“¡Viva Ucrania queridos compatriotas! He estado soñando con mirarlos a los ojos, sentir esa fuerza que lo ha cambiado todo. Con abrazar a cada uno de ustedes para apoyarlos en momentos difíciles. Ustedes son los héroes que tiene este país”. Esas fueron las primeras palabras de Yulia Tymoshenko (53, casada, una hija ), la ‘princesa del gas’ frente al Maidán tras ser liberada de la cárcel, hecho que coincidió con la destitución del ex presidente Viktor Yanukóvich el pasado 22 de febrero. Pero la aparición de esa noche fue muy diferente a la de dos años atrás: la ‘Jeane d’Arc’ ucraniana estaba en silla de ruedas a causa de un dolor crónico en la espalda y su rostro se veía envejecido y desgastado. Pero estaba de vuelta y confirmando su candidatura presidencial para las elecciones de mayo próximo.

Tymoshenko dio sus primeros pasos en política a principios de los noventa al estrechar lazos con Pavlo Lazarenko, primer ministro del gobierno de Leonid Kuchma. En la columna Yulia Tymoshenko: She’s no angel escrita por Christopher Dickey y publicada en el sitio web The Daily Beast, se establece que “durante esa época la ‘reina del gas’ le dio dinero a Lazarenko proveniente de las compañías que controlaba, con el propósito de que él la ‘favoreciera’ con políticas gubernamentales”. Un hecho que ha sido controversial hasta hoy, ya que su aliado de entonces, el primer ministro Lazarenko, enfrentó trece años de cárcel en Estados Unidos.

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Su salto definitivo fue en 1996 al ganar un escaño en la Rada (Parlamento ucraniano) para posteriormente, en 1999, ser nombrada vice Primera Ministra de Energía del gobierno de Kuchma, cargo en el que duraría hasta 2001. ¿Las razones? Según periodistas y columnistas: las medidas anticorrupción que impuso, hecho que irritó a los empresarios del rubro. Uno de ellos: el clan Donetsk, al que pertenecía Víctor Yanukóvich.

La columnista de Al Jazeera, Olesia Oleshko, plantea que el presidente Kuchma hizo que Víctor Yushchenko —entonces primer ministro— se deshiciera de la ‘princesa del gas’ al acusarla de fraudes y evasión fiscal cuando presidió la YESU (Sistema Unificado de Energía de Ucrania) en 1996 y 1997. “Yushchenko posteriormente renunció y ambos armaron una oposición al gobierno de postura pro rusa. Desde ese momento los ucranianos la comenzaron a ver como un personaje político fuerte y no como la millonaria del gas”, plantea.

Pero lo que más caracteriza su trayectoria son sus rivalidades, específicamente con Yanúkovich, quien como primer ministro del gobierno de Leonid Kuchma la catalogó de “auténtica bestia negra”. El punto de partida de la enemistad entre ambos nació cuando la ‘princesa del gas’ encabezó junto a Yushchenko la ‘Revolución naranja’ (protestas convocadas por un supuesto fraude en las elecciones presidenciales de 2004), que daban como ganador a Yanukóvich versus Yushchenko. Tymoshenko armó una sólida oposición al candidato oficialista y las medidas pro rusas que éste quería implementar. Finalmente el 26 de diciembre del mismo año se repetiría el balotaje en el que Yushchenko ganó con el 52 por ciento de los votos.

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El punto más crítico de su rivalidad con el hoy destituido presidente de Ucrania (Yanúkovich) se dio durante unas elecciones presidenciales, esta vez las de 2010; Tymoshenko compitió cara a cara con el aliado de Vladimir Putin. El resultado fue catastrófico; no sólo perdió la silla presidencial, sino que en 2011 fue condenada a siete de años de cárcel por ‘sobre uso’ de poder al firmar un tratado de gas con Rusia en 2009. Observadores internacionales aseguraron en esa época que los cargos y su encarcelamiento tenían más relación con un tema de ‘venganza política’.

Durante ese periodo Yulia Tymoshenko —comparada con Eva Perón— se consolidó con un discurso incendiario y creó un look icónico: pelo rubio recogido en una trenza sobre la cabeza, vestuario elegante y delicado. Imagen, que para periodistas y cientistas políticos, es un símbolo de guerrera. Incluso Forbes dijo que “su transformación de imagen estuvo a cargo de un consultor profesional, quien la despojó del papel de ‘princesa del gas’ y la levantó como la clásica ucraniana de pueblo modesto, con toques folclóricos, es decir, una estrategia para reflejar inocencia, patriotismo, realeza y santidad”.

Para la columnista ucraniana Olesia Oleshko de Al Jazeera, la diferencia entre la Tymoshenko de la ‘Revolución naranja’ y quien se acaba de presentar como candidata a la presidencia es que la de hoy es más fuerte, aunque aun así su popularidad ha disminuido notablemente: “Está tratando de ser una especie de Nelson Mandela; se presenta como la prisionera política que sirve al país, en cambio en 2004 era una jugadora más en el equipo donde Yushchenko era el capitán. Hoy, es un hecho que conduce el país a través del presidente Aleksandr Turchynov, quien se mantiene como su aliado más cercano”.

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Según el sitio web de la BBC “hoy Tymoshenko es el talismán para la oposición ucraniana y sus aliados políticos que esperan su retorno a primera línea”. Para Oleshko, esta situación es al revés, ya que aunque muchos la consideren una líder, “es un hecho que está lejos de ser la favorita de la nación porque los ucranianos tienen ganas de ver nuevas figuras políticas”.