“Elevo oraciones de sufragio para que el Señor, rico de misericordia, lo acoja en la paz eterna y envío la bendición apostólica a quienes compartan el dolor por la muerte del difunto purpurado”. Esas fueron las palabras del Papa Francisco, tras la muerte del cardenal Bernard Law, a los 86 años, el pasado 20 de diciembre. De haber sido un presbítero cualquiera, se entendería, pero su sentido mensaje —difundido por radio Vaticano Urbi et Orbi— generó repudio al tratarse de un hombre acusado de encubrir a 4.400 sacerdotes pederastas en Estados Unidos durante muchos años.

Fue el Boston Globe el que en 2002 destapó esta oscura trama que le valió el Premio Pulitzer e inspiró al filme Spotlight, ganador en 2016 de un Oscar a la mejor película y otro al mejor guión. La historia puso en boca de todo el mundo los abusos sexuales de sacerdotes católicos en la diócesis de Boston, que concluyó con un gran escándalo social y religioso. La conmoción fue tal que, como una forma de reaccionar ante el impacto, Francisco —quien ejercía de Sumo Pontífice desde 2013— pidió perdón y envió una carta a los obispos del planeta pidiéndoles tener “tolerancia cero” con los abusadores. Por ello, su participación en el pomposo responso del cardenal Law desestimó su condena anterior y levantó más críticas.

Precedido por esta polémica, el pontífice llegará a Chile. Su visita alegra al mundo católico y para muchos es una fiesta, pero también remueve heridas entre las familias y víctimas de los casos ocurridos en Chile, como Karadima, Precht, Joannon y hermanos maristas, entre otros. Quienes conocen bien la trayectoria de Bergoglio desde sus tiempos como arzobispo de Buenos Aires señalan que, si bien defendió con fuerza una Iglesia enfocada en los más desprotegidos, nunca se caracterizó por su proactividad en el combate de estos casos. Así lo dice el abogado y especialista en derecho canónico trasandino, Carlos Lombardi: “Su comportamiento fue el mismo que cualquier obispo católico en el orbe, es decir, someter a las víctimas a un engranaje y sistema de encubrimiento que la Iglesia ha pergeñado para proteger al clero abusador”. Menciona el caso del sacerdote Julio Grassi, una verdadera estrella en su país natal, un cura moderno, mediático y muy influyente, relacionado con los altos círculos políticos, económicos y culturales de Argentina. “Bergoglio hizo lo posible para que no lo condenaran e incluso mandó a escribir un libro con los argumentos a favor de su inocencia que se los envió a los magistrados que debían decidir su libertad. Finalmente, fue condenado a 15 años de prisión efectiva y aún no es investigado ni expulsado de la Iglesia”.

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CASO KARADIMA

“Es una vergüenza que venga a Chile, porque en todos estos años como Papa no ha hecho nada para sancionar a los sacerdotes involucrados en abusos en nuestros país. Al contrario, ha premiado a los encubridores, como al cardenal Francisco Javier Errázuriz, quien durante su mandato ocultó e impidió la investigación de casos como el de Karadima. Aun así, fue nombrado por el Papa uno de los ocho cardenales a cargo de reformar la curia romana”, dice el periodista Juan Carlos Cruz, uno de los denunciantes de este bullado caso ocurrido en la Iglesia El Bosque y que ha sido narrado en libros y películas. Karadima fue acusado de abusar durante décadas de decenas de jóvenes. El caso explotó en 2010, cuando James Hamilton, José Andrés Murillo, Jorge Battle y el propio Cruz lo denunciaron en un reportaje de TVN.

El abogado Juan Pablo Hermosilla, quien representa a los tres denunciantes, comenta a CARAS que este caso hoy se encuentra “en su fase más crítica” tras la presentación de una demanda civil (2015) contra el Arzobispado por encubrimiento, la que debiera resolverse entre marzo y abril de este año. En 2015 la Corte Suprema envió un exhorto al Papa Francisco a través de la Cancillería para que entregara todos los antecedentes que tenía sobre el obispo de Osorno, Juan Barros, mencionado por los querellantes como uno de los encubridores de Karadima. Esto, tras una tensa conversación del Papa con un grupo de fieles en las afueras de la Santa Sede a propósito del nombramiento de Barros. “Piensen con la cabeza y no se dejen llevar por acusaciones infundadas de los zurdos. Osorno sufre, sí, pero por tonta, porque no abre su corazón a lo que Dios dice”, fueron parte de las palabras de Francisco, donde dijo tener antecedentes de que el obispo es inocente. “Enviamos un exhorto a la Corte Suprema solicitando esos antecedentes, pero luego de cuatro meses nos dijeron que no tenían nada…”, relata Hermosilla. Mario Vargas, vocero del movimiento de laicos en Osorno, dice que “Bergoglio se equivocó al tratarnos de zurdos y tontos y no vamos a bajar la lucha hasta tener un pastor digno”.

