Pequeña y exclusiva a la que sólo pueden acceder algunos pocos privilegiados. Eso es lo que uno podía imaginar hasta hace algún tiempo cuando alguien agregaba la palabra ‘boutique’ a su tienda o empresa. 

Pero ahora ‘boutique’ ya no significa lo mismo y ha pasado a reemplazar a la palabra ‘pyme’. Si una persona crea una nueva agencia de publicidad o de medios, un nuevo estudio de abogados, una nueva empresa de lo que sea, la define como boutique, que quiere decir ‘pequeña’, ‘somos pocos’, ‘recién estamos empezando’, ‘todavía tenemos pocos clientes’. 

¿Por qué se evita decir que una empresa es una pyme? Tal vez porque el concepto está asociado a que es difícil comenzar, que iniciar una pyme reviste demasiado sacrificio, créditos, deudas, golpear muchas puertas, abrirse paso en un mundo de gigantes, lidiar con créditos blandos. En fin, nada muy glamoroso.

Sin embargo, si se le da un giro, si al emprendimiento se le denomina como algo boutique, se establece que la empresa es chiquitita porque así se definió en el plan de negocios, es una compañía enfocada sólo a algunos y los tres clientes con los que cuentan son, en definitiva, privilegiados.  El problema es que en la medida que la tendencia se masifica pierde su valor. Al principio funcionaba, pero ahora decir que algo es boutique no significa exclusivo. Básicamente porque estamos inundados por tiendas, sandwicherías, quioscos, librerías, empresas de energía y páginas webs ‘boutique’. 

Es lo mismo que pasó con los consultores, de repente todo el mundo era ‘consultor’ de algo. O lo que también sucede con los ‘emprendedores’. Cualquiera puede denominarse emprendedor, no importa si se está creando un nuevo computador que desplazará a las grandes compañías mundiales o si sólo se trata de tejer chalecos en el tiempo libre. 

Por alguna razón, a muchas personas les da pudor decir que están empezando algo y que ese algo es pequeño, es una promesa, una semilla de lo que puede llegar a ser. Como si iniciar un proyecto desde cero fuera un fracaso, un hecho vergonzoso. Sin contar a los herederos, el resto de los mortales para partir, para iniciar tenemos que hacerlo desde la nada, aguantar la respiración, lanzarnos, dar lo mejor de lo nuestro y cruzar los dedos, esperando lo mejor. ¿Qué cosa mala hay en ello? ¿Por qué deberíamos adornarlo con la palabra boutique? Sí, estamos partiendo desde cero. Sí, es una apuesta. Sí, tenemos pocos clientes. Sí, somos chicos, pero buenos.