“Las brujas no se hacen, nacen”. Con esta frase Zulma dejó clara la diferencia. Ya a los tres años tenía el don de visualizar el futuro y ponía la piel de gallina hasta al más incrédulo. “Podía ver cosas. Ya era una bruja, chica, pero bruja de tomo y lomo”, contaba esta mujer que vivió hasta los 94 años y que murió el 5 de noviembre pasado a causa del Parkinson.

Alta, entradita en carnes, el pelo prolijamente rubio, fue la ‘decana’ de las tarotistas, de las primeras en hacer los horóscopos de diarios como La Tercera, y de adelantar el futuro de los signos en radios Agricultura y Minería, donde trabajó por décadas. También fue mentalista, grafóloga y numeróloga. Pero antes, mucho antes, Rita Leal Plá —su verdadero nombre— también fue actriz. Se diría que nació sobre el escenario, en un atardecer de la ciudad de Rosario, Argentina. Su padre era el dueño de la compañía de teatro y, su madre, la primera actriz; ella recitaba el último parlamento como Doña Inés, en Don Juan Tenorio, cuando empezaron las contracciones.

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“Leal, ¡baja el telón!”, alcanzó a advertirle a su desconcertado marido apenas minutos antes de dar a luz. A falta de agua en el camarín, limpiaron a la recién nacida con champaña y, en lugar de paños y frazadas, fue envuelta en los hábitos de la mismísima Doña Inés, marcando tal vez ahí la potente relación que Rita tendría con las audiencias. A los siete años era parte activa de la compañía teatral, intérprete invariable de los roles infantiles. Pero en bambalinas la situación era otra y ahí Rita se transformaba en protagonista; toda la atención se concentraba en esta morocha a la que todos respetaban y oían en completo silencio. Los actores, la mayoría inmigrantes, le mostraban las cartas que llegaban de su país y ella, con sólo mirarlas, sabía hasta los secretos más oscuros de quienes las firmaban, incluso si eran infieles.

“Entonces ya intuía algunas cosas, pero no creyeron que estuviera ‘embrujada’, sino que tenía algunas condiciones, como muchos otros artistas, entre ellos papá, poseedor de un don para sanar a través de la imposición de manos totalmente divino”, contó en una entrevista.

Así comenzó la fama de Rita Leal. Pero no fue hasta que sus padres se separaron —y ella continuó itinerando junto a su papá en la compañía teatral—, que terminó acercándose como nunca a las ciencias ocultas. Luego él se enamoró y volvió a casarse con una famosísima actriz de radioteatros, Nieves López, cuya madre era una conocida mentalista. La mujer le enseñó a utilizar este don y la aprendiz de bruja decidió seguir sus pasos, pero bajo el seudónimo árabe de Zulma (doncella invencible en árabe), aunque ella de árabe por cierto que no tenía ni rastros: “Soy argentina por los cuatro costados”, solía aclarar.

Aunque también se dedicó a la sicología y al periodismo. Pero lo dejó todo para quedarse con la labor de Zulma, donde se sentía más cómoda.

Una de sus experiencias más famosas la vivió con apenas 15 años y le permitió comprender el enorme y a veces desconcertante poder que encierra la mente. A esas alturas Zulma ya tenía su propio programa radial: En la palma de tu mano, obviamente dedicado a la quiromancia. El sistema era simple: la gente enviaba una carta más una fotografía legible de su mano y Zulma, con sólo analizar las líneas y la carta en cuestión, sacaba sus conclusiones. Un día, mientras revisaba un montón de cartas rezagadas encontró una con carácter ‘urgente’. El firmante decía encontrarse en una situación desesperada. Pero Zulma, luego de analizarla por algunos minutos concluyó que ya era tarde: el hombre había muerto. Se trataba de un criminal al que sus enemigos habían ejecutado justo la semana anterior.

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Llegó a Chile en 1951 nada menos que como agregada de prensa de Evita Perón, de quien logró anticipar incluso su muerte. Así se lo reconoció a la mismísima Raquel Correa, quien la entrevistó en los ’80 para la televisión. “Fue divertido, porque (Raquel) me escarbó al milímetro, hasta el dinero que ganaba. Le respondí que podía mostrarle la papeleta de impuestos. Al término del programa Raquel me dijo que me había defendido muy bien. Ella siempre fue puntudita”, reconoció.

