El episodio, hace más de cinco años y que lo publicó desde el Hola al Vanity Fair, dejó en claro que la obsesión de la viuda Casiraghi era casar a su primogénito con una heredera sólida.

Es nieta de Julio Mario Santo Domingo, un industrial colombiano con un patrimonio que llega a los seis mil millones de dólares y que murió el año pasado. Conocido como el ‘emperador’ de Barranquilla, convirtió la isla de Barú en el Saint-Tropez del nuevo mundo. Sin embargo, nunca pudo superar la pena de haber perdido a su hijo mayor a los 51 años en el 2009. El llevaba su nombre y era el padre de Tatiana.

Para los Grimaldi, en cambio, el dinero nunca tuvo patria ni religión. Entre ruleta y un estado de excepción tributaria, esta parece ser una alianza perfecta entre el clan que domina la Costa Azul y la familia más glam de Latinoamérica. Para los expertos en realeza, la ‘jugada Grimaldi’ no es azar. Lo mismo pasó cuando Rainiero prácticamente firmó un ‘acuerdo nupcial’ con Hollywood para casarse con Grace Kelly. Una forma rápida de atraer divisas después de las guerras mundiales. Fue el comienzo mediático de una dinastía que construyó abolengo a pulso de compra de títulos. Por vía paterna, provienen de una saga de filibusteros y riquezas de dudoso origen, algo que siempre fue visto de reojo por las coronas vecinas.
Carolina parece olvidarse también de sus antiguos apellidos de casada. Ni Junot ni Casiraghi. Aunque ya se separó de Ernesto de Alemania, hace más de cinco años, usa el titulo de princesa de Hannover. Eso la emparenta con las casas reales de Inglaterra y Grecia. Un must que ella no puede desperdiciar. Frente a todo, Tatiana nunca habla. Menos ahora que podrá ser princesa a partir del verano del 2013, justo cuando reciba su herencia. Millonaria por derecho propio y, sobre todo, sola. Sin abuelo ni papá y con una madre lejana —la socialité Vera Rechulski— que rehizo su vida como anticuaria en Brasil. La fortuna ahora está a cargo de su tío Alejandro: un play boy convertido en el soltero más codiciado de Manhattan. Su otro hermano, Andrés, es otra figura jetsética desde que se casó con Lauren Davis, una influyente editora de Vogue.

CUANDO TATIANA ENTRE A LA CATEDRAL SAN NICOLÁS para ser la mujer de Andrea lo hará posiblemente del brazo de su hermano menor Julio Mario III: un díscolo dj lejano a las finanzas, muy distinto a su hermana que como soltera jamás perdió el tiempo. Junto a Dana Alikhani son dueñas de la marca Muzungu Sisters: ropa y artesanía de origen étnico.
Para los colombianos es alguien ausente. Cuando aparece por el Caribe, llega en jet privado. La ven como una chica normal hasta el aburrimiento. “Sin rastro de peluquería ni maquillaje, que usa botas de leñador y algo regordeta a veces”, como dice una socialité de ese país. En Europa, la conocen más, pero nadie sabe que detrás de ella hay una familia con una historia similar a un culebrón caribeño con guiños de realismo mágico.
El patriarca: Julio Mario Santo Domingo Pumarejo, tan apuesto en su juventud que era confundido con Tyrone Power. Multiplicó lo que su padre inició gracias a Avianca. Rápidamente hizo crecer las arcas gracias a la cerveza (Aguila y Bavaria), medios de comunicación, compañías de productos alimenticios, químicos, bancos y seguros. El gran golpe fue la venta de Bavaria al gigante sudafricano de SaabMiller. Aunque fue una de las mayores transacciones en la historia de Latinoamérica, se vio envuelta en un escándalo porque supuestamente no se pagaron los impuestos correspondientes. Lejos de la polémica, también es reconocido el aporte de los Santo Domingo a la cultura y a las buenas conexiones que han establecido con otros poderosos de la región.

A ALVARO SAIEH LE DICEN EN COLOMBIA EL GUAJIRO DE LA BANCA. Aunque pocos saben que nació en la localidad de Villanueva, en la región de La Guajira, viajó a Chile cuando tenía cuatro años para radicarse en Talca. Posiblemente será uno de los pocos invitados chilenos a este ‘enlace’ real. Fue hace más de 10 años que conoció a los Santo Domingo. El primer intento de negocio conjunto fue la compra de un hotel en Cartagena. El 6 de diciembre del año pasado el diario El Economista informó que el empresario chileno pagó 1.225 millones de dólares por la subsidiaria del Banco Santander en Colombia. “Lo novedoso de la operación fue que el Grupo Santo Domingo fue incluido en el negocio y en los próximos meses se volverá inversionista del banco chileno, con un monto de 100 millones de dólares”. Después, el mismo Saieh confirmó que habría más: “Este año nos asociamos en dos procesos más: ING pensiones y el Banco Colpatria”.

Lea el reportaje completo en la edición del 20 de julio.

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