Desde hace casi 20 años que no celebro Fiestas Patrias en tierra chilena. Y aunque el vikingo las disfruta, no ha sido fácil explicarle a él y a las mini vikingas por qué nuestro 18 de septiembre no se parece a ningún otro en todo el mundo.

¿Qué me gusta de este mes? La sensación de que es el único momento del año donde nadie queda fuera –alrededor de un buen asado, anticuchos, empanadas y una o varias copas de vino—, la primavera comienza, el humor alcanza su apogeo y las diferencias políticas e ideológicas parecieran tomar una pausa. Todo se transforma en una fiesta popular, sin rencores ni mala onda; eso se da allí, al sur del mundo, y en una versión más pequeña, donde sea que al menos dos chilenos se encuentren.

En casa durante estos años no ha faltado la música chilena, desde Violeta Parra y Los Tres, a la banda Bordemar, la Cubanacán y Chico Trujillo en estos días. Tampoco han faltado Papelucho, Condorito –revista que se compra en el aeropuerto, en cada viaje de vuelta- ni leyendas como El Caleuche y Las tres Pascualas.

Las mini vikingas y el vikingo no son ajenos a mi cultura, tradiciones y costumbres, y aunque tienen una imagen un tanto idealizada de Chile, producto de los viajes de vacaciones, sienten que cuando aquí llega el otoño en septiembre, lo mejor del mes es que vamos a celebrar Chile.

Este año también hemos tenido una oportunidad más para sentarnos y conversar sobre nuestras raíces e historia. En la embajada en Copenhague se lució organizando la lectura de los poemas de Nicanor Parra, no solo en castellano sino también den danés.

chilenidadinterior

Por primera vez y con ocasión del cumpleaños 102 del anti-poeta, sus trabajos han sido finalmente traducidos al danés y publicados aquí por primera vez y así también los vikingos pueden conocer una de las plumas más vitales de nuestra literatura contemporánea.

La ocasión reunió a chilenos y daneses que, por una u otra razón —afectiva, de trabajo, por estudios y otras tantas variantes— tienen parte de su corazón en el sur del mundo. Para mí tuvo un toque de surrealismo escuchar los anti-poemas recitados en danés y me gustó ver que los vikingos presentes —no siempre muy demostrativos— se entusiasmaban, sonreían y aplaudían a las palabras de Don Nica.

Se sintió bien también que la mini vikinga, una ávida lectora, reaccionara a su poesía tanto en castellano como en danés y de camino a casa me dijera “mamá, me gustó su humor, su ironía… vamos a comprar los “Antidigte” (Antipoemas)”.

Con ese comentario siento que mi país está también en ellas, no porque sean hijas de madre chilena sino porque han crecido queriendo lo que han visto de Chile y quiero pensar que ese sentimiento va a crecer si alguna vez vivimos allí y ellas experimentan también el día a día en nuestra larga y angosta faja de tierra.

¿Lo que extraño? Tres pie de cueca seguidos. No hay caso, por más entusiasmo que le ponga el vikingo, he perdido la esperanza de que alguna vez pueda seguir el ritmo del tiki-tiki-tí, pueda hacer un ‘ocho’ o se luzca con un zapateado sentido. Pero qué le vamos a hacer; sé que no se puede tener todo en la vida.

Comentarios

comentarios