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Vuelven las musas de los 90

Posted on: October 19th, 2017 by Vanina Rosenthal

Había sido el debut de Kaia Gerber en la pasarela de Nueva York. Con apenas 16 años, la heredera de Cindy Crawford caminaba como un ángel alado ante la mirada atónita de los espectadores, que veían en ella a la auténtica Afrodita. Diosa terrenal de una industria que la vio nacer, y ahora la veía volar. Pero aún faltaba Milán. Y Donatella tenía preparada una sorpresa que alteraría el idilio de Kaia con el público y hasta destronaría a Kendall Jenner.

Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Carla Bruni y la propia Crawford, enfundadas en vestidos dorados, por el homenaje a Gianni Versace, ponían de pie al público y mostraban al mundo que la belleza no tiene edad. Que la vigencia es una suerte de juego perverso y que los 90 están de vuelta en gloria y majestad. Damos entonces la bienvenida a la era de las musas noventeras.

Fue justo lo que pensó el fotógrafo chileno Julio Donoso. Tras un viaje a Europa, donde visitó una exposición retrospectiva de Peter Lindbergh en Róterdam, creyó que era tiempo de recuperar el espíritu que imperaba en su época de fotógrafo en CARAS. Aquellos años dorados en los que solía retratar a las mujeres más bellas del país en las playas de Zapallar. Como aquella vez que inmortalizó a las diez más hermosas de Chile en el hotel César. Años en los que no existía el Photoshop, las arrugas no se rellenaban y las curvas eran sinónimo de buena salud. “Este genial fotógrafo alemán, que nos inspiró a todos en aquel momento, decía allí que hay un comeback de los años 90. El fenómeno de las supermodelos fue tan potente que nunca se logró igualar”, cuenta. Entonces, se propuso revivirlo hoy, de la mano de tres de las mujeres más representativas de esa década: Ana María Cummins, Rosita Parsons y Estela Mora, varias veces portadas de nuestra revista.

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Vestido Paula Errázuriz

Ana María —por muchos años motor de la fundación Alter Ego— actual directora del centro comercial Jockey Plaza en Lima, fue ícono de la belleza, sofisticación, glamour y buen gusto. Aunque fue madre temprano, eso no le impidió desarrollar una exitosa carrera como modelo que comenzó a los 18, cuando en 1983 apareció en la tapa de una revista a cara lavada simulando cortarse la chasquilla. Importantes empresas pusieron de inmediato sus ojos en ella y desde entonces su éxito fue explosivo. A poco andar protagonizó innumerables comerciales, fue rostro de prestigiosas marcas; el ’87 alcanzó el título de la mejor modelo chilena y con su distinguida belleza e interminables piernas fue una de las musas favoritas de Rubén Campos y Luciano Bráncoli.

Con Rosita no fue distinta la cosa. Mayor de tres hermanas —Carolina y Ema— igual de hermosas y altas que bordean el 1.80 metro, saltó a la fama desde las páginas de revista Paula y en los desfiles de Rubén Campos. Llegó a ser considerada una de las maniquíes de alta costura más lindas de Chile, alcanzando su época peak en los años 80 y 90, ganando en ese tiempo el concurso de belleza Miss Señora Mundo. Madre de Lorenza Izzo y de Clara Lyon, hoy está a cargo de la feria gastronómica de cocina chilena, Echinuco.

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Vestido Paula Errázuriz

Estela Mora, por su parte, aterrizó en 1989 desde Mendoza con su primer marido, de quien al poco tiempo se separó. De impactante belleza y altura, esta argentina se hizo notar rápido, ocupando un sitial entre las modelos top y enamorando a Beto Cuevas a quien conoció en el ’91 al término de un show de La Ley. Luego de emparejarse con el rockero, la actual manager del cantante y empresaria, hoy radicada en Estados Unidos —es dueña de una empresa de luces led solares y sigue con la línea de maquillaje Aolifestyle—, abandonó el modelaje y creó la agencia Bookers con Claudia Guzmán, transformándose después en la mujer fuerte detrás de la banda nacional.

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REENCUENTRO DE ALTO VUELO

“El momento fue mágico. Chile venía recién saliendo de la dictadura, el país estaba refrigerado… Había una tremenda oportunidad de crear, de innovar, de mostrar cosas distintas. Era necesario que nosotros los fotógrafos jugáramos el rol de liberar un poco las mentes. Fue muy interesante hacer esa transición, visualizar a las mujeres integradas, profesionales, participativas… Eso fue un poco nuestra misión y gracias a estas grandes y poderosas modelos hicimos muchos cambios editoriales”, cuenta el artista, mientras se prepara para recrear la magia de aquellos años, en la misma playa y con las mismas musas.

