Los creadores de Morir de amor, al igual que gran parte del elenco del musical a estrenarse el 3 de agosto próximo en el Teatro Nescafé de las Artes, nacieron y crecieron cautivos de la televisión abierta de los ’80, con sus tres o cuatro canales y su creatividad de cartón. “Somos muy consumidores de tele y yo personalmente no puedo trabajar sin sentir la lucecita de la pantalla prendida. No tenemos pudor en decir que vemos harta tele”, reconoce Felipe Olivares (36), una de las dos mitades de Los Contadores Auditores, la dupla de realizadores teatrales que irrumpió hace una década con una propuesta visualmente desprejuiciada que escapó definitivamente a las obligaciones político-literarias del teatro chileno de la transición.

Junto a su socio Juan Andrés Rivera (33), son los responsables de los textos, dirección y diseño de vestuario de Morir de amor, tributo musical a la teleserie latinoamericana construido sobre la base de referencias populares, exageraciones y sobre todo un repertorio musical clásico de radio AM que incluye a Yuri, Pimpinela, Raffaella Carrá, Zalo Reyes, Mijares, Daniela Romo y Rocío Jurado, entre otros, flirteando entre la balada cebolla y el bailable de fiesta de matrimonio.

“Nos criamos escuchando esta música por influencia de nuestros papás o de la tele”, reseña Felipe Olivares. “Era otro tiempo, no había opciones como hoy y uno escuchaba no lo que elegía, sino lo que sonaba. Son referentes muy fáciles de conectar con ellos, porque los tenemos integrados en nosotros: todos vimos el festival de Viña, las teleseries de TVN en los ’90 y todos sabemos quiénes son Daniela Romo o Yuri. Es una carga cultural que compartimos quienes nacimos, crecimos o vivimos en esos años”.

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PERSONAJES ESTEREOTIPADOS

Sobre el escenario, el elenco encargado de dar vida al torrente de conflictos que arrastra todo a su paso en Morir de amor
reúne las actuaciones y talentos musicales de Antonia Santa María, Gabriel Cañas, Dayana Amigo, Gabriel Urzúa, Emilia Noguera, Montserrat Ballarin y Mariela Mignot. La caída por la escalera, los escarmenados alevosos, las malas-malas que terminan internadas en un manicomio, los maridos respetables que en realidad son unos sátrapas… todos los clichés fueron una inspiración, pero especialmente —cuenta Olivares— una teleserie mexicana de mediados de los ’90 que se llamó Lazos de amor, donde Lucero interpretaba simultáneamente a las trillizas María Guadalupe, María Paula y María Fernanda: la mala, la buena y la pobre.
“Lo que hicimos fue explorar los estereotipos de mujeres en las teleseries y en combinación con las canciones, así fue surgiendo la historia”, agrega Felipe Olivares, mientras su elenco se prepara para la sesión fotográfica en el restaurante Very Kitsch. “La invitación que nos hizo Francisco (Olavarría, dueño de la productora Cultura Capital) fue de crear un musical a partir de algunos lineamientos básicos, como cierto tipo de canciones y una historia basada en la vida de tres hermanas. El desafío era también llevar eso a nuestro imaginario visual y los clichés del género melodramático eran el camino lógico para hacerlo”.

Las hermanas Ana Luisa, Ana Luz y Ana Laura (Antonia Santa María, Mariela Mignot y Dayana Amigo respectivamente) son los tres personajes femeninos que sostienen la intriga. “Nos interesa mucho que el espectador entienda altiro de lo que se está hablando. Los códigos reconocibles, la cita textual, el personaje estereotipado permiten que el espectador entre con facilidad en la historia y se implique emocionalmente. Usamos el cliché para facilitar ese tránsito y en ese sentido, sí, es como una reinvindicación”, señala Olivares.

Técnicamente, no es el primer musical escrito por Los Contadores Auditores. Antes hicieron En busca del huemul blanco (2013), pero en un registro muy distinto que poco tiene que ver con la trabajada dirección musical (a cargo de Juan Pablo Ortega y Felipe Martínez) y la lista de canciones de este “musical AM”, como lo define la productora Cultura Capital. El repertorio de canciones lo propuso la misma productora y trabajaron a partir de él, “pero como no era una historia biográfica (a diferencia de musicales previos producidos por Cultura Capital como Mercury,
Piaf
o
Bowie), pudimos contar una historia que usara las canciones como mecanismo narrativo. En ese sentido las canciones no son pausas, sino que cuentan algo en la obra y sus letras en cierta forma están incorporadas al texto de los personajes. Fuimos creando situaciones que se ajustaran a determinadas canciones”, remata Olivares.