Renzo Irarrázabal, hermano de Romina

Teníamos cinco años de diferencia. Yo era el mayor y Romina mi única hermana. Cuando fue el accidente había cumplido 33 años y trabajaba en el Consejo de la Cultura.
Llevaba seis años con su pareja. Su proyecto era formar una familia, tener hijos, vivir en el norte de Chile. La noche antes de partir, nuestra mamá se quedó con ella. Al día siguiente, la fue a dejar al terminal de buses de Valparaíso…
Nuestro padre murió hace pocos años y el único hermano de mi madre también. Para ella ha sido muy duro. Dice que sólo la mantiene viva mi hija de un año y medio, su nieta. Yo, a partir de ese día, ya no creo en milagros, ni en Dios ni en divinidades. Me cuesta entender que ya no cuento con mi hermana.
Ahora faltan cuatro personas que aún no son ubicadas en el fondo marino. Mi hermana fue la última. De ella encontraron apenas un huesito, de menos de un centímetro. Pudo ser identificada gracias a exámenes de ADN. Para mí, Romina sigue en el fondo del mar.
En el Consejo nos entregaron un sueldo de ella, que se pagó a través de la oficina de Bienestar. Nos dijeron que ella lamentablemente no había viajado con un seguro asociado. En la Fach dicen lo mismo: sólo los viajes comerciales cubren seguros. A nosotros no nos importa la plata. Sólo queremos que la gente del sistema público tenga las mismas garantías de la gente que trabaja en el mundo privado.

Héctor Díaz Papá de Galia

Mi hija era alegre, generosa, preocupada de la gente con carencias. Estudió comunicación audiovisual y siempre fue una profesional de categoría. Conoció a su marido Mario Párraga, cuando él era tesista de doctorado en biología y ella estaba en España, visitando a su mamá. Regresó a Chile, pero nunca perdieron el contacto.
Se enamoraron, se casaron y se establecieron en la avenida Alemania, en Valparaíso. Tuvieron tres hijos. La menor apenas tenía ocho meses cuando ocurrió el accidente. Eso es lo más grave.

A ella se le pidió que fuera a ese viaje y las leyes dicen que una madre con postnatal no puede estar en funciones de trabajo a más de 200 kilómetros de distancia. La vi casi hasta el final. Fue la penúltima en subir. Camiroaga fue el último, porque estaba respondiendo una entrevista a un grupo de estudiantes. Apenas supe de la noticia, fui al aeropuerto de la Fach. El ambiente era aterrador. Nos decían que el avión estaba desaparecido, pero en la televisión la información era otra. Ya se hablaba de que no había sobrevivientes. La angustia se apoderó de todo. Mi hija se había salvado de un cáncer de mama hace un par de años y, de alguna manera, yo también creía que esta vez tendría suerte. Ahora yo asumí la vocería sobre la defensa de mi hija. Galia sufrió acoso laboral en su trabajo. Ella sabía que era casi la única de su equipo en el Consejo de la Cultura que había quedado de la administración anterior. Ahora mi yerno, por consejo médico, no puede seguir con la batalla. Quedó solo, con tres hijos y perdió a la mujer que amaba. Para él todo ha sido demasiado fuerte.

María Graciela Quinteros, mamá de Carolina Fernández

¡Mamita voy a Santiago, hazme charquicán!
Esa era tu frase característica y ese día no fue la excepción. Tu llegada siempre se convertía en algo especial y hasta la Canela, nuestra perrita regalona, te lo hacía sentir corriendo a tu alrededor por largo rato apenas aparecías en el umbral de la puerta, causando la risa de todos. Por la noche y luego de comer en familia, nos fuimos a la cocina y allí conversamos por un largo rato, como solíamos hacerlo. Fue cuando me contaste tus próximos planes, de tu viaje a San Andrés en compañía de tu amiga Daniela y lo que harías para Fiestas Patrias.
Septiembre y diciembre eran tus meses favoritos. En tu Facebook pusiste el día primero: ¡Qué lindo septiembre! Y me dijiste: El año que viene será de profundos cambios en mi vida.

Y aquí estoy, a un año de tu partida. Atesoro cada instante que Dios me regaló a tu lado, tu fuerza, tu espíritu solidario, esa ternura con la que te acercabas a los niños, la alegría con la que enfrentabas el día a día convirtiendo cada desafío en algo único y especial. Me hace mucha falta ese llamado tuyo sólo para decirme Mamita, te quiero mucho.
Te fuiste como las mariposas, que tanto te gustaban, volando como una de ellas a una isla de cuentos donde no las hay, para luego renacer y convertirte en lo que hoy eres: una heroína. Y aunque sólo queríamos tenerte con nosotros, nos queda la resignación de una familia cristiana que recuerda siempre tus palabras: Dios sabe lo que hace. También las de El Principito, tu libro favorito: Lo esencial es invisible a los ojos, sólo se ve bien con el corazón.
Te amaremos por siempre, Tus padres y hermanos.