La visita papal ha movilizado a los laicos de esa ciudad del sur, quienes han programado una manifestación pacífica que incluirá lienzos, una rueda de prensa y una vigilia en los distintos puntos que visitará el Pontífice. Se concentrarán en Santiago, con el envío de un contingente de alrededor de 50 personas, para lo cual han reunido fondos a través de rifas, bingos y la venta de empanadas. “Tenemos coordinada una actividad en la Nunciatura Apostólica el domingo 14 y una velatón el lunes 15 en la Catedral donde queremos dar a conocer la crisis que estamos viviendo”, dice Vargas. Allí estarán Cruz, Murillo y Hamilton.

Pero el golpe comunicacional más potente parace ser el seminario organizado por The Accountability Project (TAP), ONG que traerá a Chile a una serie de figuras emblemáticas del movimiento global contra el abuso eclesiástico. En Santiago están confirmados Peter Saunders —fundador de la Asociación Nacional de Personas que Sufrieron Abusos en la Infancia—, quien integró la comisión vaticana contra las violaciones (a la que renunció en diciembre por considerarla inconducente) en reemplazo de Juan Carlos Cruz, quien fue destituido a petición de los cardenales Ezzatti y Errázuriz. A la comitiva se suma la ecuatoriana Sara Oviedo, vicepresidenta del Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas; Pedro Salinas, investigador peruano que denunció los abusos al interior de los Sodalicios; el mexicano Alberto Athie, figura clave para desenmascarar a Marcial Maciel en México; Tim Law, abogado, quien lidera en Africa, Senegal y Uganda las demandas contra misioneros canadienses; y la jamaiquina Denise Buchanan, quien después de quedar embarazada tras la violación de un sacerdote en Kingston abortó por imposición de las autoridades de la iglesia local.

“Ellos estarán en Chile y Perú para demostrar que el Papa ha mentido y que su famosa ‘tolerancia cero’ es una farsa”, dice Cruz.

Al grupo se suma Anne Barrett, codirectora de Bishop Accountability, sitio web en el que figuran por país los nombres de miles de sacerdotes acusados. El capítulo chileno se anunciará en un punto de prensa cuando el Papa se encuentre en territorio nacional y, como ella misma adelanta a CARAS, se mostrará un registro con 70 sacerdotes nacionales. “Hemos estudiado a Chile por años, pero pusimos más atención cuando el Papa designó a Juan Barros como obispo de Osorno y los católicos de esa diócesis respondieron con angustia. Esperamos que este aporte sea útil para los chilenos que buscan que la Iglesia sea segura para sus niños”, dice Barrett.

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CASO HERMANOS MARISTAS

Fue en 2016 cuando los abusos al interior del Instituto Alonso de Ercilla (IAE) —y cometidos por sacerdotes de la congregación Marista— salieron a la luz. A partir de ahí el número de víctimas ha ido en aumento y, de acuerdo al abogado de los denunciantes, Juan Pablo Hermosilla, podría tratarse de uno de los casos más extensos de nuestra historia, tanto en número de afectados como por su prolongación en el tiempo. Eso mientras que en agosto de 2017 la Fiscalía Sur designó al persecutor Guillermo Adasme, jefe de delitos sexuales y violencia intrafamiliar, para indagar los abusos cometidos por un integrante de la congregación Hermanos Maristas desde la década de los 70 hasta 2008. Se trata de Abel Pérez, acusado por cometer abusos sexuales contra al menos 14 alumnos del Instituto Alonso de Ercilla, de Santiago, y del colegio Marcelino Champagnat, de La Pintana. El religioso actualmente está en Lima, aunque desde la congregación señalaron que volverá a Chile para enfrentar a la justicia.

