Es un caluroso día de verano en Santiago. De pronto llega la noticia de que Tomás Pieres (35) estará hasta mañana en la capital, luego regresa a Buenos Aires. Hay que aprovechar la oportunidad. Quedamos de reunirnos a las 15 horas en las caballerizas del Club de Polo y Equitación de San Cristóbal, en Santa María de Manquehue. Sabemos que es parte de la “familia real” de poleros en Argentina, sabemos que su organización es de las mejores del mundo y sabemos que el gen Pieres es muy guapo. De pronto se acerca caminando tímido, casi tratando de ser invisible, su voz es tranquila y cuesta sacarle las palabras. “No creo que sea de elite, sino más bien tengo una vida dedicada al polo y al caballo”, es lo primero que dice.

Porque si hay un deporte premium por excelencia ese es el polo. La cantidad mínima de caballos, la trayectoria y el estricto protocolo, lo convierten en un deporte de lujo. Y si Argentina cuenta con los mejores equipos del planeta, no es nada de raro que Ellerstina sea uno de ellos. El team a cargo del clan Pieres es uno de los pilares fundamentales del deporte al otro lado de la cordillera y Tomás es parte de él.

Aunque muy lejos de ser un deporte popular, el polo es un estilo de vida para los argentinos, algunos incluso lo llegan a comparar con el fútbol. Es un deporte que trasciende más allá del puñado de deportistas de elite que lo conforman. Proveniente de los gauchos que se dedicaban al campo, la agricultura y la ganadería, comenzó como un pasatiempo de fin de semana para los trabajadores de la tierra que se agrupaban entre hermanos para retar a los vecinos a un partido con los mismos caballos con que trabajaban la hacienda. 

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Factor genético, justamente el mejor entrenamiento para un caballo de polo, es que trabaje con ganado. Como en Argentina abunda la gente dedicada al campo, el país se convirtió en una potencia mundial del deporte del taco y la bocha, el número uno, con Inglaterra y Estados Unidas a la cola. Al poseer una geografía plana y alfombrada con bermuda —el pasto que se usa para jugar polo—, no existía nada que impidiera desarrollar al máximo este deporte. Como si esto fuera poco, la tierra tiene un riego natural: la lluvia. Lo único que tenían que hacer para practicar polo era cortar el pasto, todas las demás condiciones estaban a su favor.

Fue así como el país se transformó en La Meca de esta disciplina y en la cuna de clanes compuestos por numerosas familias. Entre las más destacadas están la Novillo Astrada con su club La Aguada, Los Merlos con La Mariana y, por supuesto, los Pieres con la Ellerstina, pionera en ofrecer paquetes resort, clínica de polo y una copa con su nombre.

La Ellerstina ha integrado todas las etapas que se desarrollan en el ámbito del polo bajo un paraguas de prestigio y excelencia, y sus miembros se han codeado con grandes personajes como la reina Isabel y fanáticos declarados como el tenista Juan Martín del Potro. Sus actividades abarcan desde el desarrollo biogenético hasta la expresión más visible: el polo team.

Todo comenzó cuando en 1990 el polista Gonzalo Pieres ganaba por sexta vez el Abierto de Palermo con su equipo La Espadaña y anunciaba su retiro de las competencias de alto hándicap. Para esa época, ya tenía una amistad con Kerry Packer, el hombre más rico de Australia y un aficionado al deporte. De esta relación fundada por el polo, nació una estrecha amistad que llevó al magnate a proponerle a Pieres su vuelta al polo de alta competencia. El aceptó y así nació Ellerstina Polo Team en Pilar, a casi una hora hacia el norte de Buenos Aires. El equipo debe su nombre a dos palabras: “Ellerston”, como se denomina la estancia de Packer en Australia y el team de polo de su propiedad en Inglaterra; y “Argentina”. Gracias a la experiencia de Gonzalo, al aporte de los caballos de Packer y a las ganas de ambos, Ellerstina se convertiría en protagonista desde su debut en la temporada de 1992.

