Hace unos días volvió a aparecer en televisión Víctor Díaz, el famoso “Zafrada”. A cinco años del terremoto del 27-F los creativos editores tuvieron la original idea de ir a ver cómo ha cambiado su vida desde que, desafortunadamente, se hizo famoso. Después de haber sido ungido por los medios como “rostro humano” de la tragedia y utilizado sin asco además por la administración de entonces, tal como los 33 mineros cuando pasó la contingencia, Víctor volvió a su vida sencilla y humilde en Iloca sin nada más que un apodo memorable para capitalizar escasamente su celebridad para arrendar caballos a los turistas. Eso y un caballo propio que le regaló Felipe Camiroaga, acaso el único gesto sincero de genuino afecto entre toda la atención interesada que recibió por entonces.

Entiendo que Víctor ha dicho que espera que cuando sea más grande lo inviten a un reality, lo que en realidad significa que espera obtener algo más que la curiosidad de quienes visitan su pueblo. Poco o nada tiene que ver su ilusión con los balances, objetivos o manoseados según el interés del sector que se trate, de la reconstrucción. Tal como “el Zafrada”, la enorme mayoría de los chilenos afectados por el desastre parece ser considerada poco más que el telón de fondo para la propaganda. Más allá de la efeméride que se presta, nuevamente, para que la proliferación de generales post batalla, es un hecho que la oportunidad que nos brindó la naturaleza no fue aprovechada de manera consciente y responsable. Hasta donde yo sé, según lo que entiendo y a riesgo de equivocarme, no hubo un plan sustentable, inteligente, para una reconstrucción que se hiciera cargo de la enseñanza para mejorar la calidad de vida de alguien sobre el estándar que tenía el día anterior al terremoto y maremoto.

Durante los interminables cuatro años de autobombo del “gobierno de excelencia” se hicieron anuncios que poco y nada tenían que ver con la verdad. Soluciones habitacionales que sólo eran un título de propiedad impreso, cifras y estadísticas sin ningún respaldo (esto me recuerda el Censo) que fueron continuamente rebatidas por organizaciones que estaban en terreno, cortes de cinta e inauguraciones para la galería… todo mientas se intentaba sacar provecho político llevando ante la justicia a las autoridades a cargo esa fatídica madrugada.

Hoy, 27-F de 2015, el ex Presidente Sebastián Piñera ha presentado un libro titulado “El desafío de la reconstrucción, lecciones aprendidas”, en el que sostiene que al entregar el mando el 97% de la reconstrucción estaba completa. La Presidenta Michelle Bachelet, a su vez, dijo: “Sin intención de polemizar con las cifras, lo que corresponde es asumir responsablemente la complejidad de la realidad que aun enfrentamos”, y agregó que a enero de 2015 los proyectos que falta iniciar son el 1,2%, entre viviendas a reponer y reparar. Así, se espera que en 2016 estén ya terminadas todas las obras o en etapa final de ejecución”. Ojalá que esto sea verdad, aunque ninguno se refiera al estándar de esta reconstrucción o de la modernización de la red de emergencia. Lamentablemente la única forma de saberlo es que la naturaleza vuelva a ponernos a prueba. Entonces, nuevamente, políticos de todos colores escarbarán entre los escombros buscando algún Zafrada, de una manera no muy distinta a como intentan hipnotizarnos con zanahorias-bono y promesas-jingle cuando hay que pastorear ganado hasta las urnas de votación.

 Así las cosas, es obvio que más allá del 27-F y el recuerdo de las víctimas, la lección sobre la dignidad, el respeto y la misión superior que ha de cumplir un servidor público aún está pendiente.

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