El periodista Eneas Espinoza fue uno de los primeros en denunciar los abusos que sufrió a los 10 años como alumno del IAE. “Tenía que haber más víctimas, no podía ser sólo yo. Cuando apareció un reportaje en El Rancagüino con la primera denuncia contra el hermano Abel, supe que estaba en lo cierto”, dice este profesional hoy radicado en Buenos Aires, sobre el caso de Jaime Concha, tras lo cual ambos ex alumnos han unido fuerzas: “Prácticamente no hay semana en que no nos llegue un nuevo caso o alguna historia”, afirma.

Tanto Espinoza como el abogado Hermosilla sostienen que durante largo tiempo operó un sistema de abuso sistemático —y de asociación ilícita— para continuar con las violaciones y encubrir sus operaciones: “Un ejemplo es lo sucedido con el padre Adolfo Fuentes que fue cambiado de un colegio a otro, al igual que el padre Abel”.

Hoy, sin poder detener las denuncias y acusaciones, la propia congregación reconoció estar al tanto de la situación, no sólo en Chile sino también en España, Argentina y Perú.

Hasta ahora, cuenta Espinoza, la estrategia sería iniciar acciones legales en 2018: “Lo fundamental es que en fiscalía quede sentada la denuncia y que otros sobrevivientes puedan sumarse. Si bien muchos casos están prescritos, sabemos de otros más recientes. Además, la convención internacional de la ONU de los derechos del niño dice que son delitos de lesa humanidad y, por tanto, imprescriptibles”.

Si bien no hay nada preparado para la visita del Papa Francisco, Eneas Espinoza critica su llegada: “Es un intento de lavar la imagen de la Iglesia Católica en Chile; él ha hecho declaraciones rimbombantes, habló de crear una comisión de investigadores pero todo quedó en nada. Traicionó la confianza de las víctimas, muchas de las cuales le enviaron información o contaron sus casos sin que pase nada… Para mí él es un encubridor”.

CASO JOANNON

“Los casos prescribieron y están durmiendo el sueño eterno. Dejé de tener relación con la Iglesia. Da rabia, porque los daños son tremendos y no ha habido arrepentimiento. En ese sentido, creo que el Papa viene a transmitir un discurso equivocado”, dice a CARAS una de las víctimas —que prefiere mantener su identidad en reserva— de las adopciones irregulares que el sacerdote Gerardo Joannon lideró entre 1975 y 1983, junto al doctor Gustavo Monckeberg.
Constanza del Río fue una de esas guaguas adoptadas y en 2014 fundó la ONG Nos Buscamos para contactarse con sus padres biológicos y ayudar a más personas con su búsqueda. Ella dice que espera que la visita del Papa sirva para calmar las tensiones de los escándalos religiosos que han explotado en los últimos años en Chile: “Me parece que la crisis religiosa es una más en nuestra sociedad y espero que su mensaje sea un aporte para que como país superemos esto y avancemos unidos”. Andrés Rillón nunca creyó que su hija había fallecido y logró encontrarla en 2004. Su hermana María Luisa cuenta que “él vive feliz y en paz, ya que al fin sus cinco hijos están reunidos” y dice que tiene la esperanza de que en su visita el Papa “reciba a las víctimas de Karadima, que diga algo sobre los curas que taparon todo lo que pasaba, que se la juegue por los abusados y no por los cómplices”.

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CASO PRECHT

El 5 de diciembre de 2017 el sacerdote Cristián Precht terminó su condena canónica de cinco años por “conductas abusivas con menores y mayores de edad”, según un comunicado del Arzobispado de Santiago, de 2012. La sanción, establecida por la Doctrina de la Fe del Vaticano, le prohibía al ex Vicario de la Solidaridad ejercer el ministerio sacerdotal. Sin embargo, el actual obispo de Aysén, Luis Infanti, abrió la posibilidad de que terminada su condena, Precht se trasladara a su región y retomara el sacerdocio, pero esto no ha prosperado. Debido a su edad (77) y delicado estado de salud, de momento no ha recibido encargos pastorales.

Jorge Cantellano, uno de los 20 denunciantes del Caso Precht, señala a CARAS desde Australia —donde vive hace muchos años— que “no es un asunto posible de resolver hoy dentro de una Iglesia éticamente enferma y tampoco es algo que la justicia puede solucionar castigando casos puntuales”.

Al respecto, Anne Barrett, codirectora de Bishop Accountability —quien estará en Chile durante la estadía de Francisco— espera que en su visita el máximo Pontífice se reivindique con todas las víctimas chilenas. Precht no quiso referirse a su situación sacerdotal.