Puede ser un salón, un patio o un galpón desordenado, pero cualquier lugar se convierte en un escenario cuando Bélgica Castro (95) está ahí. La Primera Actriz sonríe a la cámara y recita las líneas de su libreto como si hubiera nacido haciéndolo. Es el resultado de tres cuartos de su vida como artesana de los parlamentos. ¿Qué es lo que te hace seguir haciendo teatro después de 75 años sobre las tablas?—, le preguntamos. “Es lo único que me hace feliz. Es una maravilla estar en el escenario y tener a un montón de gente escuchándote”, dice.

Pobre Inés sentada ahí, dirigida por Rodrigo Bazaes (Los 80, Redoble fúnebre para lobos y corderos), está en cartelera en el Centro de las Artes 660 de Corpartes hasta el 10 de abril. La historia, dramaturgia original de Sieveking, relata una historia ácida y profunda.

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“El padre” (Sieveking), un hombre vividor y adinerado, convencido de que la belleza de su mujer es una maldición, se casa con Inés. “Es una mujer vieja y pobre, y por eso este millonario se casa con ella”, cuenta Castro sobre su personaje. Inés queda con ese rencor y al momento de repartir la herencia, se queda con la parte de Andrea (Ema Pinto), hija de su mujer anterior. Un funeral familiar vuelve a reunir a las hermanas y a la viuda, dejando planteado este dilema en el que imperan la avaricia y la frialdad. “Algo que cruza a todo Chile, todas las familias tienen conflictos como este”, dice Patricia López-Menadier, quien produce el montaje y participa como “la enfermera”, personaje que espía a Inés y que tiene como misión encontrar el dinero.

Para López-Menadier, esta obra tiene un doble significado. Por un lado es una propuesta inédita y rupturista, y por otro es un reconocimiento a una maestra. Se trata de una producción de características únicas. El montaje cuenta con una banda en vivo que interpreta diez composiciones originales del esloveno Izidor Leitinger. Lejos del espíritu de Bob Fosse y la estridencia de Broadway que permea en las comedias musicales montadas en el país, Pobre Inés… se define como un “drama”, en el que las canciones no buscan animar ni impactar, sino fundirse entre los diálogos. “La música debe hacerle un favor a la obra, no opacar los parlamentos. Estamos cantando, pero diciendo cosas, actuando”, dice Bélgica.

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“Esto es nuestro. Me cansé de ser la copia feliz del edén. Ya no soporto los musicales extranjeros. Esta obra es un reflejo de la idiosincrasia actual, que cuestiona a la familia como dispositivo y al dinero como algo que saca lo peor de nosotros”, señala la productora. “Queremos brindar un tremendo espectáculo al público, contribuir al desarrollo del teatro musical. Es la pluma de Sieveking y va a transformarse en un clásico”, añade López-Menadier.

—¿Qué significa para ti trabajar con Bélgica?

—Patricia López-Menadier: Para mí Bélgica es el teatro. Este es un arte de maestro y discípulo, y ella es una maestra para todas las actrices de tablas. Todo mi esfuerzo, mi inspiración y mi pasión están en hacer de esto un tributo para ella. Ese es mi motor. Yo conocí a Bélgica en la película El Desquite, y ahí dije ‘wow, estoy frente a una gran maestra’ y aquí, después de 15 años, poder rendirle este tributo de actriz a actriz es tremendo”.

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—¿Te lo tomas así, Bélgica, como un homenaje?

—Bélgica Castro: (ríe incómoda) “Ay no, cómo vas a hacer eso”.

—PL: ¡Pero son 95 años en los que tu oficio nos ha marcado a todos!

—BC: Tengo 95 años ¡pero no se me notan!

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—PL: Bélgica es capaz de esperar tres horas a ser maquillada y no decir ni pío, yo la miro y aprendo. Para ella esta es una obra más, pero para nosotros es un tributo.

—BC: ¡No digas eso! ¡¿Cómo me van a hacer un tributo?! (ríe)… Me lo tomo como un regalo”.

Más información en: www.corpartes.cl/evento/pobre-ines-sentada-ahi/