Y sobre su célebre historia con Evita, esto fue lo que relató: “Fui miembro de su equipo hasta el final. Como ella no habrá otra mujer en el poder que le llegue a los talones, hasta en lo preciosa. Lástima que regalaba a carretadas el dinero, pero no educaba a sus pobres.Era absolutamente divina. Murió a los 33 años de puro porfiada. Yo vi con claridad que eso pasaría si no se extirpaba ese cáncer al útero. Se lo dije mil veces pero no hubo caso: tenía un miedo irracional a la operación. Es que era pueblerina, poco instruida, azotada por la vida, con un padre que nunca la ayudó ni la reconoció”.

Imitada pero jamás igualada, su estilo al hablar, arrastrando las palabras y moviendo sus largas uñas en dirección a la cámara, fue resaltado por varios humoristas, como el famoso ‘uñitas uñitas’ que encarnó la célebre Gloria Benavides en el Jappening con Ja. O a Zumba, el personaje que se hizo famoso en el programa de Kike Morandé y que ella siempre aplaudió. Aunque eso sí aclaraba: “Pero así como me reí y celebré mucho a la famosa Zumba, yo con Yolanda Sultana nada, no me vengan a confundir. Imagínate que algunos pensaban que era a mí a quien Pinochet consultaba cada vez que quería saber el futuro. Pues no. Una vez me lo crucé en un hotel del norte y me acerqué con cariño, porque me parece que hizo algunas cosas buenas para Chile. Pero a ella, doña Lucía, no le regalaría el saludo. El era un señor. Ella era otra cosa”.

Cautelosa, de política no se pronunciaba, aunque era sabido que tenía a una serie de reconocidas figuras que pedían hora para visitarla y solicitar su consejo en toda serie de asuntos. Sólo se casó una vez y, si bien el matrimonio no duró mucho, tuvo un único hijo, Ezequiel Papagno, sicólogo. “Duré muy poco con mi excelente marido. Por mis viajes y en especial por mis brujerías, se hartó el pobrecito, aunque murió pensando que le gustaría casarse conmigo de nuevo. Tal vez habría resultado”, dijo ya retirada de los vuelos quincenales a Buenos Aires donde iba a atender a su clientela, o las idas a remotos lugares del mundo donde vivió situaciones de lo más extrañas.

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En Tailandia, por ejemplo, una mujer le mostró la palma de la mano de su marido impresa en una fotografía; el hombre llevaba varios días sin asomarse y ella sospechaba una infidelidad: “Miré la mano y supe inmediatamente que ese hombre estaba muerto. Es más, que lo habían asesinado. La cosa salió en los diarios e hizo una bulla enorme. Eso sirvió para que la gente dejara de tomarse tan a la liviana la consulta con una bruja de verdad, y no como las que aparecen en los anuncios de los tabloides”.

La mentalista dio la vuelta al planeta dando conferencias o visitando clientes. Europa, Japón, la India, China, Israel fueron algunos de los destinos donde también se empapó de los conocimientos de chamanes y maestros espirituales. En Egipto aprendió a leer la suerte en las arenas del desierto y en Israel tuvo la oportunidad de darse un banquete histórico revisando los manuscritos del Mar Muerto.

“Me he dado el gusto de recorrer el mundo entero. Una vez al mes cruzo la cordillera para visitar a mis dos nietos mayores y a mis fieles seguidores de Buenos Aires y Mar del Plata”, contó. Durante varios años mantuvo una línea telefónica esotérica con una compañía internacional que operaba las 24 horas. Pero ella, ni se arrugaba frente a las críticas: “Mi credibilidad está en mi poder mental. Nací con un don especial del cual me hice profesional. Brujas hay muchas, pero Zulma hay una sola”. Tanto así que, según su hijo, intuyó que el 2013 sería su último año: “Se fue muy tranquila, no dejó asuntos pendientes en la tierra, por decir, por hablar, por hacer. Ella lo sabía”.