Andrea Sanhueza, mujer de Roberto Bruce

Este año he tratado de entender lo que pasó. Me llené de actividades, con mucha gente apoyándome. Aun así, cada día lo echo más de menos.Extraño llamarlo en las mañanas, cuando llegaba en la tarde a hacer las tareas con las niñitas (Martina y Rafaela); teníamos un sistema familiar que se rompió, ya no es lo mismo… Es difícil. He seguido caminando, siempre junto a mis hijas, pero cuesta. Lloro todos los días… Me han dicho que el primer año es el más complicado, que con el tiempo el dolor amaina, pero yo cada día tengo más pena.

No éramos un matrimonio perfecto, pero nuestra relación era especial. Nos conocimos en el colegio, yo tenía 16 y él 17, fue mi único pololo… Este año cumplíamos 10 casados, teníamos tantas ideas para celebrar… No hay recetas para salir adelante, me ayuda pensar en el proyecto familiar que teníamos con el guatón, lo que le gustaría a él que yo hiciera. Estoy enfocada en la ‘misión’. Le he dado vueltas al tema y concluí que la gente viene por algo y, cuando cumples tu misión, te vas. Roberto vivió 32 años súper intensos, se desarrolló en todo. Nunca fue tan planificado, era nuestra gran diferencia. Es una enseñanza, hay que dedicarse a ser feliz, no sabes lo que puede pasar mañana. El me hizo sacar personalidad, antes era pollita, vergonzosa… Roberto me entregó las herramientas y me dio seguridad. Quizás una de sus misiones fue sacar lo mejor de mí. Me dejó firme, bien armada. Aprendí de sus cosas buenas y malas, y ahora tengo que ponerlas en práctica. Porque aunque esté acompañada de mucha gente, ¡estoy sola! Se va mi nana y me quedo con las niñitas sola, me acuesto y levanto sola. Al final uno nace y muere solo, y eso hay que aprenderlo. Roberto también me lo enseñó. Porque aunque era muy amistoso, era individual, tenía sus espacios. Le gustaba su soledad, sus momentos, su  onda, y creo que es importante cultivar eso. Hoy estoy con Roberto de otra manera, más espiritual.

Marcela Cubillos, hermana de Felipe

Hace unos días me di cuenta de que ni siquiera he eliminado su número de mi celular. No creo que lo haga. Echo de menos sus llamados eternos, podía hablar horas por teléfono con él. Aparecía ‘Felipe’ en mi celular, y sabía que si contestaba tenía que programar un buen rato. Le encantaba conversar. Me preguntaba de todo: de mi vida, de política, de Andrés, de los niños, ¡de lo que fuera! Y me contaba con entusiasmo de sus proyectos y me podía hablar horas de su vida con sus hijos. Y cuando tú ya ibas terminando la conversación, venía siempre esa frase que hoy extraño más que nunca: Chiquitita, no me cortes… ¡cuéntame más cosas!

Cristián Goldberg Presidente del Directorio Desafío Levantemos Chile

Sin duda que para todos este año que ha transcurrido desde el accidente, ha sido duro por la pérdida de amigos tan queridos, patriotas o héroes chilenos de nuestra era que perdieron su vida por servir a los demás.
Para nosotros, habría sido fácil el haber dejado morir la Fundación Desafío Levantemos Chile y llorar la partida de ellos después del accidente. Sin embargo, nos propusimos honrar a cada uno,  a través de sus obras presentes y las futuras que pensaban realizar.
Muchos me han preguntado qué ha sido de Levantemos Chile sin Felipe Cubillos y la verdad es que él nunca se ha ido. Está ahí, su energía nos sigue moviendo y hemos ido realizando todas las promesas que él se había comprometido: el hogar para los niños que viven bajo los puentes del río Mapocho; el jardín infantil Cantarrana de Coronel; la escuela de emprendimiento de Estación Central, el Punto Limpio y carrera de extrema aventura de Juan Fernández, el jardín infantil Los Grillitos y muchos más.
Su mensaje nos inspira, sigue convocando a la gente y está más vivo que nunca. Al igual que el ejemplo de Jorge Palma, Joel Lizama, Catalina Vela, Sebastián Correa y Joaquín Arnolds. Con cada proyecto de ayuda social, que para nosotros es un desafío asumirlo, volvemos a entender que los sueños imposibles no existen y que para lograrlos no basta tener talento, sino que debemos ser perseverantes, no decaer cuando el camino se complica y que para alcanzar el éxito… hay que merecerlo.

