Para hablar de esto, nos juntamos en un bar a escasos metros de la Abadía de Weisminster. Sentado en un rincón de una estrecha barra de madera, exhibe una expresión de júbilo que define el espíritu que se vive en el país. El repunte de la economía, el alza sostenida de la masa turística, motivos para celebrar sobran. Mientras levanta su vaso de cerveza, el periodista que en 2000 ganó un Emy y un Royal Television Society por su reportaje de la masacre en Kosovo, aclara que su alegría de hoy se debe a que acaba de entregar el borrador de su libro número siete, inspirado en un viaje que hizo a Corea del Norte junto a estudiantes del London School of Economics y un camarógrafo de la BBC. La idea era mostrar las restricciones del régimen de Kim Jong-un, pero la experiencia resultó tan potente que decidió convertirla en una publicación que en los próximos meses estará en las estanterías londinenses.

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Algo muy similar vivió hace siete años en Los Angeles, cuando logró colarse en las reuniones del cuartel general de Cientología, ubicado en Sunset Boulevard. Ahí, en el corazón del culto que profesan John Travolta, Beck, Tom Cruise, Jennifer Lopez, Lisa Marie Presley, el director Paul Haggis y Will Smith, entre otras celebridades,  supo que estaba frente a una gran historia.

“Para comenzar, la religión debe ser honesta sobre las cosas en las que cree. Los cientólogos creen en un diablo espacial llamado Xenu, pero si les preguntas, sus voceros lo ocultarán. Cuando hablé con Kirstie Alley y Juliette Lewis en 2007 inmediatamente me negaron su existencia. Me dijieron ‘John estás loco’”. Fue entonces que comenzó a buscar a ex practicantes del culto que suma cuatro millones de adeptos que visitan las 10 mil iglesias que existen en 167 países… Sin imaginar que el grupo también iría tras sus pasos.

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“Dos personas me siguieron durante semanas por las calles de la ciudad, se metieron a mi hotel y me dijeron que si no paraba de investigarlos me iba a arrepentir. Todo, a punta de insultos. Cuando dejé Estados Unidos continuaron vigilándome hasta que llegué a Londres. Luego se camuflaron en mi boda. Un día, bloquearon las puertas de todos mis vecinos y la mía por casi una hora. Allanaron mi hogar varias veces e incluso el mismo líder del grupo, David Miscavige, me envió mensajes intimidantes en un lenguage vulgar… pero nada logró detenerme”, recuerda.

Por años, escuchó testimonios de quienes pudieron alejarse de la agrupación creada en 1950 por el escritor de ciencia ficción Ron Hubbard, en los que confirmó  historias de explotación de menores, lavado de cerebro, oscuros manejos financieros, manipulación de consciencia y actitudes violentas tanto en términos verbales como físicos. “Eso lo viví, la manera en que se te acercan, la actitud desafiante como si nadie pudiera pasar sobre ellos es abiertamente intimidante”.

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Sin embargo, lo que más le llamó la atención era la manera en que los seguidores eran chantajeados en el caso de que quisieran desertar. “Como parte del proceso de purificación se hacen unas especies de confesiones que se graban con una máquina que es un detector de mentiras. En conversaciones que tuve con cercanos a la cúpula contaban que esas mismas cintas son usadas para extorsionar a quienes deciden retirarse de la iglesia. Miscavige tiene una obsesión con la vida sexual y hay testimonios que aseguran que hay celebridades que prefieren seguir asistiendo a las reuniones y pagando las altas cuotas que exigen para ir subiendo de nivel con tal de mantener en secreto su vida íntima”, asegura.

La relación de la cientología con Hollywood es tan antigua como la propia Iglesia. Muchos jóvenes actores llegaban a ella a través de Milton Katselas, un profesor de interpretación que formó a George Clooney y Michelle Pfeiffer en sus inicios. Según ex miembros, la cientología aplica una política de ‘desconexión’ que obliga a sus fieles a separarse de sus familiares que no practican la fe.

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Hace un año, Sweeney viajó a Nuevo México junto al ex cientólogo Mark Headley. El objetivo era encontrar la catedral espacial subterránea que los líderes mandaron a construir en 1980, cuya existencia todos se empeñan en negar. En la superficie, el terreno tiene dibujado dos círculos gigantes con una forma de diamante en su interior que en el futuro guiarían a otros cienciólogos a retornar a la Tierra tras escapar del Armagedón del espacio exterior.

“Es un bunker gigantesco y al fondo de sus bóvedas selladas sobre ataúdes de titanio se encuentran, en discos de oro, las escrituras sagradas del grupo. Cuando apreté el intercomunicador de la entrada, una voz me dijo ‘hola’ con acento escandinavo. Con los mejores modales, di mi nombre y pedí formalmente un tour pero nunca recibimos una respuesta. Volvimos a la civilización, preguntándonos qué tipo de religión construye una catedral espacial alienígena bajo tierra”, cuenta.

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Pero lo que tiene ahora a la secta en los diarios ingleses son las nuevas revelaciones sobre el paradero de Shelly Miscavige, esposa del denominado Papa del culto y miembro clave de la cúpula de la organización, quien desapareció generando un cisma entre los seguidores. De hecho, la actriz Leah Remini de la serie King of Queens renunció al credo al denunciar la misteriosa desaparición ocurrida en las horas previas al matrimonio de Tom Cruise y la actriz Katie Holmes en Italia. Un ex guardia de la organización confirmó la tesis del secuestro tras confesar que él estuvo a cargo de impedir que la mujer —encargada de buscar una esposa para Tom Cruise tras su quiebre con Penélope Cruz— escapara de una propiedad ubicada bajo de las montañas del Lago Arrowhead en California. “La gente se está cansando de vivir con miedo. La cientología va en picada, de eso estoy seguro”, opina Sweeney.