Se miran y la conexión es inmediata. Conversan, bromean, ríen y se ponen serios. El lente los enfoca y enseguida toman actitud teatral. “¿El ser o no ser sólo es disyuntiva de gente de alta alcurnia y educación?”, recita Claudia di Girolamo mientras el flash no para de enfocarlos. Francisco Reyes, en tanto, mantiene su postura. Luego de unos minutos le susurra algo al oído y no pueden evitar una espontánea carcajada. Tanta es la química de esta pareja, que el compañerismo se siente en el salón. “Tenemos una gran amistad. Quizá no nos vemos ni hablamos muy seguido, pero inmediatamente comulgamos. Lo siento muy cercano y tengo una enorme confianza en él y su trabajo”, asegura Claudia respecto de su relación con el actor, con quien lleva 25 años trabajando en más de diez producciones, transformándose en una de las parejas más emblemáticas de la televisión chilena.

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Aunque claramente no sólo comparten décadas de teleseries. El trabajo sobre las tablas también es una de sus debilidades. William Shakespeare otra de ellas. Los protagonistas de Matriarcas se declaran acérrimos seguidores del dramaturgo inglés. Tanto así, que hoy —e invitados por la Fundación Teatro a Mil— ambos participan en producciones chilenas inspiradas en su obra. Claudia di Girolamo encabeza La Tempestad, mientras que Francisco Reyes protagoniza Yorick, la historia de Hamlet, una apropiación de la obra a través de la que se develan las desventuras del príncipe de Dinamarca. “Mi relación con Shakespeare es bastante cercana. Pero más que todo me atrae Hamlet. Este personaje es muy atractivo para mí porque se hace dos preguntas que son fundamentales. Una de ellas es el famoso ‘¿Ser o no ser?’ que va en directa relación con el origen de la conducta humana, y otra pregunta formidable es ‘¿Qué es más noble para el espíritu?’. Siento que son cuestionamientos que Shakespeare los escribió hace 415 años, sin embargo, la vigencia que hoy tienen es absoluta”, asegura Reyes apasionado.

Por lo mismo, la ilusión de realizar una apropiación de Hamlet en el teatro era una idea que lo venía acechando desde hace años. Si bien no tenía una propuesta clara sobre cómo adaptar la obra, de todos modos le propuso a Simón Reyes —su hijo— que lo ayudara y dirigiera. Durante dos años trabajaron el texto, con variadas traducciones. De pronto, entre ensayos e improvisaciones, surgió Yorick como un personaje novedoso. Este ex bufón de la corte que en la versión original es la emblemática calavera, es reinventado para transformarse en el narrador de la tragedia de su entrañable compañero. Para este propósito, utilizaron los siete soliloquios de Hamlet, agregando sólo una escena de autoría propia. “Yorick es un personaje que vive en una buhardilla, en una especie de limbo. Un viejo solitario que a cambio de botellas de vino cuenta historias y esa noche cuenta la historia de Hamlet”, relata Reyes. Montaje unipersonal que es protagonizado por él mismo, quien interpreta tanto a Yorick, como a Hamlet y a su tío, el asesino. Todo acompañado por el canto lírico de su hija, Rocío Reyes, quien personifica a Ofelia.

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La obra, además, tiene carácter itinerante. Esto quiere decir que la compañía se traslada a distintos lugares para realizar sus funciones, las que son presentadas al aire libre, en espacios significativos para los habitantes de los pueblos que visitan. Ya sean edificios patrimoniales, ruinas, frontis de parroquias, estaciones de trenes, viejos molinos, establos, locaciones naturales, entre otros. Un pequeño camión con los elementos escenográficos, un trono, una silla, un escritorio, un par de espejos y unos postes con luminaria, eso es todo lo que necesitan para que la función comience. Durante el 2014 la obra se presentó en lugares como La Isla Robinson Crusoe, San Pedro de Atacama y Los Choros. Finalmente, en enero de 2016 llega a Santiago gracias a la Fundación Teatro a Mil, con presentaciones en las comunas de Curacaví, Isla de Maipo, Rungue, Alhué y Melipilla. El propósito de llevar una obra clásica a pequeños pueblos es despertar el interés en la reflexión y revivir lugares y culturas que muchas veces son olvidadas. “Yo creo que este país hace mucho rato que dejó de reflexionar, dejó de buscar la conexión con nosotros mismos. Por lo que temo la desaparición de las culturas locales en Chile, que son arrasadas por el modelo económico. Comienza a ser una cultura de la globalización y a mí eso me preocupa, porque siento que un país es mucho más que una empresa. Es una república que se forma con esa sumatoria de culturas. Por lo que creo que Yorick coopera con esa función”, asegura el actor.

Di Girolamo, en tanto, protagoniza una apuesta diferente. Fue convocada para participar en La Tempestad, pero con la mano y firma del dramaturgo chileno Juan Radrigán y dirigida por Rodrigo Pérez. La actriz no lo pensó dos veces. “Tengo una muy buena relación con la obra de Shakespeare. Me encanta. Encuentro que es un hombre que tiene un gran sentido del humor, una gran lucidez para hablar no sólo de su época, sino de la naturaleza humana. Creo que es casi como un filósofo, un científico. Es el Leonardo da Vinci de las letras”, asegura. Su profundo interés por las obras del dramaturgo inglés la llevaron a aceptar esta apuesta que, desde el inicio, le pareció potente e impactante. Curiosamente, el montaje propone lo contrario a lo que ocurría en tiempos de Shakespeare, cuando los personajes femeninos eran interpretados por hombres. En esta ocasión, Claudia di Girolamo es la encargada de personificar el rol protagónico, Próspero, que en la original es masculino. “No hay género, da lo mismo. Lo que traté de construir es que no importa ver a un hombre o a una mujer en el escenario. Lo que toma relevancia es ver la profundidad de las ideas, que da paso a una profunda reflexión. Nunca he visto los papeles teatrales en género”, asegura.

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En la historia, Próspero —duque legítimo de Milán— es expulsado de esta posición por su hermano y se encuentra varado en una isla desierta en compañía de su hija, Miranda. Lugar en donde reflexiona junto a libros y música, al tiempo que se encargará de saldar cuentas con su hermano, conjurando tempestades con la ayuda del espíritu Ariel. No obstante, una vez que tiene a sus enemigos bajo su poder, se debatirá entre la justicia, la venganza y el perdón. Una temática que Radrigán intentó conectar con la actual situación social y política del país. “El dilema de Próspero es el mismo que todos nosotros tenemos hoy en día sobre el perdón y el olvido, versus la necesidad de venganza y de reparación. Pienso que, desde el advenimiento de la democracia, hemos estado parados en un lugar muy complicado. Muchos esperamos justicia y nunca vino. Por lo tanto, con el tiempo, uno piensa en algún tipo de reparación y se pregunta si tal vez ésta será el perdón, para poder así tener una paz interna como país y persona. Creo que Radrigán revive ese conflicto, le inyecta carne nueva y, lo más terrible de todo, es que uno lo ve intacto”, reafirma Di Girolamo.

La obra se presentará el 17 de enero en Quilicura y luego, durante la semana del 20 al 30 en el Centro Cultural Gabriela Mistral. En tanto, Yorick, la historia de Hamlet retomará sus funciones itinerantes el 5 de enero en Curacaví. Ambos montajes llaman a que las audiencias se empapen en el universo shakespereano, que en esta ocasión es abanderado por la dupla Claudia y Francisco, invitándolos a reflexionar y a preguntarse… ¿Ser o no ser?, He ahí el dilema.