Es la tarde de un domingo y las reclusas de la cárcel de San Miguel (C.D.P.) se alistan para las visitas de familiares y amigos. El lugar es frío y gris, pero hay un rincón que parece un oasis en medio de la mediocridad: se trata de la mesita que prepara Darling Rivera Fuentes (21), con mantel blanco y todo, tazas para tomar té a juego y la única con las sillas plásticas enfundadas.

Ella no sabe que esa tarde la voy a entrevistar, pero me recibe muy educadamente. Eso sí, me advierte que no hablará del día en que cayó detenida por supuesto asalto a mano armada en una casa de Chicureo y que le valió en los medios el apodo de ‘la Angelina Jolie chilena’. En los retratos hablados las víctimas describían a una joven buenamoza, vestida de negro, muy audaz, con los ojos perfectamente delineados y las cejas arqueadas al estilo de la actriz de Hollywood.

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Definitivamente, hay cosas sobre las que Darling prefiere guardar silencio. Sin embargo, acepta conversar de moda, belleza y de sus marcas de lujo favoritas. También de la desigualdad en Chile de la que exculpa a los ricos. “¿Qué rabia les puedo tener si a mí me gusta el estilo de vida que llevan?”, reflexiona mientras enciende un cigarrillo.

En persona, Darling es bastante más atractiva de lo que aparece en la prensa y en su perfil de Facebook, donde sube fotos posando con sus carteras y ropa de marca, alguna comprada directamente en Via Montenapoleone, Milán, donde hace poco se reencontró con su padre, según la policía, un lanza internacional.

‘¿Le sirvo un café o prefiere que le consiga un té?’, me pregunta mientras supervisa que nada rompa la magia de su precioso metro cuadrado en el gimnasio de la prisión.

Darling viste esa tarde un suéter Tommy Hilfiger anaranjado y jeans G-Star a tono. Las zapatillas son de Merrel. Su pelo castaño está planchado y su maquillaje es discreto, aunque con una mirada muy definida. A lo Jolie. Sus labios los pintó esta vez de rosa intenso (el mismo color de la sábana que usó para su escape) y combinan con la manicure que hace otra interna por dos mil pesos.

Sus labios los pintó esta vez de rosa intenso (el mismo color de la sábana que usó para su escape) y combinan con la manicure que hace otra interna por dos mil pesos.

“Es difícil mantenerse bonita acá. De partida, hay productos que no te dejan entrar como secador de pelo. Tampoco permiten extensiones, botas o joyas. ¡Ah y los perfumes están prohibidos y yo muero por un J´adore de Dior o un Millennium de Paco Rabanne!”, dice y resulta imposible no recordar las imágenes que mostró el OS-9 de Carabineros el día en que allanaron su refugio y donde, según la policía, aparecieron especies avaluadas en 300 millones de pesos, además de 13 millones en efectivo, aunque su abogado, Juan Vallejo, me aclara que sus carteras de lujo y botas de pieles exóticas son todos objetos que su cliente compraba.

Como sea, un grupo de internas se las ingenia para no interrumpir sus masajes reductivos, planchado de pelo, manicure y otros regaloneos que las mismas reclusas ofrecen a precios del mercado carcelario. Darling se cuida, y si bien ganó algunos kilos mientras espera desde marzo por la formalización de cargos, va dos veces a la semana en prisión a clases de aerobox y otras dos a baile entretenido, sin contar con las dos horas diarias de trote. “Estoy durita”, dice.

Y bueno, todos pudimos darnos cuenta de su buen estado físico cuando la tarde del miércoles 24 de julio escaló los seis metros del muro de la cárcel gracias a una soga confeccionada con una sábana coquetamente anudada, al más puro estilo Lara Croft (su fuga fue trending topic y se la comparó con el personaje). Pero la libertad le duró apenas 14 horas, ya que su pelo teñido de rojo en un fashion emergency no fue suficiente para despistar a la policía.

Hay una palabra que Darling repite como un mantra: “exclusivo”. A ella le gusta lo original, lo elegante, nada que sea en serie y menos que parezca comprado en Patronato. Algo que, explica, sólo se puede obtener a través de etiquetas de lujo que circulan en los ambientes ABC1: “Me di cuenta como algunas marcas ofrecen elegancia, hacen que te veas más interesante”.

A ella le gusta lo original, lo elegante, nada que sea en serie y menos que parezca comprado en Patronato.

Darling tuvo esta especie de revelación a los 13 años. Entonces contempló una cartera Louis Vuitton, una clásica, y se la colgó cuando nadie tenía una en su barrio. A pesar de que creció en una villa en Puente Alto y luego en la población Santa Julia, “siempre tuve amigas de clase media-alta y me informaba bien sobre lo que se usaba”, cuenta.
A partir de entonces se encantó con todo lo que era de difícil acceso y la posicionaba como una líder en su círculo más cercano.

