en la manera en que son cuestionadas. Un menosprecio feroz. Mi impresión es que Michelle no tiene otra alternativa que cumplir lo que está prometiendo, no creo que sea un títere de nadie. Una mujer que está a nivel internacional en el puesto al que ella llegó no vuelve si no es para hacer y corregir lo que no hizo en su gobierno anterior”.

Entre 1984 y 1988, Contreras se transformó en uno de los actores más populares de Argentina. En la televisión triunfaba en la novela Buscavidas, donde interpretaba a Ramón Salazar Rojas, un vendedor ambulante emigrado de Chile. La crítica teatral celebraba sus actuaciones en Muerte accidental de un anarquista, Made in Lanús y Aryentinos. Y en la pantalla gigante se lucía en Cuarteles de invierno, La historia oficial que ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera y la cinta de Luis Puenzo Gringo viejo, donde compartió créditos con figuras de la talla de Gregory Peck y Jane Fonda. Era la primavera de Alfonsín y lo más difícil era sobrellevar el éxito de la televisión.

“¡No podía caminar por Mar del Plata en el verano! Después, cuando uno desaparece de la pantalla chica, ya no te dan bola, no te sacan fotos, así que no hay tiempo para desvaríos del ego. El que se la cree pierde”.

Aunque hace casi 40 años que vive al otro lado de la cordillera, cada verano sintoniza el Festival de Viña del Mar. “Esa sublevación del carácter autoritario de los chilenos que tanto se enorgullece de ser llamado el monstruo. Que sube o baja el dedo como en un circo romano es único y viene de la terquedad del español y del indio”.

—Todo lo contrario de los argentinos.
—Son estilos de vida distintos. Hay un culto a la amistad que acá no se da. La gente se da el tiempo para compartir, para salir a comer, para disfrutar el día a día. No están ensimismados en el trabajo o en la máquina consumista.

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Ya instalado en un departamento del barrio El Golf que la producción del canal privado eligio para él, confiesa que fue su hija Paloma, también actriz, la que logró convencerlo de regresar. “Además, ella quiere cultivar su parte chilena que hasta ahora no le ha dado mucha bola”.

En la producción también actúan Alvaro Escobar, Nicolás Saavedra, Mariana Loyola y la española Nydian Fabregat, que será su pareja en la serie. “Tiene muchas ganas y una cantidad de elementos del personaje impresionante. Es genuinamente extrovertida, un pedazo de ‘minón’, espectacular. Mis sobrinos se ríen porque allá me ponen de abuelo y aquí todavía me llaman de galán”, lanza, entre risas.

—¿Qué se puede adelantar de la serie?
—Este es un proyecto muy ambicioso para el canal que entiendo ha dado un giro importante en el último tiempo. Generalmente las sitcom son en espacios cerrados, casi opresivos, pero ésta tiene muchos exteriores. Estamos grabando en tres casas en Chicureo, con piscinas, cancha de golf, lo que es muy agradable. Trabajar con Diego es genial porque se nota que le divierten los actores y por lo mismo sabe cómo pedirles lo que quiere.

En su primer invierno chileno en décadas, tiene la esperanza de montar Cenizas, que presentó a tablero vuelto en el teatro Regina de Buenos Aires, acá. Hay una posibilidad en el teatro Mori. Se trata de un monólogo del dramaturgo estadounidense Neil Labute (Gorda), habla de las transgresiones, los tabúes y la muerte que a su juicio es el gran tema del teatro. Ahí, da vida a Edward Carr, quien en el velorio de su mujer comienza a narrar el devenir de su vida “Lo que resulta atrevido porque la escena se constituye en el espectador y lo interpela. La idea no es que el público responda, pero cabe esa posibilidad”.

Pese a la ovación de la crítica, él no se duerme en los laureles. Continuamente revisa nuevos proyectos y sueña con dirigir a su hija Paloma que heredó no sólo su talento, sino también el de su madre, la actriz Leonor Manso.