Paola Bontempi, hermana de Felipe Camiroaga

Hace cuatro meses la actriz española recordó a su hermano en CARAS. Estas son parte de sus palabras: De un día para otro tienes que asimilar que no está. Todavía no lo creo, ni he borrado de mi celular su número… Quizás es una tontera y alguien podrá decir: está loca, pero a Feli también lo tengo en el skype. Es algo muy personal, cada uno tiene sus tiempos, hay que sentir qué es lo que te hace seguir adelante, si no es negativo… Algunos sí necesitan deshacerse de las cosas de la persona amada, borrarla para continuar, pero para mí es diferente y si no me causa dolor, entonces… La verdad incluso me gusta, miro el celular y de repente ahí está Feli… (…)

Después de saber la noticia, mi mente insistía: si alguien ha sobrevivido en ese avión es él, porque era fuerte física y emocionalmente, dos cosas imprescindibles en un accidente tan grande. Pensaba si alguien fue capaz de nadar hasta la orilla, aunque fuera súper herido, era él… Hasta el último mantuve la esperanza… Aún tengo momentos en los que espero sus llamadas, que me diga que viene de visita, o que este verano nos juntemos como hicimos el pasado… O sea, todavía tengo segundos de absoluta incredulidad y otros en los que soy consciente de lo que ha pasado. Me pillo pensando en escribirle o telefonearle, cobrándole sentimientos: oye ya llevamos muchos meses y no te he visto, todavía no has venido de visita, todavía no me llamas… Cuando la muerte es de esa forma es complicado. Felipe desapareció un día y no volvió. Y luego se le dio por muerto… Pero ¿dónde se ha ido, dónde está, qué ha pasado?

Daniel Sagüés, amigo de Camiroaga

Hace años yo viví una situación similar, uno de mis mejores amigos murió en un accidente de autos junto a gran parte de su familia. Uno podría pensar que esa experiencia me serviría para enfrentar todo esto, pero no. La muerte de Felipe dejó un vacío tremendo, no hay un día que no lo recuerde, que despierte en la mañana y la primera imagen sea la de él. Permanentemente tengo la fantasía de que esté vivo y que todo vuelva a ser como siempre, durante mucho tiempo he sentido una puntada en el pecho y un dolor en el estómago que no me deja tragar.
En lo profesional el legado que deja es tremendo, Felipe tiene que haber sido el animador más importante y más querido que ha pasado por la televisión de este país. Se reía de sí mismo, algo difícil de repetir. Desde que Felipe se fue existe una pena tremenda, se fue parte del espíritu de su canal y un trozo importante de cada uno de sus compañeros y amigos… No sólo era mi compañero de trabajo y mi amigo, Felipe era mi hermano, disfrutábamos las mismas cosas, teníamos gustos parecidos y nos reíamos de las mismas tonteras. Entonces las cosas más cotidianas me lo recuerdan: el campo, un asado con los amigos, andar a caballo.

Me gustaría que la gente lo recordara, como un hombre bueno, sencillo, honesto y que nunca se creyó el cuento de la fama. Que lo recuerden con todas sus cosas buenas y malas, penas, alegrías y rabias. Esas cosas que lo hacían un ser humano excepcional. No un santo como muchos quisieran que fuera. Felipe no querría eso”.

Juan Carlos Díaz Editor general del Buenos Días a Todos

Con el accidente de Felipe me pasó algo parecido a lo que plantean los padres cuando se les muere un hijo: estamos preparados para irnos primero que ellos y, en esa medida, todo parece más injusto. Sumado a  las  faltas de preparación incurridas en el vuelo… ¡cómo tanta impericia y desgracia junta!
Con la experiencia me replanteé. ¿Tenía sentido seguir con el programa?… El contrato  de Felipe terminaba a fines de 2013 y había decidido no seguir en TV; quería partir a Coyhaique. A mis 68 años yo también tenía proyectos similares. El 2 de septiembre de 2011 entendí que debía apurar el proceso. Eso, más mi afección pulmonar y la tele de estos días, me llevó a decidir  jubilar en diciembre.
Ahora hablaré de mis otros compañeros.

Roberto Bruce era encantador. Se decía el petisero de Felipe (el que cuida los caballos del que juega polo o hace rodeo). En las reuniones de pauta hacía reír a todo el mundo y era acogedor con aquellos que en su relato se quebraban de la emoción.
La Silvi muchas veces debió viajar con Felipe a hacer notas o reportajes y se complementaban perfecto. Aplicada y sonriente, la extrañamos…
La Carola era partner de la Silvi; era decidida en la instrucción de las tomas y delicada en la edición o montaje de la nota o reportaje. Una muy buena compañera y amiga.
Rodrigo Cabezón era de los más nuevos. Alegre, tira pa’arriba. Para los viajes jamás puso un problema; al contrario, hacía bromas para mejorar las relaciones o distender situaciones complejas.
Si no constituyéramos un equipo de buenas personas, no habríamos podido cumplir 20 años en pantalla y 5 mil programas en vivo. Sin duda Rodrigo, Carolina, Silvia, Roberto y Felipe eran la muestra más concreta de esa condición.