Nuestra Angelina Jolie criolla es parte de un fenómeno internacional. Desde el 2009 que en Estados Unidos identifican como fashion thief a los adolescentes fanáticos de la moda y que, en una especie de adicción, están dispuestos a ir de prisión en prisión con tal de vestir las marcas de sus diseñadores favoritos. Suben ‘lo que está de última’ a las redes sociales y algunos hasta etiquetan los productos con comentarios de expertos. La única diferencia es que sus chiches fueron robados en Bergdorf Goodman o pagados con una tarjeta de crédito ‘prestada’.

Un caso icónico es el de Kevahn Thorpe. El New York Times y la revista New York Magazine han dedicado varias páginas a la obsesión de este joven que lo llevó de pasar una temporada en un centro para menores —cuando con sólo 16 años se presentó frente a una corte en un suéter Hugo Boss—, hasta la cárcel de máxima seguridad de Sing Sing a los 18 años. Para Kevahn, un chico de un barrio pobre de Queens (NY), todo partió en la tienda por departamentos de Macy’s, según relata New York Magazine. Sin embargo, su epifanía ocurrió cuando en la Quinta Avenida se encontró con Dior, Bottega Veneta y todos esos lujos. Y cuando por fin entró a Barneys sintió que se le abría un paraíso sin alarmas.

Como muchos de los fashion thief, Kevahn es guapo (menudo, de rostro anguloso y piel de terciopelo negra, según lo describe la periodista Jessica Lusting) y con un coeficiente intelectual por sobre la media (127 en su caso), pero al igual que un adicto ante la droga, puede perder el norte si está frente al último grito de la moda.

Y si para este chico neoyorquino la epifanía fue Dior, para Darling se trató del monograma LV que, como un conjuro la transportó de la mediocridad de su entorno a un mundo soñado.

“Ahí viene mi abuelita y me trae pasta con fruto di mare, porque aquí la comida es horrible”, dice Darling mientras vuelve a chequear que su mesita esté en orden. Se abrazan, intercambian algunas palabras y luego se les une una prima adolescente con una niñita de meses. Su tía reclusa la levanta, la besa y celebra sus coquetos aros.

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Me cuenta que tiene un hermano mayor, sordo, que la inspiró a aprender el lenguaje de señas. También uno menor, todavía un niño. Sobre su padre, prefiere no hablar, aunque LUN publicó sobre un par de viajes recientes a Europa luego de que ella decidiera reencontrarse con su progenitor. Al igual que Kevahn, el neoyorquino, Darling es hija de un padre ausente y de una madre abrumada.

“En el colegio siempre fui de 5”; asistió a un liceo técnico donde estudió ventas y publicidad, pero no hizo la práctica. Su sueño era ser profesora de educación física, enseñar el lenguaje de señas o tener una empresa de belleza.

Siempre quiso ser grande. Y para cumplir su fantasía se casó a los 18 años y se separó. Su última pareja corrió peor suerte: el día en que Darling fue detenida, él murió en un tiroteo sin esclarecer en la población Exequiel González Cortés. Sobre este tema tampoco quiere hablar.

Es difícil imaginar que se trata de la misma persona que la policía define como una asaltante violenta sin problemas en maniatar a niños y ancianos. Ella lo desmiente: “Se han dicho muchas cosas falsas. Yo adoro a los niños, a los animales y a los ancianos. No les podría hacer daño. ¡Si cuando en la noche veo cartoneros paro el auto y les doy dinero! Eso sí, tengo carácter y sé defenderme”.

—¿Y por qué crees que se te asocia con esa imagen?
—Porque la policía es incompetente y está buscando culpar a alguien.

—Pero estabas en el asalto a mano armada en Chicureo que terminó en tu detención, ¿qué pasó esa vez?
—Sobre ese tema no voy a hablar.

“Se trata de un caso de personalidad narcisista-antisocial —dice la sicóloga del OS 9, María Luisa Díaz— muy preocupada de su apariencia y que se identifica con los personajes que interpreta Jolie porque reúne las cualidades masculinas y femeninas que le han permitido convertirse en una líder dentro de su grupo: arrojo, valentía y audacia, por un lado; sensualidad, belleza y misterio por otro”.

De hecho, Carabineros asegura que ella actuaba como líder de la banda, ya que elegía los lugares de los atracos, definía los tiempos y manejaba los vehículos en la huida. Otra particularidad es que no vendía ni reducía algunas de las prendas o accesorios robados, ya que eran parte de su trofeo. Según la experta del OS-9, “este tipo de detenidos usan las etiquetas de lujo como una forma de salir simbólicamente de la marginalidad, además de adquirir estatus entre sus pares. Por eso las marcas más deseadas son siempre esas que, por el momento, sólo están disponibles en el barrio alto, como North Face”.

