Hilarante. Desopilante y casi hecha para ser representada por deportistas de alto rendimiento. Así se puede resumir la versión local de Los 39 escalones, el clásico de Hitchcock de 1935, adaptado en 2006 por el dramaturgo inglés Patrick Barlow con un ritmo endemoniado, sólo cuatro actores y un tono de comedia que deja a todos descolocados.
En esta versión chilena, el actor Felipe Ríos dirige un elenco (Patricia López, Eyal Meyer, Francisco Gormaz y Sebastián Layseca) que se mueve —y corre— con soltura sobre el escenario.

En esta versión chilena, el actor Felipe Ríos dirige un elenco (Patricia López, Eyal Meyer, Francisco Gormaz y Sebastián Layseca) que se mueve —y corre— con soltura sobre el escenario.

La historia parte cuando Richard Hannay (Eyal Meyer) conoce en un teatro de Londres a una misteriosa mujer de acento extraño (Patricia López) que dice ser espía y tener una información vital que traspasarle. En la casa de Hannay, la mujer es asesinada y Richard comienza una disparatada escapatoria, perseguido por estrambóticos personajes —Francisco Gormaz y Sebastián Layseca, notables como dupla cómica— que lo seguirán hasta Escocia mientras Hannay intenta resolver el misterio de Los 39 escalones.
Las correrías, cambios de vestuario y personajes de allí en más no paran. Y para que eso funcione, la obra debe estar bien aceitada. En la cabeza de Ríos está hace tres años, cuando vio la obra en Buenos Aires y desde enero que el elenco ya hacía lecturas del texto, con cinco horas de ensayo de lunes a viernes, incluido trabajo físico específico. Porque si hay algo que no tiene Los 39 escalones, es pausa.

En la función, a sala llena en el teatro El Ladrón de Bicicletas, es el mismo Felipe Ríos el que presenta esta obra y recibe al público. Cierre de telón y los aplausos brotan. La gente sigue con una mueca de risa en la cara. Una que probablemente ni siquiera iban a buscar. Y eso es saludable.
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—Patrick Barlow rehízo en clave de comedia teatral este clásico de Alfred Hitchcock. ¿Cómo llegaste a esta adaptación?
—Hace tres o cuatro años la productora teatral Loreto Moya llegó de Buenos Aires después de ver varios montajes. Yo viajaba a la semana siguiente a ver teatro allá y me recomendó esta obra. En Buenos Aires fuimos al Picadilly y en cuanto empezó la función, me di cuenta de que ésta era la obra que quería, que había que hacerla en Chile, que hacía falta este tipo de teatro tan ingenioso, lindo, lúdico y mágico. De ahí pasamos a camarines a saludar a los actores (Gianolla, Scarpino, Ramos y Oliva) y era tan buena la energía de ellos al salir de escena agotados, transpirados, pero felices de realizar la función, que terminé de convencerme. Pasó el tiempo y nos contactamos con los productores argentinos, que para drama nuestro tenían los derechos para América Latina… O sea que no podíamos hacerla sin el consentimiento de ellos. Luego de tres años en cartelera allá, partimos las conversaciones para poder hacerla acá.

—¿En qué se diferencia este texto de la película de Hitchcock?
—Hay kilómetros de diferencia porque es teatro, además está tratada en tono de comedia, llena de situaciones divertidas y con una dramaturgia magistral, donde solo el texto sitúa y las palabras guían al espectador a transitar por las mismas rutas que Richard Hannay, su protagonista.

—¿Qué te llamó la atención de este texto, que ha sido ‘sandía calada’ en varias capitales del mundo?
—La versatilidad, lo divertida que es, el recorrido que invita a hacer, el paseo que nos da por los lugares en donde transcurre. Pasamos de una casa a un teatro, de un teatro a otra casa, luego a un tren, a una estación de trenes, a un puente en el camino, de ahí a una granja, después a una mansión y así sucesivamente… Nunca dejamos en toda la obra de maravillarnos, de viajar… ¡Son cuatro actores que representan más de 100 personajes en esta hora y media de vuelo! Además si a todo esto le agregas la clave ‘comedia’, es como subirse a una montaña rusa. Desde mi trabajo en dirección, es uno de los mayores retos que he tenido, ya que esta obra ha sido montada con mucho éxito en las mayores capitales teatrales del mundo, entonces teníamos que estar a la altura, no podíamos desteñir.

¡Son cuatro actores que representan más de 100 personajes en esta hora y media de vuelo!

—¿Qué crees que tiene esta historia de universal?
—Todo. Las historias de amor imposibles son universales y las que mezclan amor imposible con espionaje más todavía. ¡Hitchcock es universal!

“En esta dramaturgia inglesa el toque chileno no cabe para nada, por eso hemos estado muy alerta y conscientes de no poner garabatos, groserías, dichos y/o refranes nuestros… Esta es una obra inglesa, con lugares, personajes y situaciones que transcurren dentro de otros lugares del planeta, con otras costumbres y otros modos que no son los chilenos”, explica Ríos —que antes ya había adaptado El Mago de Oz y La pérgola de las flores— y cuyo trabajo con los actores es notable.

“Creo que tengo el mejor casting que se podía tener para esta obra. Eyal Meyer es un galán de tomo y lomo, además de muy buen actor y con un estado físico necesario para poder ejecutar este rol, que no cualquiera podría hacerlo. Paty López es extraordinaria actriz y enfrenta con mucho humor y altura de miras sus roles, Sebastián Layseca es un gran actor y comediante por lo demás y Francisco Gormaz un lujo de actor, compañero y amigo”, cuenta.
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—¿Cómo se trabajan 100 personajes con cuatro actores?
—Con esquizofrenia… Ja ja ja. Es divertido y a la vez muy complicado, ya que en el camino uno se va confundiendo un poco con la cantidad de personajes que los actores proponen… además éramos como un grupo de niños chicos a los que les pasaron pelucas, bigotes, bastones, sombreros y nos dijeron ‘¡a jugar!’… Y de ese bello juego nacieron todos los roles que vemos en escena. También había una limitación de tiempo. Tuvimos solamente dos meses hasta el día del estreno.

—¿Cuál es el futuro inmediato de Los 39 escalones? En Argentina la obra estuvo en cartelera tres años…
—Estamos seguros que Los 39 escalones tendrá una larga vida en escena. Ya estamos siendo invitados a festivales en distintas partes de Chile, además estamos formulando una gira nacional que espero llegue a buen puerto, y en este minuto estamos viendo una extensión de temporada, ya que hay funciones que quedan hasta 90 personas fuera de la sala esperando por su entrada, pero la sala está llena… Gracias a los dioses del cielo y a nuestro trabajo.