La idea de reunirse surgió hace algunos meses como una iniciativa que Julio y Rosita propusieron a CARAS y junto a nuestro equipo periodístico terminó de tomar forma. “¡Rollo!”, gritó Julio para comenzar el shooting del recuerdo, lo que provocó una carcajada en las tres modelos que esperaban de espaldas al mar. Los retratos salieron solos, fruto del disfrute y juego de grandes amigos.

“Cuando Rosita me llamó para contarme que íbamos a recordar aquellos momentos que tanto disfrutábamos no lo dudé un minuto. Siempre es bonito trabajar con un buen equipo”, comenta Ana María Cummins, quien demostró que su complicidad con la cámara sigue intacta. A Estela, que vive en Los Angeles, la invitaron a través de las redes sociales: “Un día me contaron lo que estaban planeando, me acordé de cómo me divertía ¡y me vine!”.

Fiel a su estilo, Estela recuperó su estirpe camaleónico en cuestión de segundos. “Nuestra primera historia con Julio fue de noche. ¿Te acuerdas que me llevaste a esos lugares no santos? —dice mirando al fotógrafo con una risa pícara—. Tú tocabas el bombo y después fuimos a la fiesta Spandex”.

“¿Y recuerdas cuando fuimos a hacer las fotos a Valparaíso?”, le retruca Julio. “Sí, era una apertura de una democracia loca, las fiestas eran en el centro de la ciudad, en las playas y nosotros lo pasábamos re bien. Hasta conocí a mi ex marido ahí”, contesta Estela, en referencia al cantante Beto Cuevas.

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Ana María: Body Enfit. Traje Zadig & Voltaire. Rosita: Camisa Ralph Lauren. Pantalón Ousadia. Estela: Polera Michael Kors. pantalón Ousadia. Chaqueta Zadig & Volatire.

Con poco pudor, la rubia argentina disfrutó de las fotos y convalidó lo que alguna vez, allá por enero de 1996, comentó en entrevista con CARAS: “Es una estupidez pensar que la frivolidad es mala. Acá todo el mundo le tiene pánico a esa palabra. Y la frivolidad es parte de la vida de uno. No puedo negarla en este trabajo”.

Desde un lugar más romántico, Rosita, la gran gestora de este encuentro, abrió el juego y contó su verdadera motivación para este remember: “Esto es la valorización de un gran trabajo. Tenemos que cuidar nuestra historia. Siento que la moda en general acá nunca se ha valorado. La tendencia es a no celebrar lo propio y este trabajo merece ser recordado”. A su lado se mueve la hermosa Ana María. Una de las mujeres que más veces ha sido portada de CARAS asegura que Chile está cada vez más cerca de la manera en la que se trabaja en el resto del mundo, algo que en su época de modelo era una utopía.

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Estela: vestido Lía Fernández. Ana María: vestido Paula Errázuriz. Rosita: vestido Paula Errázuriz.

Dueñas de una belleza eterna que no tiene que ver precisamente con medidas perfectas sino con una actitud de goce, las tres coinciden en que la época dorada fue un momento de profesionalismo y trabajo, pero también de mucho juego. “En la vida es importante saber que este trabajo tiene una vida corta. Reinventarse es un desafío”, aclaró Cummins, quien hoy reconoce estar dedicada a sus nietos.

Lindbergh decía que el fenómeno de las supermodelos no se ha podido reproducir. “Probablemente hay mujeres que son más lindas que las de aquella época, pero estas chicas tenían algo: quizás en el estómago, en el corazón, en el alma, una energía que las hizo ser ese tipo de modelos. Esa garra no la lograron las que las sucedieron”, asegura Julio. Y a juzgar por las últimas semanas de la moda, tiene razón.

Guapas forever

Posted on: March 14th, 2013 by Vanina Rosenthal

Ama el verano y se le nota. Cuando aparece en escena con un short negro que hace lucir el bronceado de sus interminables piernas y el pelo suelto, Ana María Cummins impresiona con su estampa a quienes la ven por primera vez. Para muchos, la mujer más linda de Chile, irradia plenitud y se toma la escena donde llega.

Mientras posa para la lente de Javiera Eyzaguirre, es una de las pocas mujeres que pide evitar el photoshop. A los 27 años dejó las pasarelas, pero el oficio en el que brilló por casi una década se manifiesta en cuanto se escucha el sonido del primer flash y ella se transforma camaleónica en diferentes personajes: etérea, sexy y elegante.
Alguien de la producción comenta que está espléndida, a escasos metros ella muestra su mejor sonrisa. “Me inserté muy chica en el mundo adulto y quise retirarme joven para preparar el camino porque creía que con más años iba a ser más difícil enfrentarlo”, comentaría después.
Acostumbrada a los halagos, no concuerda con quienes a modo de piropo le calculan menos edad. “Cuando me miro al espejo no veo alguien más joven, veo a una mujer de 47 años pero en buena forma.

