Recién se había ido el vikingo a Kabul, cuando me llamaron del colegio para informarme que una de mis hijas se había golpeado la cabeza y se sentía un poco mareada, con náuseas. Estaba en la oficina. Apagué el computador y avisé que me iba y que, probablemente, por la tarde me conectaría desde casa.

Me llevé a la vikinga chica a emergencias donde constataron una contusión cerebral que la dejó 5 días en reposo absoluto sin acceso a NADA electrónico; nada de televisor, tablet, ni teléfono. Creo que el pánico y la abstinencia nos golpeó a las tres. En fin, esa tarde, cuando mi hija descansaba, me conecté desde casa a mi escritorio en la oficina y terminé lo que estaba haciendo en la mañana.

Los siguientes dos días trabajé desde mi hogar, tras avisar con un SMS lo que había pasado y organicé mi trabajo desde allí. Así pude estar cerca de mi hija, controlando cómo iba la evolución de los síntomas y pude también hacer las traducciones en las que trabajo en mi día a día.

Como han leído acá, con cierta frecuencia me voy a las semanas de la moda en París, Londres o Milán o si hay algo que cubrir en algún otro país europeo, tengo la certeza de que puedo acordar con mi jefe en la oficina cumpliré mis funciones a distancia. Esa flexibilidad es impagable.

Definitivamente éste es un país en que al organizar mis horas de trabajo sé que puedo equilibrar con bastante éxito mis tareas profesionales, con mis necesidades o actividades personales y familiares. Y ahora que mi marido está a casi 5 mil kilómetros de distancia, ha sido más importante que nunca, porque los imprevistos suceden y Murphy JAMÁS se va de vacaciones.

¿Cuál es el secreto? Creo que la confianza, la responsabilidad y la lealtad son pilares fundamentales para que se logre esta flexibilidad. También la infraestructura tecnológica, naturalmente, pero principalmente lo primero, diría yo. Porque tanto empleadores como empleados saben que cuentan el uno con el otro en casos especiales donde se requiere un esfuerzo mayor, por ejemplo. Y porque, además, lo importante es que las tareas se hagan y los resultados se vean en el momento que tienen que verse, por lo que si uno termina un trabajo en el escritorio de la oficina, en casa, en el tren o en París, mientras esté todo a tiempo está todo en orden y bajo control. Esto me ha permitido también en su momento trabajar desde Chile y organizándonos bien con la diferencia de horas, créanme que ha sido una maravilla.

Lo que se conoce como “calentar el asiento” es una etapa largamente superada. Nadie aquí deja una chaqueta en la silla para que se crea que todavía está allí, es más, si alguien está como regla por muchas horas en el trabajo, probablemente se pensará que es ineficiente. Porque la presencia no es sinónimo de efectividad ni de estar más comprometido con la empresa. Según la OCDE, Dinamarca tiene una de las tasas más bajas de empleados que trabajan más de 50 horas, solo un 2% comparado con el promedio de Europa que es de 13%, mientras en Chile se llega al 15%. Lo mismo puede aplicarse a los pre y post natales, momentos en la vida de una familia que los colegas de trabajo tienen asumido que utilizarán a plenitud, de lo contrario, puede ser muy mal mirado.

Lo confieso, creo que estas ventajas son algunas de las que extrañaría con todo mi corazón si dejara el Reino. Una vez más, no vivo en un paraíso y hay mil cosas que se pueden mejorar, pero créanme las cosas buenas te hacen la vida largamente más fácil.

Los dejo ahora para ir a cocinar, porque sin ayuda externa, uno aquí se aplica y descubre algunas potencialidades que nunca antes habían asomado ;)

¡Hasta la próxima!

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