NOVECENTO

Se repite el privilegio. Estuvo hace unos meses en Nescafé de las Artes junto a Cecilia Roth en Una relación pornográfica; aún está en cartelera en cines Relatos salvajes, y en 2015 podremos ver nuevamente a ese gigante que es Darío Grandinetti. Y en una versión ultacondensada de sí mismo: el unipersonal Novecento, la obra de Alessandro Baricco con versión y dirección de Javier Dualte (Amadeus, Baraka, Un dios salvaje, Lluvia constante, entre otras decenas).

Novecento, la leyenda del pianista en el océano narra la historia de un niño abandonado al nacer en un trasatlántico, el Virginia, que se convierte en un eximio pianista y que se niega a pisar tierra firme en toda su vida. Y lo hace desde la voz de su mejor amigo, el trompetista del barco, encarnado por Grandinetti.

La obra es preciosa, mínima, íntima y conmovedora. De paso, le permite al actor argentino no sólo hacer lo que más le gusta, que es contar historias —como los antiguos juglares, según sus propias palabras—, sino desplegar bajo los focos todas sus inmensas cualidades actorales: la voz, la presencia escénica, la versatilidad, la inflexión del carácter, la armonía física, el manejo de las emociones. No por nada, Pedro Almodóvar, que lo eligió para Hable con ella, sentenció que Grandinetti es “el hombre que mejor llora”.

Debiéramos tenerlo nuevamente en el otoño en Nescafé de las Artes.

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MUNDO AMADO

Es teatro, es musical, es humor. Es estética kitsch y gran profesionalismo a la vez. Es un espectáculo único y divertidísimo que se ha ganado todos los premios de su género en sus 25 años de trayectoria y que, antes de que se dé cuenta, lo hará saltar de su butaca y lanzarse a bailar.

Los amados, compañía fundada y dirigida por el cantante y actor Alejandro Viola, desde sus inicios se impuso rescatar los ritmos latinoamericanos cuando aún nadie lo hacía. Y el espectáculo que traerá a Chile el 29 y 30 de enero (Nescafé de las Artes) gira en torno al bolero en un homenaje a Agustín Lara. Tanto el nivel actoral como musical es altísimo.

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EL LOCO Y LA CAMISA

Una estética despojada: un par de sofás viejos, una mesa de comedor y unas sillas aluden a una familia de clase media venida a menos. Esperan la llegada del futuro yerno, que viene a conocerlos. Los padres y la novia intentan que Beto (un sublime Julián Paz Figueroa), el hijo “loco”, pase inadvertido. No obstante, es justamente Beto el que mueve la potentísima fuerza narrativa de esta pieza, que podrá verse en Santiago entre el 13 y el 15 de enero (Teatro de la Universidad Católica, Santiago a Mil 2015). A través de sus intervenciones, van apareciendo en escena la violencia en sus distintas formas, las injusticias de género, el sometimiento, la incomprensión frente a la discapacidad, la disfuncionalidad familiar llevada al límite, en definitiva. Así, mientras los demás intentan esconderlo, Beto saca a la luz las verdades encubiertas.

Esta no es una obra para todo el mundo. Es dura, frontal, incluso cruda a ratos. Es para amantes del teatro en su expresión más intensa, no para quienes busquen solo pasar un buen momento. El texto y la dirección pertenecen a Nelson Valente, que lidera la compañía Banfield Teatro Ensemble, vigente, prolífica y pujante hace 15 años y que con esta obra se ha consolidado como uno de los grupos más coherentes y talentosos del off argentino.

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LE PRENOM

Le Prenom, a punto de iniciar su tercera temporada a tablero vuelto, amenaza con convertirse en un fenómeno de la talla de Toc toc (de hecho, le sigue entre las más vistas). Pero no se engañe: esta no es solo una comedia graciosísima, además sus actuaciones son excelentes.

Se repiten en este éxito Arturo Puig como director y  Masllorens y González del Pino en la adaptación. La trama va más o menos así: Elizabeth (Jorgelina Aruzzi) y Pierre (Peto Menahen) acaban de acostar a sus dos hijos y esperan a un grupo de amigos. El primero en llegar en Vincent, el hermano de Elizabeth, que está a punto de ser padre. Pronto se suman Claude, el músico “sensible” y Anna, embarazada de Vincent. Ya todos reunidos, y a propósito del nombre de esa guagua, se desata la más inverosímil discusión en que el humor está cruzado por la amistad, los celos, la hipocresía, la mezquindad y no pocas sorpresas. 

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LLUVIA DE PLATA

Una mujer llega a su casa. Mientras se quita la chaqueta, repara en un billete de cien euros que descansa sobre la mesa de centro. Al llegar su marido, le pregunta si le pertenece. No es así. El tema no pasa a más. Pero al día siguiente, cuando ella se levanta a preparar el desayuno, se encuentra en el living un verdadero botín. Entonces se desencadena una comedia hilarante. Bajo esta primera capa de humor, se esconde un cuestionamiento tan profundo como ácido sobre los límites a los que puede llegar el ser humano enfrentado a la seducción del dinero.

La versión de la obra francesa de Sébastien Thiery adaptada por Fernando Masllorens y Federico González del Pino, dupla consolidada del teatro argentino, se estrenó en marzo bajo la dirección del también actor Arturo Puig, quien el año pasado obtuvo el Premio Martín Fierro a la Trayectoria. 

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PARQUE LEZAMA

Esta es la primera incursión en el teatro de Juan José Campanella (Oscar a la Mejor Película Extranjera por El secreto de tus ojos) y fue fruto de una suerte de obsesión suya. En 1984 vio en tres ocasiones la obra Yo soy Rapapport, del estadounidense Herb Gardner, y la retuvo en su memoria a la espera de que llegara su momento de aventurarse en las tablas. Pasaron 30 años para que los dos ancianos que en la versión original se encuentran en Central Park, llegaran al muy porteño Parque Lezama, encarnados por dos “monstruos” del teatro argentino: Luis Brandoni y Eduardo Blanco. Ambos son la piedra angular de esta obra; sus actuaciones son simplemente magistrales. Antonio (Blanco) busca la tranquilidad, leer el diario en el parque sin que lo asalten y conservar su trabajo como gásfiter en un edificio. León Schwartz (Brandoni) es opuesto: un gran mentiroso, canchero, amante de contar anécdotas y de hacerse notar. 

Antonio y León se instalan un día cualquiera en una banca de Parque Lezama. Y a partir de ahí, se desata un diálogo fascinante, profundo, y divertido sobre los conflictos, temores y victorias que acarrea el paso del tiempo.

En Santiago podrá verse durante el segundo semestre en el Teatro Finis Terrae.