Si asumir que uno envejece es difícil, hacerlo bajo los focos de la televisión puede ser un auténtico vía crucis. Nadie lo sabe mejor que la animadora y empresaria Viviana Nunes. Aún no cumplía 17 años cuando ya se había convertido en un cotizado rostro que con una destreza envidiable supo mantenerse en primera línea por más de tres décadas. “Cuando cumplí 50 hice un cambio de switch y decidí que no iba a hacer más TV. Quedé cansada de la farándula. Estuve cinco años en el panel del desaparecido programa de Mega, Mira quien habla pero fue algo absolutamente forzoso porque tenía que pagar colegios y universidades. Uno como madre se ve obligada a hacer cosas que no siempre son las ideales. Ahora sólo volvería a algo que tenga que ver con mi edad y estilo. Nunca más estar por estar”.

Dice que la belleza ha sido un arma de doble filo que sólo con el tiempo ha logrado manejar. “Es un tema que en algún momento tuve que tratar con sicólogo. Piensa que empecé a hacer comerciales y fotografías cuando tenía apenas 15 años y desde ahí he sido figura y rostro. Sin duda un peso que hay que sostenerlo, mantenerlo y reafirmarlo. Por eso, siento que los años han sido una bendición porque te vas sintiendo cada vez más liviana. Tener harto kilometraje como que te libera”.

A los cuarenta y dos años, Carolina Schacht siente tan lejano el mundo del modelaje que durante los preparativos de la producción fotográfica y mientras los maquilladores y estilistas hacen lo suyo, ella se siente como en un deja vu. Bebe pequeños sorbos de su lata de bebida light —que reconoce es su debilidad— y observa los movimientos como la espectadora de una función. Pero cuando camina hacia el set, algo se transforma en ella. Avanza como una gacela y sus piernas cosechan piropos. Después de las primeras tomas, ya es la mujer que en 1989 ganó el cotizado cetro de Miss Paula.
Aunque trabajó durante muchos años en la revista Paula, fue madre muy joven, por lo que el bienestar familiar fue el centro de sus actividades durante los últimos veinte años. Con siete hijos, reconoce que recién en el último tiempo ha sabido hacerse el espacio para ella. “La mujer posee un lado maravilloso. Uno a los cuarenta y tantos tiene más capacidad de disfrutar y eso es lo mejor de la edad. En la vida pasan tan-tas cosas que no entiendes y el que no todo sea color de rosa a la larga es positivo. Hay que ir con la vida y no contra ella. Eso es lo más liberador, simplemente fluir”, afirma.

A estas alturas, el concepto de belleza que maneja pasa inevitablemente por un estado interno. “Ser bonita te abre puertas y te da seguridad cuando eres más chica pero no es prioridad para una vida real o armónica. Hoy la vanidad se complementa con otras cosas, con lo que te hace estar en armonía, es un trabajo que nace de adentro aunque suene cursi. Para mí la belleza se proyecta con la felicidad de tener paz, de estar contenta conmigo misma”, dice, al tiempo que reconoce que los mejores momentos que ha vivido fueron sus embarazos.
Aunque las cirugías no son una opción para mantener la belleza, tampoco las rechaza de plano.

Apenas la argentina Estela Mora pisa suelo chileno, sus amigas se pelean por alojarla. Y es que han pasado más de diez años desde que dejó el país para instalarse en Los Angeles junto a su marido Beto Cuevas e hijos, pero sus lazos con Chile permanecen intactos. “Dos días donde la Nina Mackenna, después me voy a lo de Claudia Guzmán. Cuando vengo es como si nunca me hubiera ido”, dice mientras abre su pequeña maleta desde donde empieza a sacar unas sandalias y accesorios para la sesión que está por comenzar.
Pese a que le costó años acostumbrarse, hoy asegura que no cambiaría por nada su vida en EEUU. Allá vive en una casa de cinco pisos en las colinas de Sherman Oaks, donde además funciona el estudio del vocalista del desaparecido grupo La Ley, de quien se separó hace un par de años pero que sin embargo continúa siendo su mejor amigo. “Es mucho más tranquilo y eso favorece la vida familiar, claro que uno se hace de un círculo pero eso no significa que deje de extrañar a las amigas y amigos del alma que están acá”, dice la ex maniquí que en 1989 partió de su natal Mendoza para probar suerte en el mercado capitalino, junto a su primer marido: un empresario argentino diez años mayor, de quien heredó su apellido.

“Con Beto tenemos la mejor relación. Ojalá que todo el mundo tuviera al marido como mejor amigo. Nos queremos mucho y la pasamos muy bien, nuestros hijos son la prioridad. Nos agarramos, no te digo que no, pero nos queremos. Al principio, cualquier relación que se desarma tiene un proceso, a veces uno está con más onda que el otro”.

Lea las entrevistas completas de cada una, en la edición del 15 de marzo.

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