Greta Garbo vivió dentro y fuera de la pantalla su famosa frase de la película Gran Hotel. Y creó un mito en torno a ella: desde ensayar coreografías sin bailarines, aprender diálogos sin lecturas con los coprotagonistas hasta pedir que nadie caminara a su lado. Cuesta imaginarla viviendo en la sociedad actual y logrando todos esos caprichos. O sea,  se jactaba de jamás haber abierto una carta o contestado el teléfono.

Muchos dirían que fue una adelantada. Hoy sería trendsetter en un siglo conectado hasta lo invasivo. Pero ya existe tecnología que trata de facilitar la soledad a los que quieran imitar a la gran diva sueca.

En los preparativos para viajar a Nueva York, apareció en mi palma la aplicación para celular Avoid Humans. Imposible resistirse y no curiosear.  Y me enteré del éxito de esta herramienta en la tierra sagrada de las tendencias pasajeras.

Se trata de una app que ayuda al usuario a encontrar los lugares (librerías, bares, cafeterías, tiendas y galerías —entre infinidades de sitios—) donde haya pocas personas o, idealmente, ninguna. Partió como un escape de los neoyorquinos para hacerle el quite a la masa de turistas y sortear filas. Pero pronto creció para hacerse de espacios y silencio.

Más práctica es la aplicación Split, que evita los ‘encuentros no deseados’ chequeando las locaciones de los teléfonos de nuestra lista de contactos. Partió como una ayuda post ruptura amorosa, pero logró popularizarse con nuevos ‘sujetos problemáticos’: familia, jefes, etc.

Otra parecida es Cloak, que usa Instagram y Foursquare para ubicar dónde están ciertas personas. Según cuentan sus creadores al USA Today, esa necesidad ‘antihumana’ la detectaron en 2012 cuando desarrollaron Unbaby.me, buscador que cambiaba en Facebook las caras de guaguas por gatos… Hoy se llama Rather y  tiene más alternativas para suplantar que infantes. 

Un derecho a descansar del otro que también se extiende a la vivienda. La firma de estudios de mercado Euromonitor International revela que en Europa y Estados Unidos se ha duplicado la cifra de población viviendo sola en los últimos veinte años, pese a la crisis económica.

Y en el caso del ocio, los hoteles de lujo vieron el crecimiento de esta preferencia, especialmente entre mujeres. Ante el alza de viajeras solitarias, quienes también extienden su visita, entregan programas premium. Un llamado de atención para las agencias chilenas que insisten en promociones pensando solo en dos.

Paradoja moderna: a la hora de no querer socializar, no estamos solos.