Adoptar para mí ha sido la única manera de tener animales en mi vida. Partió hace 14 años cuando al ver un quiltro en la calle me enamoré perdidamente, su actitud, su agradecimiento, toda su corporalidad pedía ayuda. Lo llamamos Burger King y desde ese día sentí la necesidad de adoptar y comprometerme con la causa.

Hoy vivo con tres: Pascua, Palooza y Chusca. Yo adopto porque según cifras nacionales, en Chile existen actualmente alrededor de 255 mil perros y 88 mil gatos “sin dueño”, que deambulan por las calles y sectores rurales y lo peor es que la gran mayoría de ellos no nacieron “sin dueño”, sino que fueron abandonados por humanos que no tuvieron conciencia del daño que causan al tomar esa decisión. Yo adopto porque es la única opción que tenemos de que disminuya la población de perros abandonados.

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Yo adopto, porque al hacerlo ayudo a la salud pública disminuyendo las enfermedades transmisibles que producen el abandono que también afecta a los humanos, como la sarna. Yo adopto para dar la oportunidad a un perro que nunca tuvo casa o fue abandonado de vivir tranquilo con los cuidados necesarios bajo el amor de su dueño. Yo adopto porque es gratis y la recompensa es infinita. Si lo haces, solo te pido que proyectes tu vida con él y no lo abandones cuando deje de ser un cachorro simpático. Adoptar significa hacerse cargo y responsable en todos sus aspectos: alimentación, limpieza, cuidados, controles veterinaríos y, sobre todo, darle mucho mucho amor.