Lo dice Wolfe en la primera parte de “The Right Stuff” (“Lo que hay que tener” en su versión en español) , su novela que no es una novela pero lo parece: había un diablo en el Mach 1. Explicación rápida y sencilla, Mach 1 es la frontera entre la velocidad convencional y la velocidad del sonido, y durante años se le consideró un límite infranqueable. Los pilotos decían que no podía irse más allá, porque en ese punto invisible habitaba el diablo. Y no un diablo cualquiera, sino un demonio que hacía trizas los aviones para llevarse el alma de los tripulantes al infierno. El rumor se hizo leyenda, la leyenda mito y el mito metáfora de la historia contemporánea de los Estados Unidos a través de la pluma (o la máquina de escribir) de Tom Wolfe.

“Lo que hay que tener” comienza con ese diablo y con un hombre solitario. Un piloto de pruebas, as de la Segunda Guerra Mundial, llamado Chuck Yeager. En octubre de 1947, Yaeger logró lo que parecía imposible, conquistar aldemonio del Mach 1 tras superar la barrera del sonido a bordo de su avión cohete, el X-1. Más que un hito puntual, el hecho que gatilló el inicio de la carrera espacial norteamericana que es lo que Wolfe reportea a través de sunovela que no es novela, pero tampoco reportaje. Y lo hace no sólo para registrar la aventura más grande de los Estados Unidos sino para crear con ella una de sus mitologías más fundacionales, la del hombre en el espacio. Para un país sin mitos propios es vital construir sus propias leyendas y en esa melodía Wolfe fue el bardo que ayudó a levantar dos de ellas: la ya mencionada y una todavía más grande, el periodismo.

El lugar común apunta a que Tom Wolfe creó el nuevo periodismo. Por supuesto no lo hizo solo. Desde Guy Talesea Joan Didion y Truman Capote ayudaron en la gestación. En efecto a él se le ocurrió el nombre, fue su embajador y se encargó de poner cada punto y coma en este ¿nuevo género? Su marca registrada, tanto como su look siempre impecable, de dandy vestido de blanco, porque el blanco simboliza transparencia pero también maldad. Así lo escribió Edgar Allan Poe, uno de los preferidos de Wolfe, en las páginas de “Las Aventuras de Arthur Gordon Pymm” para referirse a la maldad desconocida de la antártica. En absoluto, tampoco fue ocurrencia de Poe, quien lo tomó de Melville en “Moby Dick”. Y ello se traduce en Wolfe quien tuvo la astucia para mirar más allá de lo evidente y notar que las grandes novelas norteamericanas, desde Twain a Melville eran “novelas de no ficción”. La realidad siempre ha contado grandes novelas, dijo alguna vez, cuando explicó de qué se trataba eso del nuevo periodismo. Vestirse de blanco fue así más que un detalle, una declaración de principios, la de la maldad transparente, quizás la gran característica del periodismo cuando quiere ser inmortal, el periodismo escrito a la usanza gringa, con ambición de ser un mito americano. O con ambición de ser la gran novela americana. Me pregunto si Wolfe (cuyo nombre se traduce como lobo, ¿lobo blanco?) fue enterrado vestido de blanco en un ataúd blanco. Espero haya sido así.

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Estados Unidos carece de mitos fundacionales. Por eso los ha tenido que crear. En “Moby Dick” tuvieron su dragón; enlos cowboys, los caballeros andantes; en los superhéroes, sus ángeles y demonios, en “Star Wars”, su gran épica artúrica y en el nuevo periodismo la tradición de los grandes cantores de gestas. Porque eso hicieron Wolfe y compañía, relatar la epopeya de un imperio en su edad de oro, la mitad del siglo veinte. En su caso particular, una cruzada narrativa que fue de la carrera espacial (“Lo que hay que tener”) a la decadencia de la mayor de las ciudades, la nueva Babilonia o Manhattan (“La Hoguera de las Vanidades”), pasando por los problemas raciales en el sur de la unión americana (“Todo un hombre”) y terminando en la inmigración latina en la era inmediata a Trump (“Bloody Miami”), su últimotrabajo; otra novela que tenía eso que había que tener, no ser una novela y serlo al mismo tiempo. A propósito. ¿Cómo que nadie se ha percatado que Donald Trump es un personaje de Wolfe?

“Lo que hay que tener” fue el relato de una epopeya, pero no una saga gloriosa con una sola dimensión en su relato. Wolfe usa la historia de Chuck Yeager para dibujar un imperio que al contrario que otros, siempre estuvo en decadencia, que despreció a sus héroes (caso de Yeager) para privilegiar a los de siempre. Yeager rompió la barrera del sonido pero no fue escogido para ser astronauta por carecer de estudios universitarios y no tener familias con contactos adecuados. La historia es la misma de siempre. Por eso es tan decidor el título en español de esta novela que no es novela. Yaeger lo tenía todo, menos eso algo que se necesitaba para ir a las estrellas. Tom Wolfe lo tenía claro. Lo tuvo hasta el momento de su muerte, hace tres días; lo más importante era tener “eso”. Por algo se vestía de blanco. Ya saben, no por lo elegante, sino por lo transparente y lo malo, por lo que había que tener para dominar al diablo… Y no sólo el que habitaba en el Mach1.