El viernes pasado fue el Día Internacional del Medioambiente. La verdad no había mucho que celebrar, la capital del país estaba con índices de contaminación tan altos que se decretó preemergencia ambiental, lo que implica que los automóviles cuya patente termina en ciertos dígitos no pueden circular. También esos días se deben suspender las clases de Educación Física, la paralización de fuentes industriales más contaminantes y la puesta en marcha de vías exclusivas del Transantiago… o sea, un claro plan de contingencia pero ¿y las soluciones reales? ¿Cuándo llegarán las definitivas?

Hace años que venimos haciendo lo mismo y aunque las autoridades del gobierno de turno afirman que la situación general ha mejorado, la verdad es que cada año es lo mismo y sabemos a qué nos enfrentaremos: al mal aire y a hospitales, consultorios y clínicas llenas de personas con problemas respiratorios.

El tema no es nuevo y por lo mismo cansa y avergüenza ver que aún no avanzamos suficiente como para encontrar una solución. Una de esas factibles –no dinamitar el cerro Manquehue como alguien alguna vez mencionó–, aquellas que realmente permitan un aire más limpio en una ciudad que tiene problemas de ventilación. La primera, fiscalizar que efectivamente los vehículos no emitan gases. Sé que aún es posible vulnerar los resultados de las emisiones, que hay trucos para que parezcan más bajos, pero también que incluso en las autopistas urbanas vemos camiones, buses y automóviles que circulan envueltos en una nube de gas contaminante.

Lamentablemente esto ya no sólo ocurre en Santiago. Ciudades como Temuco y Rancagua (si lo dudas pasa por la carretera y verás la nube que la cubre) sufren el mismo mal.

Si empezamos a trabajar ahora en crear más conciencia, con campañas más activas y efectivas, quizá el próximo año podamos conmemorar el día sin el bochorno de una preemergencia.

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