Pasó el glamour real británico, esta vez con toque hollywoodense, de la boda de Harry y Meghan -ahora ya unidos en matrimonio y con el título de Duques de Sussex-, y el fin de semana que recién pasó en Copenhague se reunió toda la generación joven de monarcas y futuros monarcas para celebrar los 50 años del futuro rey danés, el muy guapo Príncipe Heredero Frederik de Dinamarca.

Y sí, aunque muchos renieguen de ello, las casas reales generan interés en el mundo y también en Chile hubo quienes se levantaron al alba para ver la llegada espectacular de George y Amal Clooney o comentar cómo hace Victoria Beckham para llevar esa expresión de pocos amigos  junto a su sonriente y guapísimo David o las comodísimas zapatillas con las que Serena Williams acompañaba su vestido de gala. El vestido de la novia, la emoción de su madre, la dulzura de los pajes, la profunda conexión de Harry y su hermano William, así como la apasionada prédica del obispo anglicano y el gospel, nunca antes visto en una boda real… todo generó comentarios, unos más dulces otros más ácidos.

Pero, ¿por qué? Quizás porque a todos nos han gustado los cuentos y estas historias suenan a cuento -o a teleserie, dirán algunos-. Mientras algunos sueñan, otros curiosean y otros pareciera que igual se sientan a mirar para desahogarse en las redes sociales protestando porque los medios dan minutos a estas historias. En definitiva, por una u otra razón se despierta el interés en todas las latitudes.

Creo que también en estos días de violencia a todo nivel y en todas partes, con una realidad que somos conscientes que es dura, un recreo que nos muestra que el amor prevalece, que un príncipe de nuestros días puede decidir casarse con la mujer que quiera sin importar nada más que el sentimiento que los une es siempre bienvenido. Mi experiencia, además, reporteando casas reales es que la sangre nueva que ha llegado a estas familias ha aportado cercanía, visiones nuevas y realmente han sabido utilizar sus lugares de privilegio para contribuir y poner en la discusión temas como el bullying, la violencia doméstica, los problemas de salud mental, el apoyo al emprendimiento femenino. Creo que esta nueva pareja real también va a tener un protagonismo más lejos de las páginas sociales y más cerca del mundo de las necesidades de sus súbditos.

Es un hecho que, hasta la más tradicional de las monarquías, la británica, ha hecho un largo trabajo adaptándose a los cambios de conducta del mundo de hoy. En los reinos escandinavos hace ya un tiempo que “el factor humano” ha sido una de las claves de su popularidad y cercanía con su pueblo, además la razón del respeto por su privacidad del que gozan.

En los últimos años hemos sido también testigos de cómo se han sumado los “royals” al uso de las redes sociales y si antes estábamos acostumbrados a las fotos “oficiales” tomadas por el fotógrafo de la corona, ahora son los mismos protagonistas quienes, premunidos de sus smartphones, comparten las imágenes de sus hijos y sus actividades… tal como tú y yo lo hacemos. Los anuncios vienen vía Twitter, las transmisiones a través de Facebook y por Instagram nos enteramos de cómo se van creciendo las nuevas generaciones.

La boda de sueño de Carlos y Diana, que terminó en un amargo divorcio, seguido de la muerte de la “princesa de corazones”, la “princesa del pueblo”, en un accidente en París, generó una tremenda crisis a la corona británica. Pero los hijos de la pareja, William y Harry han reposicionado a la familia en el corazón del mundo, porque se han conectado con su entorno, como su madre lo hizo, con pasión, entusiasmo y dedicación en las tareas a las que se han abocado. Meghan, feminista y empoderada, ha sido recibida con calidez y seguramente consolidará también ese trabajo humanitario que comenzó su difunta suegra y que sus hijos continúan. La historia continúa y todos deseamos para ellos un futuro feliz.

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