La hora azul remite a aquel momento preciso del día en que ya no es de día, pero tampoco es de noche. “Un tiempo suspendido entre dos mundos. Un espacio de tránsito donde todo puede suceder, donde todo cambia, donde de pronto algo se disuelve y se transforma”, dice Mathieu Guilhaumon, director del Ballet Nacional Chileno, al momento de explicar el título de la pieza con la que ha abierto la temporada 2014.

La obra marca el punto de partida de un nuevo periodo del Ballet Nacional Chileno, con seis nuevos bailarines en la compañía, que ahora se alista a enfrentar los desafíos de un ambicioso proyecto impulsado por su joven y talentoso director artístico.

“Con el BANCH estamos en el comienzo de un nuevo capítulo que se refleja en este montaje”, afirma su director. Guilhaumon dice que se ha trabajado en un espacio de libertad donde han primado elementos fundamentales como la comunicación, la identidad y la creación. Donde los bailarines han podido intercambiar su material coreográfico con sus compañeros, agregándolo a su identidad individual. “Ellos tuvieron un espacio para jugar con este trabajo, para transformarlo y para hacerlo suyo”, dice.

La música es un factor clave dentro de la obra. “Siempre empiezo a crear con la música porque mi lenguaje coreográfico está muy relacionado con ella. Tenía las grandes líneas y la atmósfera de la obra en mi mente, pero fue difícil encontrar lo que quería. Después de cuatro meses estuvo lista: un Nocturno de Chopin, muchas obras para cello y dos obras de un compositor inglés del siglo XVII”.