Angélica Lagos, mamá de Juan Pablo Mallea

La pérdida de Juan Pablo ha sido tremendamente difícil e inexplicable. Tanto que, por momentos, creí hundirme en la tristeza y desesperación.
Después de un año, estoy aquí. Tal como lo hubieses querido.
Dios me regaló tus 25 años de vida, tiempo maravilloso donde compartimos intensamente cada segundo. Fuiste mi partner y eso tú lo sabes.
Son tantos los momentos hermosos que vivimos en familia, que recordarlos reconforta mi corazón; aunque sé que ya nada será igual.
He aprendido que en el proceso de duelo se viven diferentes etapas, en donde muchos sentimientos encontrados aparecen. Ahora tú, hijo mío, me has ayudado a ser más fuerte y mejor persona, y también a ver que el amor del papá junto al mío es más grande y fuerte junto a tus hermanos.
Juampy, cada vez que miro al cielo siento tu presencia y sé que me escuchas y me alientas para seguir adelante.

Rodrigo Cifuentes Huilipán, hijo de José Pepe Cifuentes

A casi un año de tu partida, aún cuesta ver el teléfono y no presionar tu nombre para llamarte. Pienso todos los días en ti, me cuesta tanto acostumbrarme a la idea de que no te podré abrazar jamás.
Me acuerdo de los años ’80 y ’90, cuando sentía angustia por saber a qué hora ibas a regresar. Tenía miedo de perderte.
En estos momentos me siento triste, porque te extraño; extraño tus palabras, tus copuchas, tus adelantos de las noticias y el típico “entre nos”.
Recuerdo que cada vez que te veía te abrazaba y te daba un par de besotes; sé que te sentías incómodo por el que dirán, pero, como siempre te dije, me da lo mismo porque te quiero y eres mi papá.
Te voy a ir a ver al lugar donde hiciste el último aterrizaje de tu vida y el despegue al reino del Señor.
Sé que no debería estar triste, porque tú estás bien, viéndonos día a día.
Los niños te extrañan, incluso Pablito, que uno pudiese pensar que no se dio cuenta de las cosas, pero está tan claro de quién es el tata Pepe, sin que nadie se lo dijese.
Un besote, Pai; nos vemos en tu lugar de descanso, que era lo último que te faltaba conocer de Chile.

Justo Oliva, padre de Flavio

Después de un año del accidente estoy un poco más relajado. La rabia como que ya se fue, pero lo que tengo es un sentimiento de soledad. También de impotencia por todas las informaciones contradictorias que nos han entregado y también porque sencillamente nos engañaron. Aún no existe claridad respecto de los responsables de la tragedia. Y lo que parece completamente irrisorio es el castigo que la Fuerza Aérea aplicó a los generales. ¿Se puede decir que ese es un verdadero castigo?
Me separé cuando Flavio tenía unos seis años, pero siempre tuvimos una buena relación. En realidad, él nunca me reprochó nada. Debe haber sido también porque nunca me porté mal. De hecho, ni siquiera hoy tengo pareja.
Fui yo quien lo metió en el fútbol. Le gustaba mucho. Jugaba siempre del medio campo hacia arriba. Le enseñé algunas mañas. Yo era de Colo-Colo, pero él me salió de la U. Nos echábamos bromas por eso, pero no peleábamos.

Solíamos vernos en Navidad y Año Nuevo. Nunca le exigí que me viera todos los fines de semana, pero él llegaba a visitarnos acá en Pedro Aguirre Cerda, donde vivió algunos años junto a sus abuelos paternos. Muchos en el barrio lo recuerdan y es como si no se hubiese ido jamás. Flavio había intentado ingresar a la Fach, pero no le había resultado. Por eso trató una vez más. Cuando me preguntó mi opinión, yo le dije que estaba de acuerdo con su decisión porque al final iba a poder jubilarse a una buena edad. El caso es que le resultó esa segunda postulación. Me dio pena cuando se fue destinado a Antofagasta, pero él ya había armado su propia vida. Allá su amor por el fútbol lo canalizó como árbitro.
De mi hijo extraño un conjunto de cosas. Lo tenía puesto en la pantalla del computador, pero lo saqué hace un tiempo. Como sea, en mi pieza, en una de las murallas, tengo una gigantografía de 3×3 metros de él. No tengo nada más, ni una camisa, pero hace un tiempo ordené como 250 fotos de Flavio de cuando tenía entre seis y 12 años. Con eso me conformo. Sí sé que hoy estoy más enfermo que antes. Estoy con neurólogo, sicólogo y varios problemas de salud. Todo por culpa del accidente.

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