A Dolores Soler le amputaron el brazo derecho. Fue por mala praxis. Tenía poco más de cincuenta años. Aunque era un dineral, sus diez hijos se ofrecieron para implantarle una prótesis en Alemania. Dolores era catalana. Dijo que no, que saldría adelante. “Por suerte”, era zurda. Así que se las arregló para seguir con su vida normal. Siguió tejiendo, haciendo el aseo, jardineando, pelando papas. Dolores Soler era la abuela de Ximena Casarejos, directora de la Fundación Teletón.

“Ella no tenía ninguna barrera. Para mí no era una persona discapacitada. Era mi abuela y podía hacer de todo. Viví con ese ejemplo”, dice. Tenía tan naturalizada esa situación que cuando Mario Kreutzberger le prepuso trabajar en la primera Teletón, ni siquiera pensó en su abuela. Lo que la llevó a comprometerse fue la visita que hizo a la sala cuna del Instituto de Rehabilitación Infantil dependiente de la Sociedad Pro Ayuda al Niño Lisiado, que acogía a recién nacidos con parálisis cerebral, con mielomeningocele (espalda bífida) y otras malformaciones. “Morí cuando vi a esos chiquitos. Créeme, tenían la misma cara de mi hija que recién había nacido. Me acuerdo y no puedo evitar volver a sentir la angustia que viví en ese momento”.

De eso, hace 39 años. Hoy, a poco de una nueva Teletón, Casarejos sigue con la misma energía porque entiende la importancia de esos 32 mil millones que buscan reunir para garantizar la operación de los 14 institutos con que cuenta la Fundación, los que permiten atender a 27 mil pacientes. Ella es una convencida de que la Teletón le ha dado visibilidad al mundo de la discapacidad en todo el país: “Ahora hay más empatía hacia los discapacitados. Cuando partimos, los chiquillos estaban relegados a sus casas. El índice de asistencia a los colegios era bajísimo”, explica. “Lo que nos planteamos como proyecto ha tenido mucha coherencia como marketing social. Ahí está el talento y la cabeza de Don Francisco, porque este diseño es de su autoría: la forma de invitar a las empresas auspiciadoras, cómo hacer que todo un país se una en torno a esta gran causa y que por 27 horas continuas el valor de la solidaridad esté por encima de todo. Mi labor ha sido estar junto a él para poder implementar sus sueños”, detalla.

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—¿Cómo se imagina una Teletón sin Don Francisco?

—Me cuesta imaginarla, pero debo hacerlo. De un tiempo a esta parte estoy haciendo ese ejercicio de manera más sostenida porque veo más cercano el momento de que esa posibilidad se concrete. Estamos dejando un gran legado para este país. Cuando Mario Kreutzberger no esté, la obra debe continuar. Todas esas familias que están alrededor de esos 27 mil pacientes, el conocimiento y la entrega de parte de los profesionales que han trabajado todos estos años en la Teletón no pueden desaparecer.

—Cuando dice que ve más cercano ese momento, ¿se refiere a que ya visualizan quién podría reemplazar a Don Francisco o es porque lo ve muy agotado?

—Mario tiene mucha capacidad y fuerza para seguir haciendo la Teletón. Nosotros estamos trabajando con un equipo de sostenibilidad para adelantarnos a ese momento y nos deja tranquilo lo que nos dicen: que la obra continuará. No sabría decirte quién lo va a reemplazar, pero sin menospreciar la capacidad de esos animadores, no conozco a nadie que tenga la entrega de Mario.

—Pero el día en que se vea obligado a dar ese paso…

—Yo voy a cuidar a Don Francisco. Y el día que no pueda, el día en que ya no cuente con sus facultades cognitivas, seré la primera en decir ‘ya, hagamos otra cosa‘. Pero él es fuerte y le queda una larga vida con nosotros.

—¿Usted se iría con él?

—Pienso que me tengo que ir también. Y no por algunos comentarios que he leído en redes sociales donde dicen que estoy apernada. Creo que si me voy no pasaría nada. Hemos formado un equipo muy capaz que puede asumir lo que viene.