Gonzalo Pieres continuó con la historia del éxito que había formado junto a sus hermanos Alvaro, Alfonso y Pablo en los ’80, un equipo consolidado —el primer team en congregar a cuatro hermanos—, solo que esta vez arrancaba junto a Mariano Aguerre, Cristian Laprida y el mismísimo Adolfo Cambiaso, “el Maradona” del polo.

Hoy la estancia ofrece un haras con los mejores caballos de su equipo, siete canchas, alojamiento cinco estrellas y réferis. Ya van en la tercera generación de Pieres. Facundo, Gonzalo (hijo) y Nicolás —todos hijos de Gonzalo— son de los mejores exponentes de este deporte a nivel mundial, los dos primeros con 10 goles de hándicap al igual que su padre y su tío Alfonso, la cifra que avala el más alto nivel. En 2010 ganaron la Triple Corona —el torneo de polo más importante del orbe—, dieciséis años después de haberlo logrado en 1994. Su primo Pablo “Polito” Pieres ingresó recientemente al equipo de la camiseta negra con la Z y se convirtió en el quinto hombre de la familia en alcanzar los dos dígitos.

Ellos son la cara visible de Ellerstina, el club ubicado en las “tierras del polo”. Pero como toda organización, hay quienes trabajan tras bambalinas. Detrás de los cuatro jugadores hay una verdadera escudería conformada por petiseros, veterinarios, preparadores físicos, psicólogos deportivos y Tomás Pieres, hijo de Alfonso y primo de las grandes estrellas.

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Lo definen como un jinete increíble. Pieres está encargado de mantener en excelentes condiciones a la caballada del equipo. “Les saca mucho provecho a los caballos, con un muy buen taqueo y muy ligero. Es un excelente piloto”, dice José Antonio Iturrate, uno de los mejores exponentes chilenos de la disciplina ecuestre. Ellerstina cuenta con alrededor de treinta caballos por temporada y porque en este deporte, caballos y jugadores cobran la misma importancia, el trabajo de Tomás es parte fundamental del equipo.

Tomás se involucró a los cinco años en el polo impulsado por su padre; a los siete ya competía en la Copa Potrillos, un torneo para pequeños polistas. “De chico no me gustaba, no me divertía. Era todo demasiado obligado y hasta que no tuve decisión propia, no me gustó tanto”, revela. 

Hoy es su gran pasión, junto a su señora Carolina Llorente y sus dos pequeñas hijas de dos y cuatro años. Vive en la misma Pilar —que ya es considerada la capital mundial del deporte— y cuenta que “se trabaja bastante más de lo que parece. A las siete y media de la mañana ya se está en las caballerizas y en seguida sobre el caballo. Después hay mucha vida de establo y de tomar mate con los petiseros, que también es parte del trabajo”. 

Tomás cree que el éxito de Ellerstina radica en “dedicarle todo el tiempo posible a los caballos que tengas”, además de seguir una vida sana, con idas al gimnasio de cuatro a cinco veces por semana y acostarse temprano. Y añade que “los horarios me parece que son lo más importante”.

Pese a que cree que sí es una gran presión ser polista y llevar el apellido Pieres, “es muy lindo, imagínate que todo empezó con un tambo que tenía mi abuelo Álvaro. Ahí jugaban los primos de mi papá que tenían una mejor condición económica. Fue gracias a ellos que mi padre y tío fueron agarrando el polo, jugaban partidos a cambio de hacerles de petiseros y luego se dedicaron profesionalmente”.

Ahora se toma vacaciones hasta marzo, cuando empieza la temporada en Argentina y se lleva a cabo el evento más importante de todos: el mundial de polo que, por segunda vez en su historia, será en Chile. Vendrán los seis mejores equipos del mundo, incluyendo Argentina por ser el ganador vigente, y Chile, por ser sede. Aunque Tomás confiesa que “del polo en Chile hasta hace dos días no sabía nada”, está perdonado. Proviene de una familia que ya es leyenda al otro lado de la cordillera, los Pieres seguirán teniendo su nombre en alto y Tomás está escribiendo parte de la gloriosa historia. Porque el polo está en el ADN de la familia.