No siempre fue igual, reflexiona el capitán de Carabineros César Figueroa. “Hasta los ’80 se podía hablar de un robo de subsistencia, pero en los ’90, de la mano de la masificación del consumo, se inició un fenómeno conocido en el hampa como ‘tapizarse’, es decir, andar muy bien vestido y destacar entre los pares. El estilo que más adeptos ganó fue el bling bling, con mucha cadena y ropa deportiva con marca a la vista, ostentoso e inspirado en el reggaeton. Muy distinto a la tendencia lanza internacional que es sobria, europea, traje de buen corte y zapatos con cordones”.

A partir del 2000, la tecnología también pasó a ser símbolo de estatus y los smartphones hoy tienen mucho que decir sobre quién es quién en los bajos fondos.

A partir del 2000, la tecnología también pasó a ser símbolo de estatus y los smartphones hoy tienen mucho que decir sobre quién es quién en los bajos fondos. Las mujeres, todavía pocas, son aficionadas a las carteras de lujo y a las joyas. Esta adicción llevó años atrás a Nicole Romané Garrido a realizar un alunizaje en la tienda Louis Vuitton de Alonso de Córdova y a Ana María González, conocida como Hannah Montana a gritar “¡Por favor, sáquenme bonita!” a los periodistas que la esperaban en las dependencias del OS-9. Su característica: un anillo con el sello Gucci.

Pero nada se compara con el estilo de Darling.
Ella desprecia el bling bling, porque su idea de lo top es la elegancia: “Una mujer fina, educada, simpática y que se viste con marcas y joyas exclusivas. Una mujer interesante y de pocas palabras”.

—¿Qué personaje representa este ideal?
—Angelina Jolie, todo el rato. Ella es muy guapa. La he visto en muchas películas y me gusta su estilo. Siempre hace de protagonista y, además, es interesante: se sacó las mamas por causas médicas y ayuda a los niños.

—¿Es cierto que te hiciste la cirugía (en la nariz) para parecerte a ella?
—No, es falso. Parecerse a ella es imposible. Eso sí, en la boca quisiera ponerme algo, en el labio de arriba. También arreglarme los pechos, pero algo suave, fino: unos 300 cc. para mejorar el escote. Ya me probé los implantes y estoy esperando salir…

Su estilo lo califica de ‘piola, elegante’. Si es informal, unos jeans G Star y una polera negra. Ahora, si es una comida especial, su ideal sería un vestido Prada, también negro, y joyas, sin descartar “unos aritos ‘peloláis’”.

—¿Crees que hay desigualdad?
—Sí, mucha. La educación es desigual y por eso estoy de acuerdo con las marchas estudiantiles porque hay gente que quiere estudiar medicina y no puede…

—¿A qué colegio te hubiese gustado ir?
—Al San Marcos de Macul, pero vale como 250 mil pesos. O al Cumbres porque es como ‘cuico’, pero las niñas son súper simpáticas. Tengo amigas del Cumbres en Facebook y hay algunas bien alocadas. Dan una imagen piola, pero no lo son.

—¿Qué sientes con esa desigualdad?, ¿Te da rabia?
—Me dan rabia los pobres porque son mediocres; porque nacen pobres y quieren morir así… O buscan que todo se lo regalen.

—Pero tú no has trabajado.
—Sí, como promotora, por ejemplo. Nací pobre, pero quiero avanzar. Me gustaría salir, estudiar algo y tener una empresa de cosméticos.

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—Y los ricos, ¿te dan rabia?
—¿Qué rabia les puedo tener si a mí me gusta el estilo de vida que llevan? Ahora, lo que sí me dan rabia son los que abusan con sus empleados.

La otra Darling, la más audaz, recién aparece al final de la entrevista. Me despido, pero cuando quiero abandonar la cárcel un gendarme dice que debo esperar hasta las cinco. Entonces mi entrevistada interviene y le explica que ha visto visitas salir antes y que no es justo. Los ojos de Darling pasan, con un simple arqueo de cejas, de la coquetería a la advertencia felina. Pero el gendarme no cede y mejor le digo que nos tomemos otra taza de té.

—¿El delito es ‘la’ forma de ‘salir adelante’?
—Mira, no puedo cambiar el mundo, así que trato de acomodarme al estilo de vida que quiero llevar, o sea, ciertas comodidades y que no le falte nada a mi entorno. Ahora, es imposible que no existan pobres y ricos. Así la vida no tendría sentido. Nadie trabajaría.